Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Partidos

Brasil se reconcilia con Maracaná

El máximo torneo sudamericano ha finalizado con un encuentro de calidad entre dos selecciones que dejaron ver en Maracaná un hambre por la victoria digno de una final. Frente a Perú, Brasil consiguió llevarse la victoria y el trofeo en un torneo con todo lo que se le puede suponer a una Copa América: polémica, sorpresas y mucho fútbol. En casa, en Maracaná, ante su público y con las tragedias de 1950 y 2014 en la cabeza de todo el mundo, Brasil quería reivindicarse y olvidar, con la gloria continental, los varapalos sufridos en los últimos años. Se puso fin en Maracaná a un mes de partidos que descubren nuevos nombres propios en un torneo sudamericano que dejó personajes también en Asia, gracias a la invitación de Qatar y Japón, pero que refuerza y reivindica la calidad y la importancia de este deporte en América.

Amparada por los focos que otorga el hecho de jugar en casa, la Seleçao consiguió levantar un trofeo en casa, tras años intentando un baño de masas que acabó llegando en 2019 ante una Perú que no supo plasmar sobre el césped aquello que la llevó a la final. A pesar del buen comienzo de los de Gareca, líder y artífice total del potencial mostrado por el conjunto peruano, no acertó a imprimir en los suyos la calma necesaria para conservar el temple en minutos clave. En un partido gris de Guerrero, Perú vio temblar los cimientos que la hicieron sorprender ante Uruguay y que los llenó de confianza ante Chile. Los de ‘Tite’, en cambio, supieron adaptarse perfectamente a cada contexto, en una nueva exhibición de juego, pero sobre todo de entendimiento de la situación. Primero con el gol, sin caer en la autocomplacencia, después con el empate, insistiendo como martillo percutor sobre los errores defensivos de los de Gareca y, más tarde, en inferioridad numérica, con la mano de ‘Tite’ en los cambios (rápidos y acertados) para recomponer un equipo que corrió peligro de descomponerse con la expulsión.

Brasil explotó algunas de las características reconocibles que lo han llevado hasta la final, haciendo del partido, en líneas generales, un escenario propicio para lo que querían llevar a cabo. Aprovechando la capacidad de los laterales para incorporarse a la línea de medios y salir jugando el balón, no era difícil para los brasileños controlar el balón de manera cómoda. Perú, en cambio y sorprendentemente, no supo enfocar sus esfuerzos en presionar correctamente a su rival, desgastándose sin sentido y siguiendo el ritmo propuesto por los de ‘Tite’. Con el balón bajo control, Guerrero bien taponado por Marquinhos, Silva y Casemiro y con Everton, Gabriel Jesus y Firmino asomando continuamente para intentar recibir en superioridad frente a los laterales peruanos, Brasil empezó a ser peligrosa. Coutinho y Arthur intentaban imprimir verticalidad a sus pases mientras Firmino lograba llevarse a los defensas con relativo éxito. En uno de esos intentos, sería Gabriel Jesus quien se llevaría el gato al agua, acertando un recorte majestuoso y colgando un balón que remacharía certero el extremo de la banda contraria. Everton ponía el uno a cero.

A pesar de la polémica, Brasil fue capaz en todo el torneo de mantener un rendimiento más que sobresaliente, a nivel de estructura defensiva y con un gran nivel de creatividad en ataque.

El partido tuvo ocasiones para haberse cerrado mucho antes, con un intento cercano de Coutinho dentro del área y con un cabezazo errado de Firmino, pero la suerte caería del lado peruano, con una ocasión de gol por parte de Flores que acabaría en penalti, tras una mano torpe del central Thiago Silva, que fue incapaz de evitar el contacto al caer al suelo, cortando la trayectoria de un pase que podría haber supuesto de por sí el empate. Sin embargo, este llegaría desde los once metros, servido por los pies del héroe de Perú. Paolo Guerrero certificaba el primer gol en contra de Brasil en toda la Copa América y amenazaba la calma que había conseguido Everton. Sin embargo, duró poco la alegría. En una jugada entre el oportunismo y la suerte, Arthur avanzó metros en la frontal del área y sirvió en bandeja un pase certero a Gabriel Jesus, que supo dejarla pegada al palo derecho de Gallese para volver a adelantar a los suyos. El control de Brasil, a pesar de la cercanía en el marcador, solo se vio alterado con la expulsión de Gabriel Jesus, importante en ambos goles brasileños, por doble amarilla. Tras la decisión arbitral, ambos entrenadores se lanzaron a realizar cambios para buscar ventaja en la nueva situación.

En el caso de ‘Tite’, reemplazó a Firmino por Richarlison para que jugara como único punta en un atípico 4-4-1, para poco después quitar a Coutinho y dar entrada a Militão. Ese cambio permitió subir a los laterales, Alves y Sandro, jugar con tres centrales y no perder profundidad, jugando con Arthur y Casemiro controlando el mediocampo y con un hiperactivo Everton en tres cuartos, aportando algo de movilidad a una delantera que, tras las salidas de Firmino y Jesus podía hacer aguas en ese sentido. Con ese nuevo rol de Everton, en una jugada rápida a pocos minutos del final, el jugador de Gremio fue capaz de superar dos rivales, con caño incluido, plantarse frente a Pedro Gallese y provocar un polémico penalti que acabaría convirtiendo con un disparo certero Richarlison desde los once metros. Era el 3-1 definitivo a favor de Brasil. Maracaná sonreiría, al fin.

