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Guía BP LaLiga 19/20

Guía BP LaLiga 19/20: RC Celta de Vigo

Un buen año para potenciar el talento celeste

El Celta de Vigo encara una temporada ilusionante donde pretende olvidar las malas sensaciones que dejó la pasada y apostar por un proyecto nuevo y fresco en el que el balón debe ser muy protagonista.

Un texto de Andrés Sánchez (@Sancleracot)

Fran Escribá acudió el pasado mes de marzo a rescatar un grupo de jugadores vestidos de celeste que iban a la deriva y que, de forma progresiva e incesante, se iban asomando al precipicio que supone entrar en los puestos de descenso a la Segunda División del fútbol español. La situación era límite y además estaba agravada por la baja por lesión de Iago Aspas, el único faro que de verdad podía guiar al Celta de Vigo por el camino correcto, llenarle de confianza y salvar una temporada que se inició con ilusión y esperanza y se estaba volviendo una pesadilla.

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Previamente al técnico valenciano, habían pasado sin realmente dejar fruto en Vigo tanto Mohamed como Cardoso, dos entrenadores que contaron sin embargo con una plantilla plagada de talento que, si bien aventuraba un rendimiento ofensivo de los mejores del campeonato, se intuía desequilibrado y poco efectivo a la hora de la verdad. Y así fue. Sofiane Boufal, Emre Mor o Pione Sisto dejaban pasar las jornadas sin constar sobre el césped ni marcar las diferencias que el aficionado era consciente que podían hacer si su calidad se desataba y encontraba el acomodo. Los tres rebosan velocidad, descaro, capacidad de desborde, pero se quedaron en nada al no encontrar el punto competitivo que les ayudara a enfocar sus virtudes a lo que su equipo les requería. Y, como se ha apuntado, tal concentración de talento no se repartía con equilibrio en el plantel. En especial la defensa fue siempre un problema, ya no solo a nivel de coordinación y organización, sino por pura calidad individual. A partir de ahí, con la inconsistencia de aquellos sobre los que se confió parte del proyecto y con la flagrante inseguridad defensiva que protagonizó cada choque del Celta, el proyecto se desvaneció quedando en manos de Aspas, hasta que aguantó. Finalmente, la vuelta de su estrella y el empuje de Escribá permitieron que el Celta se quedara donde debía, en La Liga.

Esta temporada, sin embargo, se afronta de otra manera. Se ha dado carpetazo a aquellas malas sensaciones y se vuelven a encarar los próximos meses con optimismo. Para ello, el club ha removido la plantilla y ha cambiado las piezas que le decepcionaron por otras con un sello de compromiso e identidad que les facilite el rendimiento y la identificación con el proyecto. Las llegadas de Denis Suárez, Santi Mina o Rafinha Alcántara, junto a la salud de Iago o la confirmación de Brais Méndez, deben revitalizar al equipo y permitirle jugar con naturalidad y mirando hacia delante. Terminar de ajustar la línea defensiva y de esclarecer cómo se quiere organizar la medular son tareas claramente a resolver, aunque ya en los primeros pasos de este Celta se percibe una relación especial del plan con el balón que debe constituir el primer paso para que el resto de mecanismos se puedan estructurar con solvencia.

Fran Escribá

Tras una irregular pero globalmente satisfactoria etapa a nivel de resultados en el Villarreal, Fran Escribá llegó a Vigo con la clara misión de salvar al equipo del descenso. Así de claro y así de crudo. Mirando la plantilla, difícilmente se podría aventurar tal situación, pero la falta de un plan claro sobre el que encauzar todo ese talento les llevó a perderse dentro del campo y a verse sin nada a lo que agarrarse. Escribá consiguió el objetivo, en gran parte porque consiguió contar con un Iago Aspas en modo absolutamente salvador.

