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Fútbol hasta la línea de gol

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Alberto Edjogo: «Los minerales les interesan. Las personas no.»

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Charlamos con el comentarista y analista de fútbol nacional e internacional de BeIn Sports España, Alberto Edjogo. Nacido en Sabadell y con raíces familiares en Guinea Ecuatorial, fue futbolista profesional e internacional por la selección ecuatoguineana. Experto en fútbol africano entre otras cosas, nos concedió unos minutos de su tiempo para hablar largo y tendido sobre la situación actual del fútbol y su relación con lo social y lo político en dicho continente.

África ha estado colonizada durante muchos años. ¿Se ve reflejado en el fútbol de alguna manera?

Sí, porque muchos países se independizaron en la década de los 50 y los 60, por lo que son países relativamente nuevos y todos tienen una memoria que pesa mucho, que duele. Francia sacaba materia prima de Camerún, la fabricaba en sus tierras y la volvía a revender al país africano, por lo que esto genera un doble sentimiento. Por una parte se siente aprecio por el colonizador, y por el otro hay cierta impotencia, porque te han usurpado los cargos de decisión. Nunca has podido decidir por ti mismo.

¿Qué sucede dentro de los países africanos cuando se descolonizan?

La meritocracia no existe, esto es un hecho. Cuesta mucho que los presidentes de estos nuevos países estén ahí por lo que han hecho, sino que es una persona colocada por parte del país colonizador para mantener cierto punto de influencia. Este es el primer paso, pero luego hay un segundo en el que la gente se rebela contra esta idea. Y cuando se logra poner a un presidente africano, oriundo, muchas veces mete mano a la caja. Sucede con frecuencia.

Y el fútbol mueve mucho dinero, muchas influencias, también en África.

El fútbol es un deporte que mueve muchísimas cosas, y en África quizás aún más. El presidente africano que consigue tener una buena selección tiene mucho ganado. Un caso paradigmático fue el de Mobutu Sese Seko, presidente de Zaire, que logró tener una gran selección nacional en el Mundial de 1974, clasificándola. Además trajo a Muhammad Ali a boxear allí. Deporte es sinónimo de ingreso.

¿Y las federaciones de fútbol qué papel juegan?

Allí las federaciones no son independientes, dependen del ministerio del gobierno. Y esto genera una enorme problemática entre jugadores y federación. Las primas no terminan siendo nunca las que se prometen, porque con la intervención del ministerio y de la federación se termina por reducir la cantidad pactada. En 2014, tanto Nigeria como Ghana o Camerún tuvieron problemas de primas. De hecho, Camerún estuvo a punto de hacer boicot a la Copa del Mundo.

Al final se mantiene la actitud colonizadora dentro del propio país.

El dirigente de turno puede enfocarlo de dos formas: positiva o negativamente. Puede remediar lo que hicieron durante años los colonizadores o ser él quien actúe como tal ahora que ya no están. La corrupción existe y hay mucha gente metida en ella. Desde abajo hasta las más altas esferas, pero por suerte es algo que se va remediando poco a poco. Es un cambio generacional que es fruto de la globalización. Muchos jóvenes han estudiado fuera y traen nuevas maneras de hacer, nuevos valores.

¿Fue un punto de inflexión el Mundial de 2010 en Sudáfrica?

Sí, muy importante, porque existía cierto temor a que pudieran suceder altercados, y al final “solo” robaron unos ordenadores a unos periodistas. África salió reforzada.

Ahora Marruecos ha perdido su candidatura para ser sede del Mundial de 2026.

Ahí ya hay intereses comerciales muy fuertes. No se puede competir a nivel comercial con Estados Unidos, Canadá y México. Pero hay otro punto importante. En 2015 Marruecos iba a organizar la Copa de África, pero estalló el virus del Ébola en la zona de Sierra Leona y Guinea. Por temas de sanidad, Marruecos dijo que no se iba a jugar en su país. A raíz de esto, en esta candidatura ha sorprendido que muchos países africanos hayan votado por la otra propuesta. Es algo novedoso, porque en África siempre ha existido un sentimiento de hermandad entre sus países en eventos como este. Y, claro, luchar contra Estados Unidos es misión imposible si no cuentas con el soporte de los propios africanos. Huele un poco a represalia por lo de la Copa Áfirica de 2015.

¿El buen papel de la Senegal de Aillou Cissé en la última Copa del Mundo puede hacer que se confíe más en el entrenador autóctono?

El cortoplacismo es un gran enemigo. El fútbol africano necesita éxito inmediato, ya que cuando un gobierno centra gran parte de su éxito político en el futbolístico, necesita resultados. Ejemplos como los de Hervé Renard, doble campeón de África, simbolizan la preocupación por el éxito. Se prefiere un resultado inmediato a un proceso que permita emancipar futbolísticamente a todo un país. Por lo tanto, el caso de Cissé es un punto de esperanza, porque vuelve a su país natal convertido en un icono nacional. Puede ser un punto de inflexión. Hay más casos de entrenadores autóctonos, como Ghana, Sudáfrica, Túnez o el Congo.

