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Asensio y el extremo derecho de Zidane

Es inevitable sentir algo cercano incluso al temor al apreciar la inercia de la carrera de Marco Asensio como futbolista profesional. En su momento de mayor rendimiento se percibía un potencial inmenso, un futuro dominador del fútbol europeo con unas características físicas y técnicas muy amplias para llegar a ser una pieza ofensiva afiladísima e incontrolable. Sin embargo, aun teniendo todavía solo 23 años, ha ido generando la sensación en las últimas dos temporadas -sobre todo en esta última- de que se estancaba. No terminaba de dar el paso que club y afición requerían a nivel de jerarquía y, sobre el campo, comenzó a dar muestras de indefinición. Se intuía una confrontación entre lo que era capaz y lo que prefería hacer, una lucha interna que le fue llevando a la frustración y a perder el rumbo, tanto que los gestos perezosos empezaron a aparecer en su repertorio. Justo la pasada campaña, tras una salida de Cristiano Ronaldo que no se vio compensada por un jugador de su impacto ofensivo, Asensio tuvo la oportunidad de convertirse en referencia en el ataque blanco. Una ocasión perdida, un año en el que no dejó constancia ni de su calidad ni de su determinación. Ahora, con la vuelta de Zinedine Zidane al banquillo, se vislumbraba otro turno, una temporada ilusionante para el balear, para retomar una trayectoria que, en puntos discontinuos, apuntaba desde sus inicios en a llegar a lo más alto. Su terrible lesión de rodilla, con rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco externo, bloquea esta oportunidad y le emplaza de forma casi directa a la siguiente temporada.

Su primera temporada en el Real Madrid supuso un impacto visual y palpable de tal magnitud que le auguraba un potencial fascinante.

Su rendimiento fue inmediato al llegar al equipo tras su cesión en el RCD Espanyol. El Real Madrid venía de una temporada muy complicada que había acabado felizmente con la consecución de la Undécima Copa de Europa de la mano de un Zidane que se coronó como el salvador del proyecto, que ahora era suyo. El francés había apostado con firmeza por la BBC en un sistema 4-3-3 que daba libertad a los tres para que su calidad pudiera ser diferencial. En ese contexto, Marco encajaba como un guante, pudiendo ocupar distintas posiciones y ser alternativa para cualquiera de ellos, al disponer de una amplia gama de virtudes ofensivas cercanas a la capacidad asociativa de Karim Benzema, la potencia en transición de Gareth Bale o el remate a portería de Cristiano Ronaldo, salvando las distancias. En definitiva, daba versatilidad y opciones a Zidane a la hora de confeccionar el ataque. Pero es que, además, lo hacía mostrando un nivel altísimo. Sorprendiendo además por la personalidad con la que realizaba cada acción, mostró una superioridad asombrosa para imponerse en cada carrera o regate y, para redoblar la apuesta, las metía. Demostró desde el principio un olfato de gol de élite, con una paleta de recursos para el golpeo muy útil que iban desde el disparo desde lejos hasta la exquisita definición contra el portero en el uno contra uno.

No parecía haber en un ejercicio ofensivo alguna faceta que no pudiera controlar, añadiendo además ese puño de hierro que hacía frotarse las manos a cada asistente al Santiago Bernabéu al imaginarse el crack en el que podía convertirse el balear a poco que la suerte no le diera la espalda. Conforme fue pasando la temporada, además, Asensio continuó confirmando las buenas sensaciones hasta el punto de ser determinante en los choque más tensos y competidos de la Champions League, con actuaciones estelares ante el Bayern de Múnich o coronando la gran final contra la Juventus de Turín anotando el cuarto gol de su equipo. No mucho más se prolongó su ascenso. La siguiente pretemporada alargó su dulce momento erigiéndose como una estrella más de su equipo en la Supercopa de España donde castigó la escuadra derecha de Ter Stegen en dos ocasiones. Sin embargo, la historia comienza a torcerse de aquí en adelante, cuando la intermitencia e intrascendencia comenzaron a invadir su juego.

