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El asentamiento y el vértigo en Mánchester

Pep Guardiola siempre ha tenido y presentado un estilo de juego muy particular, marcado por varias claves que dieron una vuelta de tuerca al entorno futbolístico. Su forma de ver e interpretar los trazos del balón sobre el verde ha ido evolucionando en con el paso de las temporadas y vivencias en sus respectivos equipos. En el actual punto de la partida nos encontramos con un City doble campeón de Inglaterra y con la firme intención de seguir dominando con mano de hierro el campeonato británico. El técnico catalán hizo especial hincapié en la contratación de un mediocentro posicional en este mercado estival y sus deseos se hicieron realidad. Rodrigo desembarcó en el lado celeste de la urbe mancuniana para convertirse en uno de los ejes vertebradores del torrente futbolístico que viaja a la velocidad de la luz por la cabeza del entrenador. Junto con el español, un belga conforma la otra pieza clave para que el plan de juego de este Manchester City se pueda completar con acierto. Si Rodrigo es el engranaje que permite asentar la posesión, Kevin De Bruyne es el vértigo necesario para acelerar y convertir dicha posesión en dañina de cara a la portería rival.

El tiempo es una variable que afecta a todos los cuerpos, sean estos inertes o no. Fernandinho no es una excepción, y a cada temporada que pasa su funcionalidad en el terreno de juego se reduce. Rodrigo llegó para ocupar la demarcación del brasileño, pero no para sustituirle, sino para mejorar las prestaciones que Fernandinho había ofrecido hasta la fecha. En el duelo de la segunda jornada de Premier League pudimos ver una gran versión del ex del Atlético de Madrid. Después de haber jugado durante su corta trayectoria como profesional siempre formando en un doble pivote, en el City actúa solo. El ritmo de la Premier League, sumado a tener que acostumbrarse a jugar sin un compañero con el que comparta responsabilidades, le colocaba fuera de su zona de confort completamente, pero su enorme calidad y serenidad sobre el campo están volviendo a sorprender. Ante los Spurs rara vez se le presenció fuera de sitio. Rodrigo posee una innata habilidad para ubicarse donde va a darse una disputa de balón o donde él cree que puede aprovechar una posible ventaja, por eso consigue robar una gran cantidad de balones. Él hace buena la gran presión colectiva siempre característica de los equipos de Guardiola.

Kevin De Bruyne es el vértigo necesario para acelerar y convertir esa posesión en dañina de cara a la portería rival.

Si siendo un centrocampista que destaca por su gran trato de balón consigue mejorar al colectivo sin estar en posesión de este, sus cualidades se multiplican cuando el City es el poseedor del cuero. El conjunto dirigido por el técnico de Santpedor casi siempre busca progresar otorgando ventaja numérica al poseedor del balón. Para ello atrae lo más cerca de su portería posible la presión rival para que, una vez superada, se pueda transitar con ventaja y espacios. Antes de ese momento, el momento Kevin De Bruyne, Rodrigo habrá sido clave. El centrocampista español aúna serenidad y calidad tan proporcionalmente que le hacen ser pieza clave a la hora de dar sentido al balón cuando se está bajo una fuerte presión. Todos sus primeros toques están bien planteados y sorprendentemente bien ejecutados pese a tener que ser jugados en situaciones delicadas y de un evidente riesgo. Rodrigo es ya, tal y como se esperaba, pieza fundamental en este City habiendo transcurrido tan solo dos jornadas de Premier League. Sus múltiples cualidades con y sin balón permiten asentar al equipo con balón e iniciar con espacios el vértigo a los hombres de arriba, capitaneados por Kevin De Bruyne.

El jugador belga es el otro extremo del juego practicado por el Manchester City. Para que los riesgos tomados en la salida de balón desde atrás cobren sentido y sirvan para poner en aprietos al contrario, los espacios generados deben ser aprovechados de forma inteligente. El ser el gran representante del vértigo en este equipo no significa que De Bruyne no piense el fútbol. Es más, su mayor virtud reside en pensar y ejecutar tan rápido y certero que casi siempre resulta dañino. Su exquisita conducción de pelota, unida a una toma de decisiones altamente efectiva y a un golpeo de balón enormemente certero, convierten a Kevin De Bruyne en indispensable para Guardiola en el campo. Como interior junto a Gündogan consiguió dividir a la defensa del Tottenham sabiendo aprovechar el espacio que se generaba entre central y lateral. Atacó esa zona sin descanso y por ahí llegaron los dos precisos envíos que se convirtieron en los dos goles del conjunto cityzen. Si el balón pasa por los pies del que fue capitán del equipo ante el Tottenham todo lo demás cobra sentido. A todo lo que tiene que ver con la propia calidad del jugador hay que sumar su capacidad para echarse el equipo a las espaldas. Asumir el lanzamiento de los balones parados y tener el carácter suficiente como para jugarse alguna acción ofensiva sabiendo que puede resultar muy punzante para el contrario. Cuando el partido se pone en un punto difícil, el balón pasa más tiempo al amparo de las botas del belga.

Rodrigo posee una innata habilidad para ubicarse donde va a darse una disputa de balón o donde él cree que puede aprovechar una posible ventaja.

Como no podía ser de otra forma, los dos engranajes capaces de engarzar la maquinaria del nuevo dominador inglés se encuentran en el centro del campo. Rodrigo y Kevin De Bruyne dan sentido al juego encadenando las dos fases que Guardiola ha instaurado como bases de su forma de jugar en Inglaterra. Ante equipos como el Tottenham, que van a presionarte cuando se encuentran por debajo en el marcador, Rodrigo hace de asegurador del balón e imán de marcas para liberar sin grilletes a los correcaminos que posee arriba el City. Entre todos ellos, Kevin De Bruyne destaca por aportar siempre la decisión acertada dentro de ese caos y obligación a ejecutar rápido.

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