Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Revista

Un submarino con alas

Este artículo pertenece a una de nuestras revistas digitales. Descárgala gratis haciendo click en la siguiente imagen.

Descarga nuestra revista digital.

El buen fútbol se apoderó de Villarreal. O Villarreal del buen fútbol. El caso es que la temporada 2005-2006 pasó a la historia del conjunto castellonense. Con una plantilla llena de nombres mayúsculos y comandados por Manuel Pellegrini, los amarillos lograron quedarse a un paso de disputar la final de la UEFA Champions League. Tan solo el Arsenal, y los once metros, los privaron de un sueño que ya de por sí es eterno.

A veces la vida es amarga, y en todo momento de felicidad conseguirá aparecer un segundo de sufrimiento que nos empujará bruscamente hacia atrás. Un pequeño golpe de realidad para bajarnos de la nube que desearíamos fuese eterna y se mantuviese por los siglos de los siglos. ¿Os imagináis a un submarino de color amarillo y con alas sobrevolando el cielo europeo? No hace falta pensarlo como si de un sueño se tratase, ya que la historia del fútbol nos ha permitido vivirlo.

Corría la temporada 2005-2006 y las ilusiones del Villarreal CF y de todos sus aficionados estaban en lo más alto. No hacía mucho, en la temporada 1999/00, ascendían a la Primera División del fútbol español y unos pocos años más tarde se estaban codeando con los mejores conjuntos europeos y mundiales en esto del balompié. Barbosa, Viera, Arruabarrena, Arzo, Javi Venta, Josemi, Peña, Quique Álvarez, Gonzalo Rodríguez, Sorín, Calleja, Font, Josico, Senna, Riquelme, Cazorla, Forlán, Tacchinardi, Guille Franco, Guayre, Roger, José Mari… los pupilos de Manuel Pellegrini llegaban de hacer una temporada sensacional, con un tercer puesto en La Liga por detrás del Real Madrid y del F.C. Barcelona y era hora de demostrarle a Europa quiénes eran.

El debut en la Champions League no se presentaba sencillo. Tras haber derrotado al Everton de David Moyes o Mikel Arteta entre otros en la fase previa, los groguets se encontraban en el grupo con rivales de una entidad sobresaliente. Manchester United, Benfica y Lille serían los encargados de poner piedras en el camino de la ilusión castellonense.

Tras un comienzo duro, en el que los jugadores liderados por “El ingeniero” chileno Manuel Pellegrini conseguían obtener 3 puntos de los 9 posibles, con tres empates consecutivos, parecía que las emociones fuertes se guardaban para el final. Pero el destino es caprichoso, y en ese deseo de triunfo de la ‘cenicienta’ del grupo, al Villarreal le aguardaba un primer puesto en esa liguilla clasificatoria gracias a un empate frente al Manchester United en Old Trafford y a dos triunfos ante lusos y galos.

El conjunto amarillo era por entonces un equipo temible por el juego realizado. Un fútbol en el que la posesión comenzaba a apoderarse de su estilo para deleitar la visión de los aficionados, guardando en sus retinas instantes históricos. Desde la calidad y el mando de Juan Román Riquelme, el ‘8’ mágico de aquel equipo, los castellonenses brillaban. El argentino ponía la pausa en el momento oportuno, la que castiga y hace daño a sus rivales provocando indiferencia. El ritmo del partido lo marcaba Román. Él encendía el interruptor y lo apagaba cuando quería irse a dormir, pero su magia se mantenía aún en los sueños más profundos.

Precisamente, de la magia de sus pases y de su inteligencia fuera de lo terrenal se aprovechaba un uruguayo llamado Diego. Forlán ponía el gol, ese que llevaba en la sangre y que hacía temer a porteros y defensas rivales. Con un disparo lleno de precisión y potencia, el ex jugador del Manchester United por aquel entonces protagonizaba las tablas de goleadores de La Liga, siendo el pichichi en la temporada 2004/2005. A estos dos pilares fundamentales debemos sumar la experiencia defensiva y el liderazgo de Arruabarrena o Quique Álvarez, defensores que encarnaban el alma de los que luchan en todo momento, como si esta se uniese con el escudo, dotándolo de fuerza y pasión. O también el criterio, la fuerza y la contundencia de un mediocentro como Marcos Senna, uno de los artífices de la Eurocopa obtenida por la Selección Española en el año 2008.

