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Fútbol hasta la línea de gol

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El terreno de Eden

La segunda mitad del partido de vuelta de las semifinales de la Champions League marcaron el devenir de ambas eliminatorias para el lado inglés. Ambas con tres goles que sentenciaron 180 minutos, ambas con un primer gol cuando no habían pasado ni diez minutos del segundo acto. En una eliminatoria, los segundos cuarenta y cinco minutos del partido de vuelta tienen un significado especial por su grado de determinación en el global. En una final, si cabe, más. La exigencia temporal da más relieve a este período concreto en las eliminatorias, donde se juega el todo por el todo. Una buena gestión de estos cuarenta y cinco minutos puede decantar lo que ha ocurrido en los otros 135, pues la inercia emocional y la exigencia temporal se combinan para optimizar mejor la primera. Cuando Giroud abrió la lata, el Chelsea mejoró y su mejor hombre despertó su fútbol paradisíaco para asestar un golpe mortal a su contrincante.

El guion del segundo tiempo desequilibró la final en favor de aquel que acertó primero y lo gestionó mejor.

Unai Emery, conocedor de lo que es ser campeón de la Europa League y del fútbol que practica su vecino, empezó tirando fuerte. Con una presión de Özil sobre Jorginho y el doble pivote sobre los interiores blue, el conjunto gunner mantuvo a raya las intenciones de Sarri en la salida del balón por dentro. En el exterior, el técnico vasco también atacó las posibilidades de su rival en las primeras cotas de la jugada, marcando a Azpilicueta y Emerson, laterales contrarios, con sus carrileros Kolasinac y Maitland-Niles. Con el planteamiento de Sarri abarcando mucho espacio en la salida, el Arsenal tenía un escenario idílico cuando recuperaba, llegando con más efectivos por dentro y por fuera.

En los pasillos exteriores fue por donde el Arsenal llegó mejor y se adueñó del partido a partir del ecuador del primer tiempo. La falta de coberturas en estos sectores propició las llegadas de los carrileros gunner, sobre todo las de un Maitland-Niles que protagonizó las ocasiones del Arsenal por determinación y descaro. Pero si por una cosa se acabó llevando el equipo de Sarri la final fue por el equilibrio que presenta en cada una de sus líneas. La retaguardia blue salvó los muebles de su equipo y le permitió pisar el camino de vestuarios con el cero en su casillero. La capacidad de César Azpilicueta para corregir, anticipar y llegar desde la emergencia cubrió las opciones ofensivas de un Arsenal que no encontró en Aubameyang y Lacazette la dupla de delanteros que los llevó a la final.

El gol de Giroud despertó al Chelsea y Hazard, que a partir de su desgarro individual desmenuzó al rival a su gusto.

Con todo por decidir, el segundo tramo del encuentro lo determinó de manera implacable. La primera llegada del Chelsea acabó con un remate inapelable de Giroud que no solo abrió la lata. La diana del francés estimuló al Chelsea inquieto de la primera parte y, a partir de la pérdida de competitividad rival por entrarle la duda, pudo conectar mejor con su hombre más importante. El Arsenal desconfió de su plan y cedió metros e iniciativa al Chelsea en su propuesta con el balón, más intenso en el duelo coral e individual. Una vez liberada a la bestia, ya no se pudo hacer nada por sostenerla.

El Chelsea fue lo que quiso Hazard; él cogió el testimonio de la final. Desde la compañía inseparable de Pedro sin balón y Giroud con él, ganando continuamente a Koscielny, el belga apareció cuando quería y como quería para desmenuzar al rival. Desencadenado, el conjunto gunner fue una víctima demasiado apetitosa para tanto talento. El Arsenal no se sentía vivo puesto que el gol le había apartado su competitividad enérgica y su desequilibrio en el apartado defensivo aumentaba con cada llegada contrincante. Con seis tiros a puerta fabricó cuatro goles que despedazaron al conjunto de Emery.

No fueron más porque no quiso el malogrado Petr Cech, que se tuvo que despedir con lágrimas a un deporte que le ha dado tanto y al que tanto le ha dado. Al igual que Sarri, que después de 16 años de alzar la Coppa Italia de Serie D, celebró también la victoria de su meritorio trabajo hasta la fecha. A sus 60 años.

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