Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Jugadores

Denis y Mina junto a Aspas y Brais

Por Julián Carpintero (@Carpintero_jcg)


Después de una temporada tan decepcionante como agónica, en la que solo pudo conseguir la salvación en la última jornada, el inicio del verano para el Celta de Vigo está siendo de lo más ilusionante. Una vez ratificado Fran Escribá como técnico del nuevo proyecto celeste, los pasos que Felipe Miñambres ha ido dando desde la dirección deportiva han dejado al descubierto los primeros trazos de lo que puede ser el proyecto más ambicioso de la última década.

Sin embargo, la primera misión a la que tendrá que hacer frente Escribá será adaptarse a un nuevo contexto sin la figura de Maxi Gómez, un futbolista que en sus dos campañas como jugador vigués condicionó los sistemas ofensivos del Celta siendo el complemento perfecto de Iago Aspas. Más allá de su capacidad para fijar a los centrales rivales, de generar espacios para poder ensanchar el campo, de su facilidad a la hora de aguantar el balón y esperar la llegada de los jugadores de segunda línea y de ser un recurso utilísimo para buscar el juego directo cuando la presión del contrario impedía salir con limpieza, las cifras del ariete uruguayo hablan por sí solas, ya que en este tiempo ha sido capaz de anotar 31 tantos y dar nueve asistencias de gol. Y el gol es algo que en La Liga cotiza caro.

De hecho, ese es un escenario que en el Celta conocen de primera mano, pues en la recta final del curso pasado, con la lesión de Iago Aspas, ninguno de sus jugadores de tres cuartos de campo pareció capaz de generar por sí mismo situaciones que les acercara al gol. Sin el ariete de Moaña, ni un Pione Sisto que se fue desconectando a medida que se acababan las jornadas, ni un instrascendente Boudebouz, ni tan siquiera un voluntarioso pero poco efectivo Boufal –por no mencionar a Emre Mor– demostraron la personalidad suficiente como para evitar que el equipo celeste tuviera que esperar al último partido para certificar su permanencia en La Liga. Únicamente Brais Méndez, que con 22 años coronó su temporada de confirmación en la élite con una merecida convocatoria por parte de Luis Enrique, demostró estar a la altura de las circunstancias cuando la presión y el nerviosismo tenía atenazado al vestuario vigués.

En este contexto, y para que la dependencia de Iago Aspas no sea tan gigantesca, Miñambres ha sabido rodear al delantero pontevedrés de dos jugadores que van a darle a Escribá todo lo que no tuvo el año pasado. Partiendo de la base de que Aspas es un sistema en sí mismo, con las llegadas de Denis Suárez (1994) y Santi Mina (1995) el Celta pasa a tener un nuevo plan A diferente al de las últimas diez jornadas de la última campaña: que a Iago le llegara el balón más allá del círculo central y que, de un modo u otro, acabara encontrando el gol o fabricándolo para Maxi. Porque así es como llegaron hasta 13 tantos en las últimas diez jornadas.

Las vueltas de Denis y Mina van más allá de lo puramente sentimental. Tienen todo el sentido futbolístico con un epicentro claro: Iago Aspas.

Con Denis y Mina el Celta no solo consigue a dos jugadores con ganas de triunfar en el club donde nacieron como futbolistas. El centrocampista, que siendo todavía un niño dejó Vigo para probar fortuna en el Manchester City, buscará tener la continuidad que no ha tenido en sus experiencias en Sevilla, Villarreal, Barcelona y Arsenal y justificar los casi 13 millones que en Balaídos han desembolsado por él. Si Escribá decidiera apostar por un 4-2-3-1 con Lobotka y Fran Beltrán en el doble pivote, Denis encajaría como un guante haciendo de enganche entre estos y Aspas –o Santi Mina, si finalmente fuera el punta– aprovechando su facilidad para el último pase y su capacidad de asociación con Brais. Es más, si en lugar de por el 4-2-3-1 Escribá optara por un 4-4-2 Denis también tendría fácil encaje más escorado hacia la banda izquierda, trazando la diagonal hacia el centro ya sea para intentar el disparo, buscar los desmarques de los delanteros o para crear espacios a un carrilero que tendría toda la banda para él.

Lo que es seguro que va a ganar el Celta con la vuelta de Santi Mina es la movilidad que no tuvo el curso pasado. Además de gol (cerca de los 30 en los dos últimos años con el Valencia), el atacante gallego ofrece un trabajo constante que acaba por desgastar a la defensa rival y que ayuda a sus compañeros a coger aire, especialmente en situaciones defensivas de dos contra uno. Versátil y capaz de adaptarse a prácticamente las cuatro posiciones de ataque, Santi Mina se asoma como el socio ideal de un Iago Aspas que puede ser el principal beneficiado de la velocidad y el instinto de un jugador que, si bien no es un rematador tan puro como Maxi Gómez, sí ha demostrado ser más autosuficiente que el charrúa a la hora de generarse sus propias ocasiones lejos del área contraria.

De este modo, la calidad de Denis y la verticalidad de Santi Mina prometen completar un estimulante póker de atacantes formados en A Madroa y que junto con el desborde de Brais Méndez y el ingenio de Aspas a priori deberían elevar al Celta a un escalón cercano a los puestos de acceso a Europa, principalmente porque el equipo tendrá argumentos para tener el balón y para replegarse y salir en transición en función de lo que demande el partido. Siempre y cuando, eso sí, Escribá consiga que Rubén Blanco pase de promesa a realidad en la portería celeste, crear un sistema defensivo fiable a partir de Araujo y en el que ya no estará una pieza clave como Cabral, que Lobotka y Fran Beltrán formen una pareja cohesionada y que Pione Sisto vuelva a ser el extremo desequilibrante de 2018. El reto es apasionante, pero como se esfuerzan en pregonar desde Balaídos: isto vai de corazón.

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