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Un Madrid a golpe de riñón

El Real Madrid volvió a perder puntos en este inicio de La Liga 19-20 en un partido donde su entrenador, Zinedine Zidane, sí introdujo algún cambio tanto de nombres como de sistema con la intención de mover el árbol buscando otras sensaciones y mecanismos para imponerse sobre el campo. Sin embargo, el paso de los minutos nos confirmó que el grupo está lejos de sentir como propio un plan, un estilo, y que cualquier logro durante los 90 minutos de partido debe asentarse en la inspiración individual de cada uno de sus miembros.

Solo con acciones técnicamente muy complejas el Madrid sabe girar a la defensa rival.

Como ocurrió, por ejemplo, en el primer gol merengue que sirvió para empatar el partido rozando el final del primer tiempo. Solo una pared imposible entre Dani Carvajal y Luka Jovic consiguió desbordar una defensa que no viene destacando precisamente por un rendimiento fiable. Ante un equipo que, además, fue valiente y sí tuvo las ideas más claras. Durante la práctica totalidad del primer tiempo, el Villarreal presionó muy arriba y, lo que fue más determinante, plantó sus líneas 15 metros por delante de lo habitual para adquirir el control posicional. Consciente de la inseguridad de su rival en salida de balón, Javier Calleja ordenó buscar el robo en el campo blanco, y además lo hizo bien, con muchos hombres y con una repartición del espacio y el esfuerzo muy coherente. A partir de este punto, el submarino se sintió cómodo tanto con balón como sin él. Con la posesión, Santi Cazorla tomó el mando, con unos minutos esplendorosos donde dirigió cada jugada con calma y precisión, haciendo avanzar a los suyos y moviendo de lado a lado al Real. Aprovechando además su dificultad en el centro del campo para recuperar una pelota, dependiendo para ello de un ocupado Casemiro. Sin ella, cortocircuitó el inicio de la jugada blanca obligándole a sobreemplear el balón en largo o a la aventura individual que, al final, le terminó costando el gol de Gerard Moreno.

El Madrid, mientras tanto, sufría en un 1-4-4-2 muy ancho que dejaba mucho verde entre cada uno de sus jugadores. Lucas Vázquez y Gareth Bale jugaron a pierna natural con la intención de facilitar la ocupación del espacio y encontrar caminos al gol con Jovic y Benzema en el área. Sin embargo, el buen desempeño del Villarreal les desconectó y apenas se pudo ver juego interior que terminara entregando el balón a los extremos cerca del área de Andrés Fernández. Toni Kroos siempre estuvo solo para gestionar cada posesión y solo alguna descarga de los móviles puntas le daba aire y opciones para dar continuidad a la jugada. Solo Ferland Mendy, en su debut como titular en partido oficial, supuso una clara ventaja competitiva para el Madrid al secar con solvencia a un Samu Chukwueze que podría haber hecho mucho daño a un equipo tan frágil atrás, pero que no pudo con el defensor francés. Un Mendy que, en cambio, no pudo aportar profundidad en ataque ni por acierto individual ni por entendimiento con un Bale que tapaba gran parte del carril que el lateral podría haber utilizado para llegar por sorpresa.

Sin sistema al que agarrarse, el equipo volvió a depender de la calidad individual de… Gareth Bale.

Dos circunstancias auparon al Real Madrid en el partido hasta el punto de acercarlo incluso a la victoria, que surgieron al final de la primera mitad y en gran parte de la segunda. El Villarreal bajó el ritmo ante un evidente y esperado bajón físico, personificado además en Cazorla, lo que les impidió darle continuidad a la presión en campo contrario y les obligó a dar varios pasos atrás. Esto ayudó al Madrid a jugar más arriba, que incluso se enriqueció con la entrada de Luka Modric, el segundo punto que dio otro aire al equipo. El juego interior ya sí tuvo algo más de presencia y, con Vinícius y Bale a pierna cambiada, dibujaba un contexto donde el Real Madrid podría trabajar bien el segundo gol y la victoria. Sin embargo, seguían faltando poso y sistema al que agarrarse, caminos previamente dibujados sobre los que basar la jugada. Repetición de pases, regates imposibles y balones de cara para que Albiol y Torres pudieran lucirse. Y otra vez fue Bale, el jugador más denostado por el club en este mercado estival que acaba de terminar, el que salvó la papeleta con otra acción individual que, para más inri, no abunda en la plantilla actual del Real Madrid.

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