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Otra vuelta al caso Gareth Bale

El Real Madrid ganó el primer partido de La Liga en su debut en la misma amplificando uno de los principios fundamentales del fútbol: la competición no es comparable a los encuentros amistosos. El equipo, desde el entrenador hasta los jugadores, se había encargado en las últimas semanas de repetirlo hasta la saciedad, en parte con razón y en parte también para tapar las insatisfactorias sensaciones que estaban transmitiendo en los partidos de preparación, que apenas vislumbraban avances ni en lo táctico ni en lo individual. Contra el Celta de Vigo, el conjunto blanco tiró de oficio, se ordenó sobre el campo y, a partir de unos mínimos, superó a su rival en el cómputo global tanto a los puntos como a los goles. Todavía sin suponer una importante evolución, resultados así probablemente ayuden a Zinedine Zidane a construir su nuevo proyecto, consciente ya además de que difícilmente la plantilla va a sufrir modificaciones y de que va a tener que contar, más tarde (James Rodríguez) o más temprano (Gareth Bale titular el sábado) con piezas que en un principio, allá por mayo y junio, prefería ver fuera del equipo.

El Real jugó con un sistema reconocido y simétrico que le ayudó a ejecutar todas las fases de juego, al menos, desde el orden posicional.

Zidane propuso un 4-3-3 clásico en el que sus jugadores se dividían los espacios de forma armónica y simétrica y que, además, facilitaba y potenciaba la labor de cada uno de ellos al usarlos, simple y llanamente, donde más cómodos se sienten. A eso ayudó la titularidad de Gareth Bale, que ocupó una banda derecha huérfana durante todo el verano desde la lesión de Marco Asensio, y que había impedido al técnico francés optimizar recursos por ese lado. En el costado izquierdo la oportunidad fue para Vinícius Júnior y, ambos, contribuyeron de forma meritoria a cerrar espacios en defensa, arrimar el hombro y dificultar el avance del Celta pegado a la cal. El compromiso fue tal que pudimos ver a los dos defendiendo a la altura de su lateral, completándose un ejercicio defensivo global que sí da muestras de poder extenderse en el tiempo y constituir un aval competitivo importante.

El conjunto vigués contribuyó en parte a este buen rendimiento a partir de un estrechamiento de su sistema, el cual, aunque interesante, dejó a deber una falta de amplitud y profundidad que deberá ser analizada por Fran Escribá. Con Fran Beltrán y Stanislav Lobotka encargados de la salida de balón, el Celta juntó en el campo a Brais Méndez y a Denis Suárez y los situó en la zona de mediapuntas, y a pierna cambiada, iniciando sus movimientos cerca de la banda pero interiorizando su zona de influencia cada vez que recibían el balón. De esta manera, podían juntar muchos hombres por dentro para generar superioridad frente a la línea de tres madridista y, de hecho, en ocasiones lo logró. Sin embargo, echaron de menos un punto más de clarividencia de Kevin Vázquez y Lucas Olaza desde los laterales para desbordar de alguna manera a unos Marcelo y Odriozola poco contundentes, siendo más acuciado el caso del vasco. Solo Suárez con conducciones prodigiosas y Aspas con desmarques inteligentísimos rompían el ritmo, estando a punto de dejar constancia de ello en el marcador. Algo que les fue negado por el trío que formaron Varane, Ramos y Courtois y posteriormente castigado por la puntualidad goleadora de Toni Kroos en Balaídos.

Gareth Bale marcó las diferencias en la primera parte y dio al Madrid el plus que necesitaba para intimidar en campo rival.

Aunque, a decir verdad, quien verdaderamente permitió al Madrid dominar el electrónico fue la presencia de Bale en el once. Está más que repetido y reforzado que, disfrutando de un estado físico solo aceptable, es uno de los atacantes más influyentes e imparables del planeta. El sábado, sin llegar a completar una exhibición, volvió a demostrarlo y a mostrar que su equipo necesita como el comer alguna referencia ofensiva de este nivel. Desde la banda derecha, condujo y atrajo marcas, apoyó el juego interior, corrió al desmarque y desde parado, y cubrió todo el ancho del campo haciendo exactamente lo que la jugada pedía, ofreciendo ventajas a sus compañeros para que el plan de verdad saliera adelante. Su equipo tuvo problemas para avanzar con el balón en bloque e instalarse en campo contrario, exceptuando unos minutos finales con la entrada de Isco en los que se juntaron en banda izquierda como allá por 2017, y sin el galés esto habría sido un problema de difícil solución. Pero con él a ese nivel, la amenaza siempre está presente y su contribución para con el juego supone un plus al que agarrarse. La duda de siempre no debe obviarse, la inseguridad sobre si se puede posar sobre un jugador tan frágil física y motivacionalmente hablando todo un proyecto de campeón. En esta primera jornada de Liga desde luego pudo, mientras esperan la confirmación de que en la otra banda también puedan contar con un baluarte de peso similar, un Eden Hazard cuya adaptación al campeonato y a sus compañeros se ha visto lamentablemente frenada por una lesión y que con el galés podría formar un tándem fabuloso.

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