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Llorente, el equilibrio de Simeone

Cuando los últimos coletazos de la primavera dejaban entrever salidas importantes en el Atlético de Madrid, el drama se trasladó al Metropolitano. Sin embargo, con el paso de las semanas, esa ansiedad de perder los últimos bastiones de la gran obra de Simeone y algunos de los que prometían ser buques insignia durante años ha dado paso a tener sobre la mesa una gran amalgama de posibilidades. De un duro golpe, como puede ser la pérdida de Rodrigo, uno de los mediocentros más prometedores del viejo continente, el conjunto colchonero ha aprovechado su oportunidad cubriendo el puesto vacante con un jugador que, en clave Atlético de Madrid del Cholo, puede ser incluso más explotable que el propio ex jugador del Villarreal. La llegada de Marcos Llorente aporta algo más que un jugador tremendamente disciplinado y eficaz a la hora de evitar riesgos innecesarios en una posición tan delicada. Llorente supone un impulso hacia adelante al ligar completamente con la idiosincrasia del club.

Llorente posee un posicionamiento y lectura de juego impropios para su edad y experiencia.

El irrenunciable 4-4-2 de Simeone es mucho más que un sistema. El dibujo táctico se vertebra en una serie de automatismos clave para entender los últimos siete años del Atlético de Madrid. Las principales características que hacen de Marcos Llorente un jugador tan prometedor coinciden, en un gran porcentaje, con esos automatismos mencionados que le dan un sentido a todo el estilo de juego rojiblanco. La salida de Rodrigo rumbo a Mánchester significaba la ausencia del equilibrio en ese doble pivote. Thomas, Saúl, Koke o el recién llegado Héctor Herrera no son centrocampistas para dotar de equilibrio a un centro del campo, pero sí para acompañar a un activo que actúe de balanza entre la defensa y el ataque colchonero. Llorente llega para recuperar ese equilibrio perdido con la marcha de Rodrigo. Pese a que el ex jugador del Villarreal suscite, en un principio, una mayor progresión que la del recién llegado, el equilibrio que puede aportar Marcos Llorente al Atlético de Madrid puede ser más puro y beneficioso que el de su homólogo ya en el Manchester City. Todo tiene una razón muy sencilla: a Llorente le va como un guante el Atleti y viceversa. Así también se entiende el hype que nos ha generado su nueva casaca.

Lo ideal, tanto para Marcos Llorente como para el Atlético de Madrid, es que el jugador cuente con los máximos minutos posibles desde el inicio en La Liga. Restaurar la posible confianza perdida por la falta de estos debe ser uno de los primeros planes ejecutados por el cuerpo técnico para que el jugador sea el que deslumbró en el Alavés hace algunas campañas. El doble pivote colchonero demanda un jugador como Llorente. Su rol ideal dentro de ese centro del campo es el de ser el principal enlace entre defensa y ataque. Ningún otro jugador en la plantilla actual está capacitado para desempeñar esa función mejor que el madrileño. A su lado podremos ver a dos tipos de jugadores. En primer lugar, nos encontraríamos a Saúl, Herrera y Thomas con un perfil similar entre los tres. Jugadores de gran físico y desgaste, que con su gran derroche pueden liberar a Llorente de ciertos esfuerzos que pueden ir minando su aportación con el paso de los minutos. En segundo y último lugar tenemos a Koke, un jugador con una mayor capacidad de controlar y temporizar con balón, además de lanzar contragolpes con su gran toque de balón. Dependiendo del partido y del rival, Simeone podrá jugar con los acompañantes de un Llorente que, si no sucede nada extraño, debe ser el dueño del centro del campo desde el comienzo de temporada.

Llorente, en clave Atlético de Madrid del Cholo, puede aportar un mejor rendimiento que Rodrigo.

Pese a estar llamado a ser el futbolista que enlace la línea defensiva y todo lo demás, Llorente no está exento de capacidad para sumarse al ataque con buenos resultados. Su buen disparo desde media distancia e inteligencia en todas las parcelas del terreno de juego le avalan como un jugador que suma en casi todos los cuadrantes del campo. Ese rol de funambulista sobre la delgada línea imaginaria que separa la parcela defensiva y ofensiva está fuertemente apoyado sobre un posicionamiento y lectura del juego sorprendentes por la juventud y experiencia que aglutina. Algo en lo que se apoya para ser un bastión en el uno contra uno. A todo esto hay que sumar una gran inteligencia en el pase y su gran disciplina a la hora de trabajar sin balón, uno de los aspectos más importantes dentro del estilo de Simeone. Sin embargo, todas estas virtudes mencionadas estarán a merced de la confianza en su propio juego. La ausencia de minutos y de pequeñas lesiones en momentos clave que han marcado las dos últimas temporadas del mediocentro madrileño deberán ser trabajadas para que todas las dudas desaparezcan y no desluzcan el tremendo potencial de un jugador que ya ha demostrado lo que puede ser. Ahora, al fin, le toca ser importante. Toca ser el equilibrio dentro de un ecosistema ideal.

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