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Bendito problema

La llegada de Maxi Gómez, el buen rendimiento de Kevin Gameiro y la figura de Rodrigo hacen que Marcelino tenga un ‘problema’ -ya nos gustaría a todos tener este tipo de problemas- en la delantera. Tres delanteros, perfiles diferentes y muchas variantes que van a permitir al Valencia adaptarse al rival y a según qué contexto de partido se encuentre. Y todo esto en un año que, para el conjunto che, es muy importante: después de ganar la Copa del Rey, asentar el proyecto deportivo y volver a competir en Champions. Curso clave.

La incorporación de Maxi Gómez permite a Marcelino tener una variante ofensiva más que interesante para su juego directo y, sobre todo, para potenciar a Rodrigo. Porque el uruguayo es un jugador que, en gran parte de las ocasiones, le va a costar seguir las transiciones directas. Pero, de otro modo, puede influir y mejorar estas. A Maxi le puedes lanzar cualquier tipo de cosas, que él lo baja todo y, posteriormente, crea segundas jugadas. Y ahí, puede dejar de cara para Parejo para poder lanzar el contragolpe con velocistas como Guedes, Rodrigo y compañía, y que él pueda acompañar la jugada en segunda línea. Si el Valencia está asentado en campo rival -ataque posicional-, es donde aparece la fórmula para potenciar a Rodrigo Moreno. Porque lo que necesita el delantero español es un ‘9’ que fije centrales para que él pueda tener mucha más libertad en tres cuartos. Es ahí donde puede ser más peligroso, caer a ambas bandas si es necesario, aparecer entre líneas y llegar más y mejor al área rival. Maxi y Rodrigo estaban destinados a encontrarse. Uno para salir lo mínimo posible del área rival -donde es letal- y el otro para tener más espacios en los que pueda serlo.

En un binomio que parecía perfecto ha aparecido un tercer actor en escena con capacidad para condicionarlo todo.

Pero durante la pretemporada, y también en la primera jornada, apreció una pieza que posiblemente no estaba llamada a tener un papel protagonista: Kevin Gameiro. El delantero francés quiere hacerse un sitio en el once de Marcelino. El galo consigue aportar variantes y soluciones que ni Maxi ni Rodrigo tienen: rupturas al espacio y buscar constantemente la espalda de la defensa rival. En estos aspectos, Gameiro puede ser clave. Si a esto sumas su finura cada vez que entra en contacto con balón, se convierte en un jugador a tener en cuenta. Y ante la Real en la primera jornada fue de los mejores del equipo. Se descolgaba para ofrecer apoyos y jugar de cara, se giraba, atacaba el espacio, buscaba la espalda de la defensa y, todo esto, acompañado de un excelente toque cada vez que tenía el control del cuero.

Marcelino tiene a su disposición tres delanteros de alto nivel. Tres jugadores que van a venir muy bien para asentarse en la élite del fútbol, primero en La Liga y luego en Champions. Porque los perfiles con los que cuenta en la parcela ofensiva, todos muy complementarios entre sí, le ofrecen un sinfín de variantes para reforzar el sistema. Pero en el 4-4-2 base del técnico asturiano solo caben dos en el once titular. Marcelino tiene un problema, pero bendito problema.

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