Con goles de Firmino y Gabriel Jesus en la semifinal y un papel más que destacado de ambos en la final, ambos han demostrando que no hay problema en que los delanteros de Liverpool y City se den cita en el once de ‘Tite’. Sin duda el más destacado fue el ‘9’ brasileño, a pesar de su expulsión en la final, destapándose como asistente y siendo vital como goleador desde un puesto de extremo que, aunque no le es extraño, no es su posición natural. Veloz, con capacidad para el regate y con una facilidad para asociarse que vuelve a recordarnos la importancia de la evolución del delantero en el fútbol actual, su idilio con Firmino y con la nueva perla brasileña, Everton, ha significado gran parte de la magia de Brasil, con Coutinho de más a menos y un Arthur apareciendo a ráfagas.

A pesar de la polémica, Brasil fue capaz en todo el torneo de mantener un rendimiento más que sobresaliente, a nivel de estructura defensiva y con un gran nivel de creatividad en ataque. Aunque empató ante Venezuela en fase de grupos, otra de las gratas sorpresas del torneo, Brasil fue más que efectiva ante Bolivia y la propia Perú, sumando ocho tantos en dos partidos y consiguiendo dejar la portería a cero (lo que les duraría hasta la final). Solo Colombia, con una fase de grupos demoledora, superaría los registros de brasileños y uruguayos (ambos con siete puntos), al conseguir sumar tres en cada encuentro con un juego alegre, vistoso y efectivo que vería en Chile el único muro capaz de sacarlos del torneo en la tanda de penaltis. De la misma forma abandonó Paraguay y Uruguay, ante Brasil y Perú respectivamente, viendo cómo los once metros los alejaban del premio final en cuartos de final, siendo solo Argentina ante la ‘vino tinto’ de Dudamel la única capaz de superar su cruce sin superar los noventa minutos reglamentarios.

Un torneo que tocaría la polémica especialmente con el equipo argentino que, a pesar de dejar dudas de juego durante la fase de grupos, mejoró claramente ante Venezuela y Brasil, a pesar de verse fuera ante la anfitriona, tras dos jugadas de penalti no pitadas y la expulsión de Messi en el partido de tercer y cuarto puesto ante Chile, situaciones muy discutidas por todo el conjunto albiceleste. Scaloni, no obstante, logró ir de menos a más con un equipo que va tomando forma y añadiendo caras nuevas que consiguen conectar con la indudable calidad del ‘10’ y que a la vez hagan carburar la creatividad global del plantel. Juego muy móvil en sus mejores momentos, con el ‘Kun’ Agüero ejerciendo de punta de lanza y con Messi como “quarterback”, Dybala, Lo Celso o Lautaro comenzaron a dejar su impronta en un combinado que parece ir encontrándose a sí mismo.

Los dos invitados, aunque sorprendentes por nivel y nuevos nombres para seguir de cara a la temporada que viene, no fueron capaces de pasar del difícil cerco de la fase de grupos. Japón demostró velocidad y creatividad, pero también falta de acierto en los momentos definitivos. A pesar de ello, permitió ver a dos jugadores que seguro seguirán siendo parte fundamental de la selección nipona en los próximos años: Nakajima y Kubo. El primero, con sus subidas por la banda y su capacidad de regate fue capaz de poner de pie a más de uno y dejar sentados a otros tantos. En el caso del joven Kubo, su rendimiento no parece el de un jugador de diecinueve años y demuestra que su potencial está muy por encima de lo normal. El caso de Qatar, a pesar de haber conseguido un empate (Paraguay) y dos derrotas (Argentina y Colombia), demostró un avance terrible con respecto a los últimos años, dejando ver un equipo ordenado y con capacidad ofensiva, entrenados por Félix Sánchez y con nombres a apuntar como Akram Afif, ex del Villarreal, o Almoez Ali, sorprendente delantero del Al-Duhail que ya ha dejado mucha calidad en otros torneos como la Copa Asia.

Acaba, pues, un torneo para el recuerdo. Para algunos, aciago, con más sombras que luces, pero que deja ver, quizá, un camino a seguir. Para otros, probablemente haya sido un punto y final, demostrando que se ha de hacer borrón y cuenta nueva. En otros casos, solo un peldaño más para seguir creciendo en un fútbol imprescindible, que debe demostrar en cada torneo su importancia, reivindicando la cultura del fútbol latinoamericano y fomentando el crecimiento de su competitividad internacional para seguir creciendo a nivel de clubes. Hoy, Brasil sonríe, celebrando cerca de casa lo que otros perdieron. Pero bien sabe Maracaná, escenario de esta reciente victoria, que las risas pueden ser seguidas por el llanto en cuestión de segundos. La sonrisa que hoy luce Brasil podrá durar, al menos, otro año hasta la próxima Copa América.

¿Algo que añadir?