A la vez que el equipo se tambaleaba, sobre todo en La Liga, Marco Asensio fue diluyéndose en el campo. Llegó a tener tal nivel de confianza en su juego que olvidó los caminos que había tomado para dominarlo y comenzó a explorar otros. El proyecto de Zidane en el Madrid estaba en ese punto muy marcado por el nivel técnico de sus centrocampistas, que habían aprendido a dominar cada partido a partir del control de la pelota. Modric, Kroos e Isco, e incluso Carlos Casemiro, se convirtieron en leyendas a raíz de esta circunstancia, y Asensio sintió curiosidad y quiso acercarse a ellos, ser un jugador más global. Al final, la exitosa temporada 2016-2017 del Real Madrid se consolidó por un equilibrio alcanzado en el sistema fundamentalmente a través de lo individual en el que, si bien los centrocampistas garantizaban la posesión cuándo y cómo debía tenerse, se necesitaban otras piezas que realizaran movimientos diferentes y tuvieran una relación con el balón en otro sentido.

En este punto, Carvajal y Marcelo alcanzaron un nivel majestuoso interviniendo en cada línea a lo largo de su banda y la pareja formada por Benzema y Ronaldo se ocupó de que al segundo no le faltaran balones que llevar a la red. Para Zidane, el Asensio extremo era más útil que el Asensio mediapunta. Con Marco por delante de la línea de balón, podría añadir agresividad e intimidación a cada jugada, estirar a la defensa rival y destaponar el ataque de los suyos cuando el rival buscara el repliegue en los últimos metros del campo. Una transición, una pared en la frontal o una acción de su zurda desde el pico del área eran oxígeno para el sistema y una forma de que el control que habían conseguido dominar tuviera verdadero sentido a la hora de buscar añadir cifras al marcador. La pérdida progresiva de sus movimientos agresivos y su tendencia a acercarse a la pelota más que a esperarla paralizó el ritmo en el momento en el que sus compañeros más necesitaban que diera otro paso en la otra dirección. Cuanto más cerca del portero rival debía estar, más lejos iba a buscar el contacto con el cuero.

La indefinición de Asensio y su progresiva pérdida de ritmo le fueron alejando de aquella figura determinante en la que se había convertido.

Aun así, y en virtud a su juventud y al potencial que en él se ha apreciado, todavía es razonable esperar que su carrera pueda reconducirse en aquella versión más imparable que mostró ser. Tras una de las temporadas más complejas de los últimos tiempos en Chamartín, el Madrid vuelve a entregar su proyecto a aquel que mejor lo entendió en los últimos tiempos. Zidane pretendía empezar de cero y construir algo nuevo, para lo que Marco Asensio debía ser pieza fundamental. Reset y refresco, volver a los orígenes para recuperar chispa y mordiente. Los movimientos del club este verano han vuelto a colocar el foco principal del juego en la banda izquierda con la llegada de Eden Hazard, que se postula como epicentro de todo el fútbol ofensivo del equipo. Tendrá libertad para alejarse de la cal y juntarse con los interiores para ser el que cambie el ritmo y ejerza de acordeón a la hora de agitar a la defensa rival. En el otro lado, en cambio, faltan certezas. Con Bale en la rampa de salida y sin ningún fichaje de relumbrón, todos los focos apuntaban a Marco Asensio y a su capacidad para ser más un látigo que nunca.

Ahora que no se podrá contar con él, Zidane está ante un problema mayor del que pueda parecer por la cantidad de recursos, pues no se vislumbra un candidato de entidad suficiente para garantizar amenaza por ese costado. La bisoñez de Rodrygo Goes o Takefusa Kubo les alejan (en principio) de ser apuestas inquebrantables, y el nivel de Lucas Vázquez como extremo titular ya parece claro que no alcanza el mínimo necesario. Queda Vinícius Júnior. El brasileño demostró la temporada pasada capacidad para llevarse al equipo a campo rival, ayudarle a acular a la zaga contraria en su área y generar jugadas con autosuficiencia en un sistema para el que el control del juego ya se quedaba muy corto y en el que nadie se atrevía a arriesgar ni acelerar. Su paso a la banda débil le puede ayudar a simplificar su juego, a ser más herramienta que discurso, a darle tiempo a sentir seguridad en su juego y a aprender la mejor forma de dañar al contrario con sus facultades. Si el equipo aglutina juego en izquierda entre Marcelo, Hazard o Kroos, oportunidades y balones no le van a faltar, e incluso con espacio para optimizar sus intervenciones. Hasta ahora no ha demostrado, ni de lejos, el potencial que sí nos enseñó Asensio. Pero con el balear en stand by, el carril está disponible para Vinícius, siempre que club y entrenador confíen en su proyección más que acudir al mercado a buscar una pieza que ocupe la viuda banda derecha del equipo blanco.

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