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Fútbol hasta la línea de gol

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Desequilibrio por bandera

Suele decirse que el gol es lo más difícil de lograr en esto del fútbol. Seguramente por ser la recompensa más preciada, la más valiosa. Aquella que llega tras un largo y arduo trabajo -al menos casi siempre- y en la que influyen multitud de factores antes de llegar a ese premio final. Ayer, en el arranque del Europeo sub-19 en Armenia, España se enfrentaba a los anfitriones y, pudiendo destacar muchas de las cosas positivas que se vieron de los chicos de Santi Denia, lo que más determinó la victoria ibérica fue el desborde por fuera.

Las bandas de España, ocupadas en este debut por Bryan Gil y Ferran Torres, fueron el principal argumento ofensivo de la selección. Ni el canterano del Sevilla ni el del Valencia aparecen en la amplia lista de goleadores del encuentro, pero, incluso más allá de las dos asistencias que suman entre ambos, su incidencia en el resultado final fue absoluta. España dominó el encuentro desde la posesión, en un estilo ya más que desarrollado en el fútbol base de nuestro país, y no encontró especial oposición en el combinado armenio para adueñarse del cuero.

La victoria de España se fraguó especialmente desde sus bandas.

La inexistente presión de los locales favoreció la limpia salida de balón española, con Alex Orellana y Antonio Blanco escalonados en diferentes alturas para aprovechar los espacios y ganar fluidez con balón en esos primeros pases. Sin embargo, el previsible repliegue de los caucásicos podía dificultar la labor de creación en el último tercio según se aproximaran los de Denia al área rival. Y fue en ese contexto en el que la Selección Española mostró su capacidad para acelerar el juego, combinando constantemente a dos toques y jugando de lado a lado con nuestros dos protagonistas tomando un papel fundamental con su posición muy abierta sobre la cal.

La posición de partida de Bryan Gil y Ferran Torres permitía estirar la defensa armenia para poder abrir espacios y ganar opciones por dentro. Sin embargo, con los dos extremos jugando en su banda a pie natural, el plan de Santi Denia pasaba por hacer daño desde la gran capacidad de desborde de sus dos piezas por fuera y acumular al resto de sus piezas en el entorno del área. Cada uno tuvo una parte para brillar. La primera fue para Ferran, que capitalizó la producción de oportunidades más claras de la ofensiva española desde el costado diestro. Con verticalidad pero también con claras intenciones de interiorizar y buscar el área, con más capacidad para la finalización que su homólogo por izquierda, volvió loca a la parcela a priori más débil del combinado caucásico.

Ahí, en izquierda, se situaba un Bryan Gil que tomó nota de lo que hizo su compañero valencianista y cogió protagonismo con descaro, buscando constantemente el uno para uno con elevado acierto para zafarse de su marca. Su bajo centro de gravedad y su velocidad le hicieron especialmente escurridizo para la defensa armenia, con especial asistencia de un incisivo, por dentro y por fuera, Juan Miranda. Tanto Ferran como Bryan tuvieron sus ocasiones para marcar, pero esta última definición, así como en ocasiones su toma de decisión les impidieron brillar más en un encuentro donde ya fueron de lo más destacado.

Ambos fueron determinantes en la victoria de España, pero se les notó un lógico margen de mejora en la toma de decisiones y la definición.

Dos jugadores que ya han debutado en La Liga (Ferran con mayor bagaje) en dos de los equipos más fuertes del campeonato. Dos proyectos de futuro que recuperan esa figura del extremo a pie natural que parecía extinguirse con el paso de los años y que, aunque el gol sea el fin último en este deporte, aportan algo tan importante y escaso como el desborde. El desequilibrio de Bryan Gil y Ferran Torres ya ha dado buena muestra en su debut de lo importante que puede ser para España a lo largo de este Europeo sub-19.

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