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Los caminos de Ernesto Valverde

El año III de Ernesto Valverde está bajo sospecha. Ya no por lo acontecido el pasado curso, sino por una sensación que parece haber emborronado a propios y extraños en los que cada movimiento que, desde la pizarra, hace el Txingurri tiene tintes negativos. En San Mamés el FC Barcelona jugó un partido grisáceo y envuelto en todo aquello de lo que se quería huir al terminar la 18/19. Y sin Messi, todo es siempre más difícil. El Barça tiene ante sí un reto complejo; renovarse.

Valverde ha ido pasando por muchos caminos a lo largo de estas dos temporadas, en los que ha vestido distintas pieles. Pero llegados a este punto podemos decir que el FC Barcelona más reconocible, el que más se ha asemejado a lo que Ernesto ha buscado, ha sido el de su primer año que, a pesar de tener limitaciones técnicas y carencias en lo individual, fue un bloque compacto y en donde Valverde supo recomponer el ánimo caído tras la marcha de Neymar Jr y la Supercopa de España frente al Real Madrid. Recosió al equipo y le dio una identidad que, con Messi y Ter Stegen, marcó diferencias. Pero Europa exigía un paso más.

Su siguiente curso Ernesto Valverde arrancaba con la tarea, difícil, de acomodar el talento de todas todas. Dembélé y Coutinho debían jugar. ¿Cómo? Apáñatelas, le soltaron. El 4-3-3 asimétrico de su primer año pasó a ser un 4-3-3 más clásico, en el que el costado izquierdo lejos de ser un filón para los azulgrana terminó siendo un problema. Era imposible repartir tareas, roles y trazar caminos entre Jordi Alba, Coutinho y Dembélé sin que se pisaran y salieran perjudicados. Así pues, brasileño y francés pasaron a competir por una plaza de titular en la tripleta atacante. Hubo más grises que claros en estos meses y al final el carioca ha terminado poniendo rumbo a Múnich. Lo que ha quedado claro es que Valverde, de momento, no ha sido capaz de potenciar el talento y que se he ha visto más cómodo cuando ha tenido que manejar un equipo más austero. Pero este año el reto es doble.

El Barcelona se ha movido en consonancia a sus dificultades y carencias, entendiendo el mercado estival como no solo una oportunidad, sino una obligación. Messi no es eterno, y esto espanta. De Jong y Griezmann son talento contrastado -a pesar de la precocidad del holandés- y el Barça venía demandando cotas de responsabilidad, jerarquía y talento diferenciales. Que en las noches grandes las miradas no cayesen siempre a los mismos. Y, por lo tanto, con la llegada de dos titulares que van a dotar al equipo de mucha ductilidad táctica, ampliarán el abanico de opciones sobre el verde, sobre todo el neerlandés. Es un jugador por moldear y descubrir. Y eso es excitante.

Valverde ha venido dejando pistas durante la pretemporada, unas que se confirmaron en el debut liguero. Las suplencias de Busquets y Rakitic y las ausencias de Arthur y Vidal dibujaron un centro del campo muy dinámico y agresivo en el que, sobre el papel, debía ser el antídoto a la presión adelantada de los bilbaínos. Con De Jong jugando de pivote, tanto Roberto como Aleñá, jugando a pierna natural, aguantaron su posición pero a 25 metros de Frenkie y lo que, en teoría, debía ser una ventaja en salida terminó siendo un ahogo. Una tortura. Pero ahí ya se vieron las intenciones del extremeño situando dos interiores enfocados hacia el último tercio, barriendo la salida de jugadores, porque De Jong se vale solo, buscando verticalizar.

El III año de Ernesto viene marcado de antemano por las prisas y la necesidad de cambio. Debe tocar teclas, reajustar roles y buscar nuevas soluciones, pues lo del primer año -que en mi opinión fue lo más relevante que ha hecho el técnico extremeño- ya no sirve. A expensas de lo que termine sucediendo -si es que sucede algo- en el mercado veraniego, el FC Barcelona ha ganado, por fin, talento y jerarquía sin ser «moneda de cambio». Es decir, no se ha ido «un Iniesta o un Neymar». Se ha mantenido el bloque y se le han sumado bisagras que suenan a argumento ganador.

Aún sin entrar en análisis exhaustivos, pues las fechas y los partidos no lo permiten, las intenciones del técnico van en relación a un juego más agresivo y vertical, buscando avanzar de forma rápida con De Jong en la base y con un Griezmann, que no se vio en Bilbao, que ordene el ataque y lo dinamice desde su primer toque prodigioso. A falta de ver qué encaje tendrán Arthur/Vidal -suponiendo que Rakitic tendrá más minutos- Valverde va dejando pistas sobre qué Barça podemos ver, o qué Barça quiere construir en su enésimo esfuerzo. Desconociendo, aunque intuyendo, el encaje de Messi con Griezmann y Suárez y ver el rol de Ousmane, este Barça echa a rodar en La Liga con la certeza de que Ernesto deberá ajustar y tocar muchas cosas que hasta la fecha no había hecho. La piel de cordero con la que llegó ya no le sirve. El castillo de naipes es ahora más débil que hace un año, y solo falta un golpe de aire para que se caiga todo. Pero Messi, Leo, todo lo aguanta.

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