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Dani Parejo; capitán y campeón

La final de Copa del Rey 2018/2019 quedó marcada por la figura que terminó levantando el trofeo al cielo de Sevilla. Desde el pitido inicial, pasando por cada minuto y cada balón en juego, Dani Parejo demostró, desde la responsabilidad y jerarquía que ya lo caracterizan, su más profundo deseo de dormir campeón. Y lo consiguió en base al convencimiento de sus compañeros, que siguieron al detalle la ruta marcada por Marcelino García Toral, que logró que sus jugadores tuvieran siempre claro el plan a ejecutar para superar al FC Barcelona de un muy solo Lionel Messi.

El Valencia jugó siempre con unos caminos muy marcados. Al Barça le faltaron automatismos para erosionar el sistema che.

Ernesto Valverde, muy condicionado por las bajas en ataque, intentó rodear al argentino de diferentes formas para que no tuviera que multiplicarse en la creación y aceleración y pudiera estar más cerca del arquero rival. Para ello, planteó de inicio un 4-3-3 en el que las bandas en ataque fueron ocupadas por Sergi Roberto y Philippe Coutinho. Para que Messi pudiera liberarse de labores de circulación de balón, Arthur Melo fue titular en el interior. Desde el inicio, la posesión fue blaugrana, pero el dominio del contexto perteneció al cuadro che. Los de Marcelino se replegaron en campo propio, sin insistir en una presión alta. A partir de ahí, con el 4-4-2 del libreto del técnico asturiano, cerró bien el espacio y permitió a Ezequiel Garay y Gabriel Paulista defender de cara y en ventaja su área. Un área pobremente ocupada por el Barça, que adoleció de piezas que picaran al espacio, lanzaran desmarques profundos o desbordaran a su par. Así, progresivamente, Leo Messi se fue encargando de todo.

Y lo hizo de una manera prácticamente heroica. Bajando unos metros a mover el balón, acercándose a sus compañeros buscando socios para una pared, cayendo a una banda y a otra, rematando con izquierda, derecha y de cabeza. Pero la estructura culé difícilmente podía acompañar a su estrella, abrasada por las bajas y castigada por los últimos acontecimientos de la temporada. Ni siquiera a nivel individual, destacando en este punto un muy plano y frío Coutinho, que nunca constituyó un foco de frescura o peligro. En ese contexto fue cuando comenzó a gobernar Dani Parejo. El Barça, en un intento de compensar calidad con cantidad, planteó una presión tras pérdida que le facilitara el camino hacia el gol. Ahí, el 10 valencianista se hizo grande, y desgarró cada esfuerzo de su rival con calma y técnica para proteger la posesión primero y después habilitar en campo contrario a un Rodrigo Moreno que volvió a ser bastión en la gestión del ataque de su equipo. A partir de ahí, la transición defensiva del Barça se vio impotente para contener el ataque rival, algo que Gameiro y Rodrigo fueron capaces de castigar. Esto reforzó la idea y la convicción del Valencia que, hasta la salida de Parejo, continuó dominando la situación.

Valverde trató de agitar el árbol para intimidar al Valencia, pero faltó siempre capacidad para cambiar el ritmo.

En la segunda mitad, Valverde reaccionó ante la falta de profundidad de su equipo y dio entrada tras el descanso a Arturo Vidal y Malcom. El chileno subió unos metros la posición que ocupó en la primera parte Arthur para ocupar el área distrayendo atenciones de los centrales ches. El brasileño, por su parte, se pinchó en banda derecha para estirar y buscar desequilibrio a nivel individual contra un José Luis Gayà contenido en ataque y que se cargó con una tarjeta amarilla en el primer enfrentamiento entre ambos. El tono del equipo mejoró, aunque ni uno ni otro consiguió de manera directa sus objetivos de girar a la zaga rival. Carles Aleñá fue el tercer cambio del Txingurri, con la indicación de gestionar la base de la jugada tras el pase de Piqué al punto de penalti del área de Jaume y habilitar a Jordi Alba en izquierda. El carrilero, con el bloque bajo que el Valencia fue extremando con el paso de los minutos, siempre intervino desde lo posicional y no en transición, lo que neutralizó su influencia en ataque. En fase ofensiva, el Valencia se fue diluyendo tras la salida de su capitán aunque, con un entonado Gonçalo Guedes, que estuvo tímido, fallón y cansado en los minutos finales, podría haber sentenciado el encuentro ante un Barça que perdió el rumbo y se vio impotente para superar el plan de Marcelino. Un plan que les alzó campeones el año de su centenario.

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