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Roque Mesa como eje medular del Leganés

El fútbol siempre ha estado marcado –y seguirá estándolo– por el debate entre resultados y juego. No entraremos en él de lleno, pero sí planearemos a ras del mismo. Sin duda, los resultados son esenciales para dar estabilidad a cualquier proyecto, ya que el casi todo en el deporte se nutre de ellos. Sin embargo, el valor del resultado se puede difuminar con otros aspectos como la competitividad, la forma de jugar, la idiosincrasia… El equilibrio entre saber dotar a los resultados de su lógico valor y jugar con las demás variables es una virtud rara de encontrar, pero la paciencia aún anida en algunos puntos geográficos. Leganés ha vivido unos 24 meses de ensueño con un ascenso meteórico hasta la Primera División. Recién comenzada la presente temporada el equipo ocupa la penúltima plaza con cero puntos, siendo el único con el casillero vacío junto al Real Betis. Con dos jornadas disputadas las alarmas no se pueden disparar, pero es lógico que haya preocupación. Pese a todo, los 180 minutos de juego disputados en Butarque han dejado conclusiones muy positivas para los pepineros. Una de ellas, y quizá la más importante, es que poseen una medular que es el core del equipo, capitaneada por un Roque Mesa que da un salto de calidad indudable a la plantilla.

El Leganés puede permitirse tratar de controlar algunos encuentros y asumir el protagonismo con balón.

Mauricio Pellegrino tiene claro que el 1-5-3-2 es su sistema base. Un centro de la defensa bien poblado, con jugadores que van bien por arriba como Tarín, Siovas u Omeruo y complementado con dos carrileros de largo recorrido que, en un principio, son Jonathan Silva por la siniestra y Rosales por la diestra. Arriba dos delanteros veloces, capaces de ganar la espalda a la defensa rival con cualquier desmarque en ruptura. En-Nesyri y Braithwaite, con más generación que definición, parten como principales opciones en ataque. Llegamos al centro del campo y nos encontramos con tres jugadores que son clave en el entramado táctico de Pellegrino. El tridente Rubén PérezRoque MesaEraso (con el recurso añadido de Óscar Rodríguez), además de complementarse a las mil maravillas, se convierte en una de las medulares más a tener en cuenta de todo el campeonato. La experiencia de Rubén Pérez, capitán pepinero, hacen de él una extensión del técnico argentino en el campo. El ex del Atlético de Madrid es un pulpo como ancla en ese centro del campo, consiguiendo buenos porcentajes de recuperación de balón y presentando una toma de decisiones correcta a la hora de dar el pase correcto tras el robo de pelota para lanzar a los suyos. Eraso ocupa uno de los interiores, convirtiéndose en uno de los socios de Rubén Pérez, y siendo de los dos el que más capacidad y libertad para descolgarse presenta. El navarro es un incordio entre líneas para el contrario, ya que sus movimientos son tan impredecibles como efectivos, lo que hace de su llegada al balcón del área un aspecto difícil de defender.

Por último, nos encontramos con uno de los fichajes más sonados e importantes para la entidad desde que consiguió el histórico ascenso a La Liga. A Roque Mesa no se le presentaba un buen panorama en Sevilla, por eso se vio obligado a buscar una salida en busca de un club que le garantizara minutos y ser pieza clave. Pese al pequeño descenso de escalón que supone cambiar el Sevilla por el Leganés, su movimiento está muy bien planteado. Su calidad y experiencia contrastada le garantizaban ser un fijo para Pellegrino, y ante el Atlético de Madrid sumó su primera titularidad. Ante el conjunto colchonero se pudieron apreciar sus tremendas facultades para hacer jugar al Leganés. Cuando en este último duelo en Butarque el Atlético de Madrid parecía no soltar la posesión de balón –posesión bastante inocua, pero que no permitía a los locales hacer daño– el equipo se entonó en la presión en el centro del campo y el canario comenzó a ser protagonista con balón. En posesiones cortas, pero que solían llevar peligro, el Leganés metió cierto miedo en el cuerpo al equipo de Simeone, lo que provocó que los rojiblancos retrocedieran algo su posicionamiento. Así pues, entre el minuto 30 de la primera parte y el 65 de la segunda, el Leganés dominó y dio un pequeño zarandeo a un Atlético de Madrid que, finalmente, acabaría imponiéndose con un gol de Vitolo.

Los 180 minutos de juego disputados hasta la fecha en Butarque han dejado conclusiones muy positivas para los pepineros.

El resultado, siendo negativo, no debe nublar las cosas positivas que se vieron del lado pepinero. Esa media hora larga de encuentro demostraron que el Leganés puede permitirse tratar de controlar algunos encuentros y asumir el protagonismo con balón. Sus hombres en la medular le posibilitan ese tipo de juego ante determinados rivales y eliminar ciertos complejos de renunciar al balón y tratar de buscar, como únicas soluciones ofensivas, los balones largos hacia el desmarque a la espalda de la defensa rival de uno de los dos puntas. El 1-5-3-2, lejos de ser defensivo, puede convertirse en un esquema bastante ofensivo e idiosincrásico con la forma de entender el fútbol que tiene Pellegrino. Los dos carrileros sumados en campo rival pueblan un centro del campo que, en condiciones normales, superará a cualquier rival en número. A esta superioridad numérica habría que sumar también la superioridad técnica, al contar con jugadores capaces de marcar el ritmo de partido con la pelota controlada como Roque Mesa. El Leganés tiene ante sí la oportunidad de dar un soplo de aire fresco a su juego ante rivales accesibles y de su liga. Evidentemente, contra un equipo como el Atlético de Madrid la táctica utilizada era totalmente lógica. Sin embargo, los grandes minutos de los que disfrutó el cuadro pepinero seguro que están haciendo pensar más tiempo del planteado a Pellegrino.

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