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Olores del pasado

Corretean por la mente de Jürgen Klopp un conjunto de sensaciones reconocibles. En los días previos a la final de la Champions League saltan por su cabeza percepciones ya sentidas. Olores, aromas y estímulos incapaces de recordar si no es porque se han vivido previamente. Algo que le despierta un recuerdo del pasado, ideas que aparecen sin previo aviso, como consecuencia del todo. Sin lógica aparente pero interrelacionadas entre ellas, algunas ideas vuelven a verterse sobre la memoria del alemán.

Una sensación incapaz de ser recuperada en el presente si no es porque tal estímulo le muestra una fotografía del pasado en su cabeza. Como Marcel Proust describe en ‘En busca del tiempo perdido‘ con la metáfora de la magdalena. Klopp estará el sábado ante su tercera final de la Copa de Europa. En una coyuntura que vivió con el Borussia Dortmund hace ya algunas temporadas y que repetirá por segundo año consecutivo con el Liverpool. Misma oportunidad, el mayor de los escenarios, pero con el sendero de la derrota ya conocido, esta vez podrá elegir un nuevo camino.

En las bandas se jugará uno de los partidos de la final.

Uno de los aspectos clave de cara a la final será la gestión de las bandas. Si bien el Liverpool ha pasado a controlar los partidos, en parte, gracias al peso estructural de los laterales, el Tottenham ha tomado el viaje inverso y, con carrileros o laterales, su desorganización ofensiva ha tendido al centro. Como ya dibujó en Dortmund, Klopp le otorga a Alexander-Arnold y Andrew Robertson un papel importante. Y aunque en el tridente ofensivo Mohammed Salah y Sadio Mané no tendrán el rol que en su día sí tuvieron Jakub Blaszczykowski o Kevin Großkreutz -precisamente en la final en la que uno de los portavoces de esto, Arjen Robben, destruyó las ilusiones de Klopp-, los extremos jugarán un peso específico.

Aunque han ido permutando, incluso han llegado a coincidir, Danny Rose y Ben Davies en fase ofensiva son importantes para los Spurs. Pese a la variabilidad de piezas que tiene en su haber Mauricio Pochettino, Harry Kane, su acompañante y los mediapuntas acaban percutiendo por dentro la mayor parte del tiempo. El entrenador argentino es capaz de modificar el esquema varias veces durante un partido dependiendo de los objetivos de cada uno de los periodos internos, así como el cambio de esquema del rival. Así pues, Dele Alli, por ejemplo, puede jugar desde -puntualmente- más cerca a la base de la jugada, en una posición de interior o incluso caído a banda.

Los atacantes del Tottenham parten del centro pero tienden a las bandas.

Los laterales del Tottenham son quienes dan la amplitud, pero Heung-Min Son o Lucas Mouran tienden a los costados para erosionar la espalda de las bandas rivales. Siendo los laterales de Anfield tan ofensivos, podría darse esa situación asiduamente. Las llegadas de Virgil Van Dijk, disfrazado del mejor central del mundo, y de Alisson Becker, acompañados de una mejora de rendimiento de Joel Matip, han convertido uno de los puntos débiles del Liverpool en una de las principales amenazas, gracias a Arnold y Robertson. Ambos laterales miden las alturas para posicionar al equipo desde la salida controlada de balón, son el termómetro del equipo. En campo contrario cargan el área con sus centros, siendo dos de los principales asistentes de Europa y permitiendo a Mané y Salah abandonar las alas para acercarse al gol.

Alexander-Arnold y Robertson acercan al Liverpool al gol.

Hace algunos meses, siendo pionero en este ámbito, Jürgen Klopp decidió añadir a su cuerpo técnico a Thomas Gronnemark, experto en saques de banda. Desde entonces, el Liverpool ha padecido un cambio de mirada en torno a una acción muy concreta. Reconocen que han llegado a descubrir hasta 18 nuevas situaciones para generar ventajas tanto en la técnica de saque como en las zonas -y movimientos- de recepción, muchos de los cuales están relacionados con el siempre omnipresente Roberto Firmino. En las bandas del Metropolitano, los laterales de Tottenham y Liverpool tendrán una de las claves del encuentro: un partido por ganar dentro del partido en sí. Con la presencia puntual de los extremos, buscando situaciones de superioridad para enlazar con el área.

Con la sensación de que al Liverpool 2017/18 le llegó la final de Kiev demasiado pronto, al que se le empezó a derrumbar la casa paulatinamente con la lesión de Salah, ahora se enfrenta a uno de sus mayores retos de la última década, mucho más maduro en lo futbolístico y consciente en lo psicológico. Klopp volverá a mirar a la muerte a los ojos para reconocer la sensación de la derrota del pasado. La misma que ya ha experimentado, para cambiar el rumbo a tiempo y escapar de las ruinas para, esta vez sí, llegar a tiempo y conocer el olor de la victoria.

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