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Mismos problemas, mismas soluciones

El Real Madrid arrancó haciendo trizas lo que había dejado entrever en la pretemporada en Balaídos. En Vigo, los de Zinedine Zidane taparon todas sus carencias e hicieron gala de lo ya conocido de antemano; jerarquía, mentalidad y calidad a raudales. Bastaron que los de siempre hicieran lo de casi siempre. A falta de Hazard y con Mendy y Jovic aún viéndolas venir, mostraron una cara nuevísima, o mejor dicho, vieja, la de la nostalgia. El Real Valladolid de Sergio González fue una prueba que les volvió a descubrir todas las heridas y, cuando tocó mirar al banquillo, las mismas soluciones.

El partido transcurrió en una sola dirección hasta que el entrenador al que le estaba funcionando el plan decidió tirar de recurso fácil para cambiar la situación. Un 4-2-4 de manual, extremos a pie natural y dos delanteros que ya no se preocupaban de crear espacios fuera del área y ofrecer soluciones entre líneas, sino solo de recoger los centros que iban cayendo en forma de bombardeo. El problema estuvo, como siempre, en la calidad de los mismos y de sus posiciones. Con solo Kroos y Casemiro fijando la posición en el centro del campo y un Benzema más preocupado de rematar que de dar sentido al juego, nadie giraba al equipo y el Madrid siempre se movía de forma horizontal y previsible.

Zidane apostó por un recurso al que ya acostumbró en su anterior etapa, pero que no declinó la balanza a su favor ante el Valladolid.

Notaron la ausencia de más juego los laterales, en especial el sector derecho con Carvajal y un Vinícius que sufre para regatear y centrar en esa banda. Sin ventaja previa, cada centro era una invitación al despeje para un Kiko Olivas que estuvo inmenso. El Valladolid, que hasta el momento se había mantenido cauto, procurando no desvestirse lo suficiente olió que el Madrid atacaba, pero no podía defender. Apareció ahí un Óscar Plano delicioso en sus movimientos entre líneas, tejiendo siempre la mejor opción, con un Sergi Guardiola que encontró en el gol la recompensa de un gran partido. Una asociación que pinta muy productiva para esta temporada en La Liga en Pucela.

Las soluciones tenían todo el sentido del mundo con Cristiano Ronaldo en el área, aunque a veces también fuesen previsibles y simplonas. Pero, para más inri, el luso ya no está, y el poder de intimidación que ejercen Karim Benzema o Luka Jovic sobre las defensas rivales no es el mismo. Y al final se trata de esto, de que el contrario, aunque no hagas nada, tenga miedo y sienta que no lo va a perder. Encontraron el tanto gracias a una genialidad de Karim, una media vuelta preciosa, pero inofensiva la mayoría de ocasiones. Zidane se fue desvistiendo procurándolo todo a sus cuatro atacantes. Tras Vigo, llegó el partido que la afición blanca lleva viendo en bucle desde hace dos temporadas, con un final de sobras conocido.

El gol de Benzema, siendo algo buscado, fue prácticamente accidental. Uno de esos en los que no te puedes fiar que entre cada jornada.

El primer tiempo, sin ser primoroso, sí fue una muestra de cómo girar al rival. Con Isco y James el Real Madrid ganó mucha fluidez sin perder pegada, pero la dependencia en el gol que tiene ahora mismo el cuadro blanco sobre Karim Benzema es algo sintomático de cómo juega el equipo, que parece que siempre va corto cuando tiene que empujarla hacia dentro. El Valladolid, por su parte, jugó un partido inteligente y hábil, atacando cuando vio la oportunidad y guardando la ropa sin hundirse demasiado. El Real Madrid viajará a La Cerámica en la tercera jornada de La Liga habiendo vuelto a descubrir sus vicios y sus defectos, que dirían Dorian.

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