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El Celta de Escribá en torno al balón

El Celta de Vigo continúa con su reformulación tras una complicadísima temporada 2018-2019. Durante este verano de fichajes ha pretendido volver a sus raíces, tratar de mantener aquellos símbolos que le han mantenido en la élite y, a la vez, devolver a casa a otros que marcharon pero que transmiten cierta capacidad para rendir a un nivel más cercano de su techo en el estadio de Balaídos, algo que sonará familiar a la parroquia celeste merced al icónico caso de su gran estrella, Iago Aspas. Y, en este proceso, se confió primero en Fran Escribá como director del vestuario y también por un estilo de juego fresco y combinativo a través del cual buscar el control global de los partidos. En la primera jornada de La Liga ya mostró cierta evolución en este sentido, pero ha sido en esta segunda cuando lo ha podido ejecutar con mayor continuidad y acierto ante un Valencia cuyo proyecto está sufriendo un leve (como mínimo) tambaleo.

Escribá supo ordenar a los suyos en torno al balón y, a partir de él, pudo adueñarse del control posicional durante el partido.

Durante la práctica totalidad de los 90 minutos, el Celta tuvo una relación muy fluida con la pelota. Y lo consiguió merced a un sistema bien planificado y muy simétrico, copado por jugadores con muy buen pie. Y que, sobre todo, ocupó los espacios de una manera excelente para favorecer la circulación del balón y generar caminos por los que poder ir avanzando con seguridad hacia el área rival, sin especular ni negociar verticalidad, siempre que dar ese paso no supusiera un riesgo excesivo a una pérdida que pudiera hacerle daño en transición defensiva. Para ello, Escribá formó un 4-4-2 plagado de matices que le dieron un aspecto moderno y funcional, a la vez de transmitir muchas horas de trabajo y conversaciones. Un esquema que desarrolló varias parejas que pueden explicar el buen rendimiento que ofreció, y que lo diferenciaron del dibujo de su rival que, aunque también se podía explicar desde el 4-4-2, careció de la versatilidad del celeste y por lo cual se quedó corto para superarlo.

El Celta avanzaba junto y desde la salida de balón desde atrás. Beltrán bajaba entre centrales, y los laterales, claves para la mejora del equipo con respecto al partido frente al Real Madrid, subían unos metros para ensanchar el sistema. Por delante se movía Lobotka para ser el siguiente escalón. Las bandas las ocupaban sobre el papel Brais Méndez y Denis Suárez a pie cambiado, con el mensaje claro de interiorizar su posición y sumar hombres a la circulación de balón, aunque siempre ayudando a su lateral a avanzar mediante el apoyo al poseedor. El factor diferencial, claro, tenía que ser Iago. El capitán se movía en la mediapunta con libertad tanto para enganchar como para caer a una banda. Sus contactos mejoraban la jugada y le daban la velocidad necesaria para desbordar la defensa che, y su complicidad con Denis y Brais siempre aventuró peligro. Un Denis Suárez que volvió a destacar por su verticalidad, regate y descaro, y que fue un puñal muy eficaz para rajar las líneas rivales y empujar al partido hacia el área de Cillessen.

Los laterales del Celta van a ser claves para que el sistema que propone Escribá no quede demasiado estrecho.

Kevin y Olaza, desde los laterales, ayudaron de manera indirecta al dominio del contexto con balón de sus compañeros en la medular. Elevando su altura y ensanchando el campo, permitían a los tres mediapuntas poner en superioridad a su equipo frente al centro del campo del Valencia, ocupado por Parejo y Kondogbia, y que echó en falta los apoyos de una pieza tan específica como fundamental en el funcionamiento reciente del conjunto como es Rodrigo Moreno, que partió desde el banquillo. Pero es que, además, tuvieron motor para incorporarse al ataque tanto para servir balones al área como para tirar del bloque hacia arriba, hasta tal punto que la pérdida de balón se podía gestionar desde un control posicional claramente favorable.

Porque, en salida, el Valencia encontró siempre problemas. Dani Parejo volvía al once, y eso siempre debe suponer una optimización para ese puesto y para esa labor. Sin embargo, sus mejores minutos no llegaron hasta el final del encuentro, cuando el Celta dio un paso atrás y él pudo distribuir a un lado y a otro plantado en campo rival. Aun así, le faltaron siempre socios para convertir esa posesión en realmente relevante, y especialmente esa conexión vertical con Rodrigo que tanto rédito ha dado a Marcelino y de la que no pudo disponer para intimidar a un Celta que da un paso importante para constar como equipo dominante con balón y que debe pensar desde ya en mejorar los mecanismos de defensa de su área, algo que podría cortar la tan estimulante evolución que está teniendo en estos primeros compases de la temporada.

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