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Los males de Eusebio

Son días difíciles en Girona, tanto por el descenso virtual como sobre todo por la manera que se ha dado. La dinámica de 3 puntos de los últimos 27 ha cumplido los peores pronósticos de un equipo que se veía salvado hace apenas un mes. La escasa propuesta futbolística ha impedido luchar por la permanencia y ha acabado siendo el colofón que mejor explica una temporada de transición sin demasiados movimientos. Sin muchas modificaciones más allá del cambio significativo que impulsó la propia transición: la marcha de Pablo Machín y la llegada de Eusebio Sacristán. Estos días se está revisando mucho la escena del documental Six Dreams de Amazon donde Quique Cárcel, secretario técnico, y Pablo Machín, entonces entrenador, debaten sobre la posible marcha de este segundo. En esta situación, Cárcel defiende la oferta de renovación y Machín exige más por su status en el club.

El resto es historia y esa historia fue el primer paso del descenso del Girona. Con la marcha del técnico soriano, Quique Cárcel tenía una tarea complicadísima: renovar el líder de una idea con la que el club había crecido durante más de cuatro años. Su sustituto no acabaría recalando al costarle mantener solidez a los fundamentos. El año futbolístico del Girona ha sido escaso a raíz de la pérdida de identidad, porque los factores que más se acoplaban a la mirada de Eusebio tampoco han acompañado.

El de La Seca aterrizó en Montilivi teniendo claro que la plantilla de su nuevo equipo estaba confeccionada para una manera concreta de ver el fútbol. Que tenía memoria táctica y un dibujo que no se asemejaba en casi nada de lo que defendía el vallisoletano. Aun así, parte de este grupo sí que podía representar la idea de Eusebio, o, al menos, sí que había jugadores para creer en ello. Douglas Luiz, Aleix García o Borja García. Estos tres jugadores debían de poner la primera piedra del Girona de Eusebio y no lo hicieron.

La condena del Girona fue tener que saliese de una idea muy asentada con la necesidad de reformularse.

El primero por ser un jugador pesado, que no terminaba de ser un jugador propositivo con el balón ni tajante en el corte. No se relacionaba mucho con el pase corto y optaba habitualmente por el cambio de orientación, a veces de forma correcta pero en la mayoría de casos por su dificultad en soltar la pelota. La complejidad de darle sentido a la jugada. No se guiaba por su instinto de darle sentido al balón sino por su sentido común y en la mayoría de veces o decidía mal o su decisión no tenía transcendencia.

El caso de Douglas también se reproduce en Aleix y Borja. Todos ellos, más allá de sus posibilidades individuales, estaban desnutridos de un contexto coral. Ellos eran los que necesitaban más la anhelada propuesta de Eusebio que nunca acabó de llegar. Y el problema es que no solo no llegó un dibujo único, que también, sino el camino fluido hasta este fin. Nunca sabremos lo que podían haber sido estos jugadores en un contexto más óptimo.

De los tres, Aleix fue el que menos estuvo relacionado con el balón. Eusebio lo vinculó más con el espacio, para dar amplitud o para ocupar un agujero lejos del poseedor del esférico. Con balón le pasó lo mismo que a Douglas, pues la falta de estructura perjudicó su toma de decisiones, habitualmente inconexa o errónea.

El caso de Borja García es el más particular de todos porque él actuó sobre todo en fase ofensiva y ahí no fue tanto una cuestión de contexto coral, colectivo, como individual. Porque él, a diferencia de Portu, no tuvo un socio adecuado que le diese la amplitud y la profundidad por el exterior. La lesión de Aday pero sobre todo de Mojica, que no jugó ningún minuto en la temporada regular, menguaron significativamente el juego de Borja, marginado por la falta de un acompañante que favoreciera su fútbol y del magnetismo de la banda opuesta con la irrupción de Porro.

En los carriles, de tal importancia en el sistema de Machín, Eusebio vivió sus mayores quebraderos de cabeza por lesiones y salidas.

En la misma línea de ataque, algo parecido le sucedió a Patrick Roberts, al que le costó encontrar su utilidad dentro del colectivo por la dualidad táctica inconexa y sus lesiones. En vez de él, Eusebio apostó más por Portu, un jugador impulsivo que, a nivel emocional, fue el más afectado por la falta de una idea debido a su estrecha relación sentimental con una función. El murciano, cuanto más claro tiene una cosa, mejor actúa, siente más su actuación. Cuando no, interpreta peor porque ya no le va su amor en ello. Él apenas tenía sentido futbolístico en el once más allá de representar a un personaje que acabó vacío. Y tan perjudicado él como Granell, líder en el medio del campo con Machín y en sus jugadas de estrategia, previsible y limitado sin un perfil concreto.

Esta falta de un sentido táctico promovió una especie de anarquía basada en las incursiones de Pedro Porro en banda derecha y su conexión con Stuani, el protagonista goleador de los gerundenses. Esta jugada era una de las únicas alternativas ofensivas a raíz del descaro de Porro pero también por la soledad del costado contrario, con un Borja García alejado del balón más allá de los intentos de Eusebio para acercarlo. La falta de ideas sumaba previsibilidad a la actuación del Girona con balón, que solo se agarraba a la iniciativa de Porro. Esa monotonía ofensiva provocaba que el carrilero derecho no recibiera el balón en las mismas circunstancias que Pablo Maffeo el curso anterior. El rival esperaba a Porro y cada vez era más difícil para él tener el mismo significado ofensivo que llegó a tener.       

Sin una claridad táctica que mecanizara los movimientos y girara la estructura rival, el Girona fue creyendo en lo que fue, en el recuerdo de la etapa de Machín. Pensó la plantilla que esto le permitiría sobrevivir, pero el latido del equipo cada vez golpeaba con menos fuerza. Cuando la emoción empezó a confundirse con el juego, el Girona se volvió un equipo más frágil, irreconocible en área propia, aún menos en la rival. Toca recobrar la identidad, dar sentido al colectivo: creer ciegamente en la forma que te lleve a tu objetivo.

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