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Los tres centrales de Zinedine Zidane

Los esquemas formados por tres centrales están constituyendo una pequeña revolución en el fútbol contemporáneo al ser probablemente el sistema de moda al menos en las grandes competiciones. Muchos entrenadores han optado por su uso, y cada uno lo ha interpretado según sus principios. No es posible equiparar en La Liga al Real Betis de Quique Setién con el CD Leganés de Mauricio Pellegrino, ni tampoco a éste con aquel Chelsea campeón de Antonio Conte, que ahora parece quiere implantarlo también en su renovado Inter de Milán. Aunque no en todos los casos es así, en muchos de ellos sí podemos advertir el origen de su elección. En ocasiones, ha aparecido como recurso ante una mala evolución táctica del equipo para solventar una serie de problemas estructurales que estaban haciendo decaer el nivel competitivo del mismo. En definitiva, cimentar el sistema desde atrás, aprovechando los beneficios que la defensa con tres centrales aporta desde su implantación, sobre todo a nivel defensivo neto y de salida de pelota.

El sistema de tres centrales permite facilitar una serie de mecanismos, pero a cambio requiere una serie de piezas muy específicas en la plantilla.

Sin embargo, para llevarlo a cabo se requiere algún perfil de jugador concreto a disposición del técnico en su plantilla que no siempre posee y cuyas características son fundamentales para el buen funcionamiento de la nueva idea. De esta manera, se podrían echar de menos centrales con buena salida de balón, carrileros con profundidad y capacidad física para cubrir toda la banda y piezas ofensivas con cierta autosuficiencia para suplir el menor volumen de compañeros con los que contar para cada ataque al sumar más jugadores en campo propio a nivel de esquema. Y, para poder contar con ellos, se necesita una planificación deportiva muy ajustada para buscar estos perfiles en el mercado y en la cantera, así como para seleccionar dentro de la propia plantilla aquellos más dotados para ejecutar el plan. Porque, además, la configuración habitual de un plantel en muchas ocasiones no suele disponer de jugadores tan específicos, siendo complejo extraerlos de la nada para edificar movimientos y automatismos que de verdad acaben siendo de un nivel suficiente como para vencer los problemas que sugirieron a su entrenador apostar por este sistema.

11 de marzo de 2019, Zinedine Zidane ya lo apuntó: «Vamos a cambiar cosas. Tenemos tiempo.»

En el partido de pretemporada contra el Red Bull Salzburgo, Zinedine Zidane sorprendió con su apuesta por un dibujo con tres centrales. Aunque ya comentó a su vuelta al banquillo blanco de su intención de variar planes y esquemas, hasta este momento se había movido siempre en planteamientos más propositivos y combinativos. Sin embargo, ni los resultados ni, sobre todo y más importante en la fase de preparación, las sensaciones, estaban cerca de un mínimo aceptable para iniciar con confianza una nueva y muy exigente temporada. Al equipo le faltaba frescura, ilusión, fútbol. Aparenta proyecto finalizado que pide otras caras y otros caminos. En los encuentros de pretemporada se fueron vislumbrando los diferentes déficits competitivos que presenta el Real Madrid, capitalizados por una inadecuada ocupación de los espacios, un ritmo de circulación bajo e intermitente y una falta de clarividencia y profundidad en ataque que fueron confluyendo y ocasionando la rotura del sistema, ya fuera 4-3-3, 4-4-2 o 4-2-3-1. Al final, el resultado era un equipo larguísimo con dificultad para avanzar en bloque hasta asentarse en campo contrario en ataque posicional, para desbordar e intimidar a la defensa rival, y, de vuelta, una impotencia y frustración palpable a la hora del retorno en transición hacia el área de Courtois. Y Zidane, lejos de encontrar respuestas ni desde lo individual ni desde los ajustes tácticos, decidió virar ya no el sistema, sino directamente el estilo.

Frente al Salzburgo y después contra la AS Roma pudimos examinar el desempeño blanco en el 3-4-1-2 que dibujó el técnico francés. Un examen claramente deficitario, y por varias razones, más allá de la ruptura con los principios habituales a nivel de juego de un club de esta grandeza. El Madrid ejecutó un plan netamente reactivo. La obsesión por mejorar el rendimiento defensivo llevó a Zidane a salir con de cinco a seis jugadores de corte defensivo en el once. Con ello, el avance con balón hasta competir en campo rival se hizo más cuesta arriba aún, más allá de alguna heroicidad de Marcelo, un giro de Luka Modric o una cabalgada salvaje de Álvaro Odriozola. A cambio, Zinedine buscó liberar por dentro a su gran estrella, Eden Hazard, para que protegiéndolo del esfuerzo defensivo pudiera disponer lo que se antojara y en la zona del campo que mejor le pareciera según cada jugada. En definitiva, darle galones de director del ataque blanco. Sin embargo, de esta forma, el belga también se aisló del juego, pues echó en falta compañeros con los que asociarse para avanzar y desbordar, más allá de un Karim Benzema con el que se entiende de maravilla, algo de esperar y de lo que sacar mucho rédito y junto con el que sufrió la frustrante soledad con la que debían construir cada ataque. Porque, aunque Zidane trató de acercarles el balón con cierta continuidad pinchando detrás de ellos a un mediapunta -Isco contra el equipo austriaco y Modric frente al italiano-, la precaria salida de balón dentro de un sistema tan especial que no ha tenido tiempo de pulir exigió a español y croata su presencia en campo propio para ayudar en estas labores, partiendo aún más el equipo y sobrecargándoles de un esfuerzo físico que podría aportar mayores beneficios de realizarse en la frontal del área rival. Y, mientras tanto, sin conseguir la solidez defensiva deseada para la que se estaba invirtiendo más volumen que estrategia.

A falta de escasos días para el debut liguero contra el Celta de Vigo, no parece clara la hoja de ruta del Real Madrid a nivel táctico.

Y el sistema en sí no es el problema, claro. Como se ha comentado, numerosos equipos han rendido a un altísimo nivel con él. E incluso hay piezas dentro de la plantilla merengue que podrían beneficiarse del mismo, como hemos visto en un liberado Marcelo que a su mayor nivel podría condicionar cada partido desde la posición de carrilero izquierdo. También Odriozola desde el otro costado, o figuras desequilibrantes como Hazard, Isco o Modric por dentro. Sin embargo, el global de la plantilla no está preparado ni en cantidad ni en calidad para apostar de verdad por un dibujo así. Aunque también es cierto que los pensamientos de Zidane para su nuevo proyecto incluían para su vestuario incorporaciones clave para proponer otra cosa. Algún centrocampista llegador y con presencia en área rival y un extremo derecho parecen puestos claramente a reforzar que por el momento no han llegado y que parecen estar condicionando al francés a buscar de forma casi desesperada otros caminos que por el momento no terminan de clarificarse cuando el pitido inicial de la temporada está a punto de producirse.

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