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Maxi Gómez y su ecosistema ideal a orillas del Turia

Poca explicación razonable tiene que un país diminuto, que ni siquiera llega a los tres millones y medio de habitantes, sea uno de los más productivos en cuanto a jugadores de primer nivel se refiere dentro del escenario futbolístico mundial. Quizá esa garra y ese carácter tan pasional del charrúa le hacen ser especial y le permiten llegar a alcanzar las metas que se proponen. Uruguay, doble campeón del mundo en 1930 y 1950, se ha ganado a pulso un sitio de honor dentro del mundo del balompié. Su producto, en forma de jugador con unas características muy especiales, se extiende por países donde este deporte mueve cantidades ingentes de capital. Pero si en una demarcación destacan como grandes productores es en la parcela ofensiva. Si echamos la vista atrás, y no tan atrás, nos topamos, sin pensar mucho, con jugadores como Edinson Cavani, Alcides Ghigghia, Fernando Morena, Luis Suárez o Diego Forlán. El Valencia no ha querido dejar pasar la oportunidad y, después de tener en sus filas a Fernando Morena (que se marchó con una Supercopa de Europa), ha decido reforzar su ataque con Maxi Gómez. El ariete, ex del Celta de Vigo, es la última aparición charrúa en la delantera. Después de dos buenos años en Vigo se embarca en la nave valencianista en una temporada donde volverá a navegar por las aguas europeas de la Champions League.

Maxi Gómez puede pasarse bastantes minutos sin tocar un solo balón para que el primero vaya directo al fondo de la portería.

El destacado papel que protagonizó en el torneo Apertura de la temporada 2016/2017 le abrió, de par en par, las puertas a Europa. El Celta de Vigo no dejó pasar la oportunidad de explotar el rendimiento de un jugador emergente con una nacionalidad que aseguraba un alto índice de éxito. Los celestes no se arrepintieron. Maxi Gómez cuajó dos campañas para enmarcar en Balaídos. En la 17/18 consiguió anotar 18 tantos en 36 encuentros y en la pasada temporada redujo escasamente sus guarismos sumando 13 goles en 35 partidos. Una cantidad significativa de equipos han luchado por hacerse con los servicios de Maxi Gómez, pero el de Paysandú se decantó por el Valencia, club de una liga a la que se había adaptado de maravilla y que, además, le abrirá las puertas para participar en la Champions en la siguiente temporada. Con este movimiento, el Valencia ha conseguido reforzar la parcela que más quebraderos de cabeza le generó la pasada temporada. Con Maxi vistiendo la camiseta del murciélago se espera que el conjunto de la capital del Turia experimente un crecimiento remarcable en cuanto a realización goleadora se refiere.

Rodrigo, Gameiro y Maxi Gómez, esa parece ser la punta de lanza principal de uno de los principales animadores de la competición en La Liga. El punta charrúa aterriza en un ecosistema que parece encajar plenamente con las características de Maxi. La sincronía entre Maxi Gómez y Rodrigo parece clara. El punta hispano-brasileño puede aprovecharse de la capacidad del uruguayo para fijar las marcas defensivas y de abrir espacios a los demás compañeros. Rodrigo siempre se ha sentido mucho más cómodo jugando con un jugador de las características de Maxi por delante, como le pasó con Simone Zaza en la primera temporada de Marcelino al mando del navío valencianista. Gameiro, sin embargo, es un jugador algo más polivalente que Rodrigo y Maxi, por lo que puede adaptarse sin muchos problemas a ser la referencia ofensiva del equipo con un jugador por detrás y a jugar por detrás y aprovecharse de los espacios que genera un jugador como el charrúa.

Además de con la línea de ataque, Maxi también parece el jugador indicado para el juego de contragolpe que es tan del gusto de Marcelino. El de Paysandú es un nueve “extraño”, que puede pasarse bastantes minutos sin tocar un solo balón para que el primero vaya directo al fondo de la portería. El juego por bandas de este Valencia es muy potente, así como su capacidad para realizar envíos certeros desde esos costados: por la izquierda con las incorporaciones de Gayà y por la derecha con las jugadas hasta línea de fondo y el buen pie de Soler. Maxi Gómez domina a la perfección ese tipo de envíos. Posee buena habilidad para anticiparse al defensor contrario tanto por ‘pillería’ como por físico y un innato remate de cabeza. La contratación de Maxi Gómez parece la ideal, sobre el papel, para implementar esas transiciones tan dañinas del Valencia que el año pasado, sobre todo en la primera vuelta, no veían puerta. Casi cualquier situación que imaginemos en un ataque valencianista con Maxi Gómez resulta peligrosa para el contrario, como podría ser el arrastre que él tantas veces realizaba en el Celta, bajando al medio a contactar con el balón sacando una marca defensiva de su sitio y siendo esta aprovechada por Iago Aspas antes y por Rodrigo ahora. Los roles son bastante similares.  

Con Maxi vistiendo la camiseta del murciélago se espera que el conjunto de la capital del Turia experimente un crecimiento remarcable en cuanto a realización goleadora se refiere.

Como precio, el Valencia pierde un punta bregador como Santi Mina, que ha entrado en la operación de Maxi Gómez y ha regresado a la que fue su casa desde su más tierna infancia. El gallego no llegó a dar el resultado que de él se esperaba y la esperanza es que Maxi Gómez sí lo haga. La imaginación, teniendo en cuenta las características del Valencia de Marcelino y las del juego de Gómez, nos lleva a pensar que esto puede ser un éxito seguro y un entendimiento a primera vista entre ambos. Sin embargo, el fútbol no es una ciencia exacta, y la exigente parroquia de Mestalla no quitará ojo a los primeros encuentros de un jugador sobre el que se han puesto muchas esperanzas. Entre esas esperanzas está que los goles del charrúa ayuden al Valencia a afianzarse, una temporada más, en zona Champions y dar más guerra en esta competición que la temporada pasada.

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