¿Qué necesita este proceso para dar un paso más?

Un gran éxito. Unos cuartos de final de Senegal hubiera sido un paso importante para seguir con esta tendencia. También es importante el cruce de seleccionadores entre países. Es muy difícil ver a un seleccionador de un país africano entrenando a otro país dentro del continente que no sea el suyo. Es algo cultural. Es una cuestión de ir diversificando los banquillos y el fútbol. Requiere tiempo pero es lo que se necesita.

En las selecciones es muy importante crear este sentimiento de arraigo entre selección y seleccionador. Crear algo más que fútbol.

Totalmente. Dentro de una selección, el plus que te da el arraigo no te lo da la táctica. Es importante encontrar la figura de un entrenador que conecte la parte más emocional del jugador con sus raíces, porque así todo se siente más. Se crea algo mucho mayor que un equipo de fútbol. Se tiene que empezar a trabajar con la mirada puesta en el largo plazo, porque es ahí donde nacen los proyectos más bonitos. Cuando se dejan respirar las cosas.

El fútbol africano quizás se haya europeizado o se quiera europeizar en exceso.

Cada vez hay más jugadores africanos que juegan en Europa y ahí ya aprenden las sinergias de las grandes ligas. Kalidou Koulibaly no necesita que Cissé le diga cómo defender un córner o cómo perfilarse. África debe aprender a competir, a no desconectarse, esto sí es muy europeo. Lo que ocurre con un partido de una selección africana es que de 90 minutos te gustan 30, y luego hay desconexiones, desplomes. No es que se tenga que copiar lo que se hace en Europa, sino apropiarse de lo que puede mejorar el fúbol aquí y a la vez crear un arraigo y mantener la alegría y la vistosidad propias del fútbol africano. Se tiene que poner en común, juntarlo.

¿El Campeonato Africano de Naciones contribuye a proyectar la pobreza mediática del fútbol local africano?

Claro que ayuda, porque pone el foco de un fútbol mediáticamente pobre. Muy pocos mirarían la liga nacional de Uganda, pero, en cambio, una audiencia decente sí que estaría dispuesta a ver los mejores jugadores ugandeses que regentan esta competición. Este formato ayuda principalmente a los perfiles más diferenciales y deviene un escaparate para agentes y seleccionadores con tal de desarrollar nuevos talentos o completar la convocatoria.

Y este no es el torneo más elemental a nivel de países…

Exacto. También existen competiciones más regionales, como la Copa COSAFA, que reúne selecciones de África del Sur, o la que se juegan los países centroafricanos. Y de aquí al mundo. De hecho, el mediocampista ghanés del Extremadura Emmanuel Lomotey provenía de este tipo de eventos nacionales. Todo lo que sea incentivar, todo lo que sea mover, es interesante para este crecimiento que cada vez deja de ser más una intención para convertirse en realidad.

Desmarcándonos del relato futbolístico y adentrándonos en la inestabilidad política y su relación con el evasivo fútbol, ¿qué representan la presidencia de George Weah en Liberia o la votación popular irónica sobre Mohammed Salah en la opción de voto en blanco en las elecciones egipcias?

La relación entre política y deporte es complicada porque el terreno político lo aglomera todo: ya sean cuestiones meramente sociales como relativas a derechos humanos. La gente empieza a dejar de hacer cosas para ver a la selección; un buen partido se recuerda durante años. El fútbol como un acto reivindicativo. Es la manera más directa y visible de manifestarse como país. Y la historia de Weah es única. Uno de los tres mejores jugadores africanos de toda la historia que tenía una capacidad de liderazgo político inherente. En su apogeo profesional, se sucedía la guerra civil liberiana y él se encargaba de presupuestar todo el dinero que necesitaba la selección de fútbol. Podría estar en Miami siendo embajador de la FIFA, pero él ha decidido retribuir todo lo que le ha dado el país en forma de servicio político.

En este contexto, ¿esta figura política que representa tan bien Weah o también Frederic Kanouté adquiere una importancia aún más relevante?

Más que nunca. Porque son personas que han vivido en un entorno profesional y cuentan con un soporte social y, por tanto, tienen voz autorizada para dialogar con jefes de estado en el ámbito futbolístico. En el momento que Kanouté tuvo que elegir por qué selección se decantaría, observó que la Francia de Trézeguet y Henry le cerraba las puertas y optó por Mali. En el primer partido los aficionados no entendieron el movimiento de Kanouté, al haber nacido en territorio francés. Este es el tipo de gente que necesita África para cambiar: irse del escenario putrefacto de su país, renovar sus valores y generar una mirada distinta a la sociedad.

