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Cerrar el círculo

El Real Valladolid ha tenido la suficiente entereza para cerrar el curso con el orgullo, el coraje y la calidad suficientes para quedarse un año más. Si la temporada en La Liga parecía estar perdida, el Valladolid sacó fuerzas de flaqueza y, ayudados por la suerte con los rivales, salvaron la categoría en una penúltima jornada de infarto. En un año en el que se mezclaron las deudas económicas, la difícil confección de una plantilla competitiva, la compra del club y las polémicas con el VAR, el Pucela supo enfrentarse a todo para convertir un año pintado de gris en uno de los ya inolvidables del equipo en la máxima categoría del fútbol español.

Ser un histórico tiene estas cosas. El Valladolid empezó la temporada con la ilusión aún latente del terriblemente luchado ascenso, tras una racha portentosa de los de Sergio González. Con el empuje de la afición, consiguiendo juntar a veinte mil socios (récord absoluto del club) y con el impulso de la llegada del mito brasileño, Ronaldo Nazario, como nuevo dueño y presidente de la entidad, el Real Valladolid no quiso comenzar temiendo a nadie. Las sensaciones pudieron ser mejores, tras un empate en el primer partido ante el Girona y con una derrota ante el Barça en el José Zorrilla. No obstante, las sensaciones fueron más que positivas y, ni el Valladolid bajó los brazos ni la afición se cansó de acompañarlo. La primera victoria tardaría seis partidos en llegar y sería ante el Levante, en el estadio José Zorrilla, una jornada después del inolvidable duelo ante el Celta en Balaídos. Villarreal, Huesca, Betis… todos parecían doblar la rodilla ante el equipo pucelano, a pesar de las dudas en el juego y el escaso acierto de los delanteros, algo cubiertos por la puntería de jugadores como Alcaraz, Antoñito, Plano o Verde.

Sergio González y toda la plantilla fueron partícipes de un momento histórico que aparecerá en cada libro y anecdotario del equipo blanquivioleta.

El fantasma del arbitraje se empezó a manifestar cuando al Valladolid, a la vez, se le empezó a fundir la bombilla. La mala suerte de cara a gol (incluso con una tremenda falta de acierto desde los once metros), las lesiones y la poca fortuna de las decisiones arbitrales, desde la cabina del VAR o del colegiado titular de la contienda, lo que complicaba aún más el destino de un equipo que fue bajando el nivel y que empezó a sumirse en un desconsuelo de importantes dimensiones. Las pocas soluciones en el campo al mal del gol y lo caros que salían los errores que se cometían en defensa, hicieron que el equipo vallisoletano empezara a frecuentar la zona caliente.

En invierno, las altas intentaron frenar algunas de las hemorragias que el equipo empezaba a manifestar. Hervías, héroe del ascenso, llegaba con la vitola de salvador, mientras que Sergi Guardiola era claramente el deseado, por ser un nueve en el que se empezaría a depositar la responsabilidad del gol albivioleta. También, el sorprendente Stiven Plaza, que, a pesar de sus pocas participaciones, llegó con un cartel considerable para ir acoplándose a la disciplina del primer equipo desde Independiente del Valle. Fichajes para reforzar una propuesta de Sergio en la que se confió ciegamente, con la seguridad de que, si a final de temporada se bajaba de categoría, no sería por no apoyar las ideas del técnico catalán.

Un acierto que les traería, en la penúltima fecha del campeonato, la carambola necesaria para que el equipo disfrutara de La Liga un año más. Sergio González y toda la plantilla fueron partícipes de un momento histórico que aparecerá en cada libro y anecdotario del equipo blanquivioleta. Incluso Guardiola decía solo unos días antes del partido definitivo, que había soñado con marcar el gol de la salvación. Premonitorio o no, fue su pie el que puso los mimbres para que el Valladolid, en la 2019/20, sea de nuevo equipo de La Liga, contra viento y marea y con la esperanza de que en un año sin tantos miedos, preocupaciones y cambios, la plantilla y el equipo técnico tengan el margen suficiente para que conservar la categoría cueste aún menos que esta última temporada. El Real Valladolid cierra pues un círculo, en el que el buen juego y la ilusión de los primeros partidos dieron paso a una incertidumbre sobre el futuro que, auxiliados por la fe en una idea y en unos jugadores, pudiera acabar con final feliz, con el equipo en primera división y con la ilusión intacta.

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