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Hermoso como herramienta y la duda de Diego Simeone

No cabe duda de que gran parte del éxito del libreto de Diego Pablo Simeone en el Atlético de Madrid ha sido su capacidad para crear un sistema defensivo de élite. Con su punto álgido en aquella emocionante temporada 2013/2014, generó uno de los bloques más compactos de la élite, siendo probablemente el equipo que más y mejores automatismos defensivos proponía en el panorama europeo. Líneas muy juntas, concentración máxima y ayudas constantes bien planificadas para cerrar todas las puertas que el adversario pretendiera abrir para colarse hasta la portería. Para ello, el entrenador argentino siempre ha preferido contar con zagueros centrales con características muy precisas, que entendieran bien el plan y lo ejecutaran con convencimiento. Porque a partir de su desempeño se comenzaría a cimentar el resto de mecanismos que se traducirían en una también efectiva transición ofensiva que redondeara la estrategia global.

El Cholo Simeone ha confiado siempre para su Atlético de Madrid en un tipo de central muy concreto, diferente a lo que hoy es Mario Hermoso.

Diego Godín, Joao Miranda y José María Giménez han sido los principales protagonistas de dicho sistema defensivo. Tres centrales con carácter y personalidad, aspectos fundamentales para fundirse con la idea de equipo del Cholo. Y con su forma de defender. Pues su Atlético más competitivo, al menos con continuidad, ha marcado la diferencia defendiendo en bloque bajo, frenando al rival cerca del área y después ajusticiándolo al contraataque. Para ello, por tanto, precisaba de centrales de área que conocieran dicho terreno y supieran todos los trucos descritos que los delanteros podrían intentar idear para desbordarles. Fuertes físicamente, con una colocación excelente y una gran agresividad para el corte, ya fuera por bajo o por alto. Ahí, en el juego aéreo, han aportado además un plus tanto para bloquear absolutamente el juego en largo o los centros laterales del rival como para incluso aportar cierta cuota de gol, tanto en cantidad como en puntualidad en momentos de máxima exigencia (Godín en Lisboa o en el Camp Nou, Miranda en el Santiago Bernabéu) en la parcela ofensiva.

Es de valorar el desvío en aquel Atlético de Madrid que ha diseñado Simeone en las últimas temporadas. La adquisición de importancia fundamental en el juego de centrocampistas de buen pie como Saúl Ñíguez o Koke Resurrección, el crecimiento como proyecto ganador del club y, sobre todo, la irrupción como estrella del equipo de un jugador de perfil tan asociativo como Antoine Griezmann, nos han mostrado unos caminos ciertamente dispares, con una predilección mayor por el control del partido a través del balón y una búsqueda de dominio cada vez más en campo contrario, con el delantero francés como máximo exponente de lo citado. Al jugar más lejos del área propia, el bloque se hace más largo y aquellas facultades tan apropiadas para construir un área inexpugnable que tenían sus centrales dieron síntomas de precisar una actualización que les permitiera defender más lejos de su arco y, si de subir la apuesta se trataba, de participar activamente en la generación del juego ya desde los primeros pases, algo que los centrales sudamericanos que tanta superioridad habían mantenido para destruir juego rival, no habían demostrado ni en el Vicente Calderón ni en el Wanda Metropolitano.

Mario Hermoso supone por tanto una modernización en esa posición. Su nivel se ha contrastado en su gran temporada en el RCD Espanyol de Rubi, y ahora da el salto definitivo para tratar de demostrar que puede ser un central importante en el fútbol español. Simeone dará el mando de su defensa a Giménez, y junto a él debe decidir qué otro central forma su pareja de referencia. Pues, junto a Mario, ha llegado Felipe, un defensor más cercano a los movimientos defensivos de Godín que al update que podría suponer el español. Hermoso, desde el central zurdo, puede permitir al Cholo defender a 20 o 30 metros de su área con solvencia, pero también cumplir en el repliegue si se ve acompañado por el uruguayo o el brasileño. Pero quizás lo más interesante y diferencial que puede aportar el canterano del Real Madrid llegue a la hora de contar con la posesión de la pelota.

Desde que llegó al Atlético de Madrid, Simeone no ha tenido piezas para construir una salida de balón que le permitiera controlar el partido desde los primeros pases.

La temporada pasada, Mario Hermoso promedió 50 pases por partido con un 84% de acierto, 15 pases más que Godín o Giménez comparando sus actuaciones en La Liga Santander. Está clara la sensibilidad con el pase del nuevo central del Atleti, algo con lo que Simeone nunca ha contado y que ahora puede utilizar para según qué contextos. Pues con Hermoso en la plantilla podría variar su plan ya desde la elección de la pareja de Giménez en el eje de la zaga. En situaciones donde se requiera agilidad en la circulación y un ritmo alto en el juego, Mario puede ser ideal a la hora de iniciarlo y darle continuidad, ordenar la participación de la siguiente línea donde se moverán piezas como Koke, Saúl o Herrera y, como pase más estimulante, buscar entre líneas a un Joao Félix que podrá trazar movimientos similares a los que realizara Griezmann en su trayectoria como enlace del juego colchonero. En definitiva, ser una herramienta para diseñar un plan protagonista con balón para cuando su entrenador lo requiera. Y es que es ahí donde puede radicar el mayor o menor éxito de Hermoso en el Atlético de Madrid, en la respuesta de Simeone a la pregunta que se viene haciendo en las últimas campañas, que no es otra que la duda de si quiere competir y ganar dominando en campo propio o en campo rival.

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