Y lo que pasa en la costa oeste también se vive en el norte de África…

Sí, pero ahí es diferente. La Primavera Árabe marcó un antes y un después. Las brutales escenas de gente aporreada y asesinada en la plaza central de El Cairo desembocaron en la victoria revolucionaria con la marcha de Mubarak. Esto dividió al país y, por ende, a los aficionados ultras de la liga local. El conjunto africano más importante, el Al-Ahly, se hermanó con la revolución y sus camisetas devinieron símbolo en las sucesivas manifestaciones de aquellos días, mientras Al-Masry se posicionó a favor del dictador. En uno de los primeros enfrentamientos en pleno conflicto político se produjo una invasión de campo en el que se asesinaron 75 aficionados del Al-Ahly con arma blanca. La liga se paró durante dos años y la ausencia de competición dejó un descontrol social muy peligroso. En un margen de dos meses, en el norte de África se fueron cinco o seis cabezas de estado, una total extraordinariedad. Y el fútbol estuvo siempre presente.

En este punto, ¿es el fútbol un arma con potencial para cambiar las cosas o crees que es un artefacto aprovechable para las élites políticas?

Sin lugar a dudas el fútbol acumula una capacidad política bestial. Cuando Drogba ganó el balón de oro africano consiguió unir un país, Costa de Marfil, partido en dos por la religión. El presidente había impuesto la supremacía cristiana, como de costumbre en la África Negra, y el jugador del Chelsea le dijo: “voy a celebrar mi premio con la parte musulmana”. El fútbol es una herramienta brutal para establecer nexos de unión y, en cierto modo, la sociedad africana ha mejorado en términos de civilización y vive en una línea ascendente gracias a la extendida importancia del deporte ovalado.

El fútbol es, para muchas familias, la herramienta para llegar a tener una vida mejor.

El 40% de los africanos son menores de veinte años. Son familias de siete u ocho niños. Que un niño tenga la opción de ir a jugar a la liga holandesa o la liga belga y enviar dinero a casa es motivo suficiente como para emprender la aventura. Pero ahí intervienen la mafias que les prometen falsas pruebas en equipos. El paso de dejarlo todo e irse a Europa a ganar dinero jugando a fútbol es un sentimiento generalizado en África. Allí en cualquier esquina puedes ver un partido de fútbol. Y ese creen que es el camino más sencillo.

¿Es suficiente el papel que desarrolla la FIFA?

La FIFA tiene que intervenir, porque hay mafias que mueven niños. Ahora, los menores de 17 no pueden llegar -hubo sanciones recientes al Barça y al Atlético-. No puedes traer un niño con 12 años de Camerún y que a los 17 le digas que no vale. Por eso es bueno que los niños no salgan hasta que tengan cierta edad, no les rompes la cadena vital. Ser jugador de fútbol profesional es muy difícil. Hay que usar el fútbol como una herramienta para desarrollar a las personas. Estos niños que ‘no valen’ tendrán unos estudios y unas costumbres que les servirán de cara al futuro. Si de paso alguien llega a ser profesional, mejor.

¿Hasta qué punto son importantes los propios fútbolistas? Onana, Kaptoum o Dongou salieron de la escuela de Eto’o.

Los futbolistas, hoy en día, son empresas. De hecho facturan más que una empresa. Y tienen un poder de influencia espectacular. La creación de estas escuelas valen más que miles de tratados y horas de reunión de la FIFA. Es una buena iniciativa. Los futbolistas tienen que ser un factor positivo.

En algunos países las mujeres no pueden entrar en los estadios, aunque en Rusia pudimos ver a mujeres iraníes disfrutar libremente del fútbol por primera vez. ¿Crees que será algo que cambiará en el futuro cercano o depende de la situación político-social de cada país?

Las religiones tienen aspectos positivos y negativos. Si eres integrista, hay un problema. Que hayan mujeres iraníes viendo un partido de fútbol en Rusia ya es mucho. Deja en evidencia a sus países y sirve de estímulo para que se vaya flexibilizando. No solo para que haya mujeres en las gradas, sino para que aparezca el fútbol femenino. Los prejuicios que tienes en casa salen a la luz fuera y te deja en evidencia. Hace poco el Valencia fue a jugar a Arabia Saudí, en un homenaje a un Fahad Al-Huraifi. Su mujer salió hasta el centro del campo con un burka, se arrodilló y le besó los pies. Fue una cosa que me chocó, pero allí es habitual. Esta imagen que da la vuelta al mundo, sirve para concienciar que los líderes políticos se posicionen.

Por último, queremos recalcar que muchos jugadores han llegado a Europa de forma ilegal. Es el caso de Eto’o, por ejemplo, que se fue a Francia. ¿Qué piensas de que se cierren las fronteras en Europa?

Tú lo que no puedes hacer es ir a un país a explotar diamantes o coltán y cerrar una frontera por otros intereses. Los minerales les interesan, las personas, no. No soy político ni sé de relaciones internacionales, pero, lógicamente, el problema está en el origen. Ninguna persona del mundo se iría con sus hijos en una barca, a mar abierto, en una travesía de dos meses. Si tú te vas es porque tienes problemas. Estas relaciones, que tan bien les van para sacar coltán, oro o petróleo, también se tienen que utilizar para paliar los problemas que hay en el origen. Una persona que vive feliz y tiene para comer no se le ocurre recorrer 5.000 km. ‘a lo loco’. No se puede sacar recursos y no dejar pasar a las personas. Hay que ir un paso más allá.

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