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Pere Pons con Garitano

Parece que en Menditzorrotza han cambiado las cosas sin llegar a cambiar del todo. El fondo más que la forma. La llegada de Asier Garitano promete mantener la base de juego que había aunque con un modo de entenderla distinto. En otras palabras, el 4-4-2 no se va a mover de Vitoria, pero no se va a desenvolver de la misma manera. Con Garitano no solo ha cambiado el foco sino también la luz. El constante flujo en el episodio de altas y bajas no permite determinar, no lo que es, sino lo que puede llegar a ser el Alavés de Garitano en La Liga. En este baile de nombres que van dando cuerpo al nuevo proyecto, Pere Pons tiene un sitio especial.

La incorporación del de Sant Martí Vell tiene todo el sentido del mundo. Para él y para Garitano. Sin embargo, este curso, en el Girona de Eusebio, no se ha visto el mejor Pere Pons. El pivote destacó más por su polivalencia que por sus virtudes. El técnico de La Seca declaró a mitad de temporada que le estaba gustando cómo respondía Pons a diferentes estímulos tácticos que iba observando. El catalán ya empezó la temporada como un elemento contracultural en el fútbol del vallisoletano y tuvo que luchar contra la indecisión táctica de su entrenador.

El fútbol del ex del Girona va a dar sentido a la estructura de Garitano.

De entrada, con Garitano esto no va a pasar. El fútbol del técnico vasco no depende tanto del jugador como el de Eusebio, siendo más especulador que proactivo con el balón. En esta línea, Pons gozará de libertad para explotar su capacidad defensiva e incidir en la transición ofensiva. El catalán es una pieza de muchos recursos en campo propio. Su agilidad y fortaleza física le permite ser eficaz en el contacto y en la cobertura, convirtiéndole en un gran recuperador desde su propia condición física pero también desde su lectura sin balón. Posee un sentido posicional vital como pivote defensivo, más relacionado con el corte que con el pase, con la recuperación que con la tentativa de pérdida.

El orden sin balón antes que con él, porque con el esférico es más bien descontrol. El ex de Girona tiene una conducción que puede coger un ritmo casi imparable; una alternativa puntual para romper líneas, un argumento sólido para el contraataque, con espacio por delante. Una característica, la conducción, que necesita de unos metros para impulsarse, de una pista de despegue para coger fuerza. Como actor menos dependiente del balón, Pons se adapta a distintos escenarios y esto le hace, por lo tanto, menos arraigado al contexto futbolístico que le planteen sus compañeros. Siempre suma y, en el fútbol de Garitano, nos atreveríamos a decir que más.

El catalán posee recursos defensivos como recuperador destacado y también ofensivos, aunque en menor medida.

Pons debe ser esa pieza que compense sin balón al responsable de organizar al equipo desde el esférico. Debe ser ese jugador troncal en el esquema por hacer muy bien lo que debe hacer pero también para dar cosas diferentes en un rol llano. La unión entre Pere Pons y Asier Garitano es una buena noticia para La Liga y para un Alavés a la expectativa del nuevo grupo que lo represente. Ahí, el nuevo jugador babazorro deja poco espacio para la duda.

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