Volviendo al hilo de esta bonita historia europea, el Villarreal se clasificaba como líder de su grupo en la Champions League, un hito que marcaría la historia de los amarillos y que mejoraría con el paso de las semanas. Glasgow Rangers e Inter de Milán fueron las víctimas de un equipo realmente en alza. Un doble empate frente a los escoceses le daba el pase a los de Vila-Real, y una remontada en la eliminatoria frente a los italianos, gracias a un gol de cabeza de Arruabarrena, haría estallar de alegría y llenar de lágrimas los ojos de miles de hinchas castellonenses, que veían cómo su equipo conseguía batir a todos sus rivales con un fútbol delicioso.

Y hablando de sensaciones culinarias, llegaba el plato fuerte: el Arsenal de Henry, Reyes, Pires, Cesc, Ljungberg, Bergkamp, Campbell o Van Persie, entre otros. Aunque el héroe de esa eliminatoria no se encuentra entre ninguno de los citados anteriormente. La ida se disputó en Highbury, mítico estadio londinense. Kolo Touré se incorporaba al ataque en una jugada para anotar el único gol del encuentro tras una actuación un tanto discutida del colegiado. El conjunto dirigido por Pellegrini luchó y llegó muy vivo para el partido de vuelta que disputaría en su casa y con su gente.

La vuelta se convertiría en el partido más importante para los groguets. Sin Bergkamp, por su conocido miedo a volar, pero con todo su potencial ofensivo y defensivo, el Arsenal de aquellos años era un equipo realmente temible que tenía en Henry a su máxima estrella, al que un aficionado que saltó al campo le colocó una bufanda blaugrana. Cosas del destino. El partido seguiría un ida y vuelta muy competido pero con un Villarreal volcado y entregado. El submarino amarillo parecía tener alas para volar por un cielo teñido también de amarillo.

Las ocasiones se producían en las botas de los jugadores locales en un Madrigal lleno a rebosar. Y llegó la jugada que pararía el partido y el corazón de todo aficionado al fútbol. Muchas veces, jugadores y entrenadores salen en las ruedas de prensa previas a los partidos diciendo que ellos desean ganar, y que para eso les da igual que sea de penalti y en el minuto 90. Tras un rechace londinense por un centro que llegaba desde la izquierda, el esférico quedaba dividido entre José Mari y un inexperto Clichy. Aplicando la fórmula de que “la experiencia es un grado”, José Mari puso el cuerpo para que el francés se cayese sobre él, provocando un penalti que metía en la eliminatoria al Villarreal. Era el minuto 89 y los castellonenses veían cómo esa frase, convertida en tópico en el mundo del fútbol, se hacía realidad. O al menos una de las partes; ahora solo faltaba meterla.

Juan Román Riquelme cogía el balón como si de un hijo propio se tratase, besando hasta el agujero de la válvula en un momento tenso, histórico e ilusionante. Tanto que las lágrimas de alegría de cada uno de los aficionados groguets bañaban el cuero. Román cara a cara frente a Jens Lehmann, portero internacional alemán del Arsenal. La tensión podía cortarse con un cuchillo. El argentino respiró, tomó carrerilla y… no todas las historias acaban comiendo perdices, pero tampoco es necesario recordar ese cruel y breve instante, pues ya todos conocemos el desenlace, con el Arsenal cayendo derrotado en París ante el FC Barcelona.

El Villarreal consiguió ganarse el corazón de muchos en esa temporada, por juego y por los retos conseguidos, coloreándolo de amarillo. Es injusto decir qué pasó con aquel penalti, pero aceptando la realidad, lo justo es mencionarlo: finalmente Román lo falló. O adoptando una justicia verdadera: Lehmann lo detuvo.

Como el guion de los mejores cuentos, esta historia tuvo momentos felices, amargos y tristes. Pero nadie le quitará al Villarreal, a sus jugadores, cuerpo técnico y aficionados, la hazaña conseguida esa temporada. El triunfo del humilde frente a los grandes. La ilusión ganando a la razón. Solo un minuto les privó de la gloria, aunque su triunfo fue otro: el de hacer volar en sueños a una afición que por un momento se imaginó a Román metiendo la pelotita. Quedémonos con ese minuto de besos al balón, un minuto en el que todos en nuestro interior gritábamos gol.

¿Algo que añadir?