En esta nueva temporada, el entrenador valenciano pretende olvidar esos fantasmas del pasado y organizar un equipo alegre, versátil y propositivo, con la intención ya no de no sufrir, sino de aportar algo muy interesante a la propia Liga. Para ello, Escribá viene organizando un sistema que se organiza en torno al balón y en el que se da libertad para mandar a jugadores sí, con calidad, pero también con responsabilidad e identificación con el escudo, para que el nivel competitivo sea de verdad alto. Eso sí, tiene varias tareas pendientes: la preocupante línea defensiva, la complementariedad de Lobotka y Beltrán, el recorrido y aporte ofensivo de sus laterales o la integración de sus puntas en los automatismos en ataque. Desde luego, tiene materia prima y sangre celeste para hacerlo.

Iago Aspas

A sus 32 años, Iago Aspas vive una segunda juventud cargada de sabiduría, confianza y jerarquía que le convierten en uno de los mejores jugadores de La Liga sin atisbo de duda. Además, en Vigo ha encontrado su ecosistema perfecto para rendir, donde se siente cómodo, querido y líder. De forma recíproca, su equipo le necesita, admitiendo una dependencia muy profunda que la temporada pasada ya estuvo cerca de costarle muy caro.

Muy castigado por las lesiones, fue dominante cuando pudo, logrando marcar 20 goles y dar 6 asistencias en los escasos 26 partidos en los que pudo participar. Rápido, listo y tenaz, influye en todo el campo del rival y en diferentes contextos de su equipo. Es el mejor director de un contraataque, ayuda al sistema a avanzar con apoyos y descargas, interviene en el carril central y cae a banda, es el socio de todos y, siempre, sin olvidar su puntualidad goleadora. Este año, además, club y entrenador pretenden rodearle mejor para que su ascendencia sea todavía más decisiva y a la vez más prescindible, con la idea de cuidarlo para que pueda marcar la diferencia como pocos delanteros en toda la extensión del campeonato de Liga.

Jerarquía y buen pie para el carril central

El gusto por el balón parece claro en los planteamientos que viene diseñando Fran Escribá para esta temporada en su Celta de Vigo. Para ello, viene dibujando un once donde, de la línea de zagueros en adelante, no encontramos un jugador con claro perfil defensivo. Y, en pos de mantener la posesión y avanzar sobre el campo y sobre el partido en torno a él, organiza a sus hombres. Fran Beltrán se coloca entre centrales para la salida de balón, flotando Lobotka por delante para ser el siguiente escalón. Después, Suárez y Brais, con la opción de Rafinha tras su tardía llegada, que inician a pierna cambiada, interiorizan su posición para ocupar la zona de mediapunta y conectar con los delanteros. En este nivel, los laterales tienen la indicación de acompañar para ensanchar y dar profundidad.

Arriba, se conforma una pareja complementaria que se puede entender con cierta facilidad. Iago Aspas tiene libertad para jugar por todo el ancho del campo, ejercer de enganche para participar en el juego y buscar caminos para llegar al área. Gabriel, «El Toro» Fernández ocupa la punta, siendo referencia para el centro lateral y esa pieza que rellena el área. Como principales alternativas, Santi Mina para alternar con Gabriel, Pione Sisto como elemento diferenciador si se reencuentra como futbolista y Okay Yokuslu como mediocentro más posicional que pueda formar trivote con los interiores titulares en situaciones en las que se requiera mayor control del espacio o sustituirlos para cuando la pareja que forman no alterne funciones como debiera, algo que ocurre con cierta frecuencia y donde Escribá deberá trabajar para que no sea un asunto discordante para con el funcionamiento global del equipo. Sobre todo en contextos en los que no disponga de la posesión de balón, porque será ahí cuando más sufrirá el Celta ante la fragilidad de su línea defensiva y de la falta de un centrocampista con facilidad para la recuperación de balón.

Un mercado para reecontrar la identidad

En este mercado estival el Celta de Vigo ha querido desprenderse de todo aquello que le lastró la temporada pasada. Y así, además de borrar todo recuerdo relacionado con ello, también decidió dejar salir a algunos de sus futbolistas que más debían haberle alejado del precipicio y que, a la vez, menos pelearon por ello. El talento de Boufal y Mor no fue suficiente y el club quiso apostar por otro estilo. Por este camino llegó Denis Suárez, que se postula para ser uno de los fichajes más rentables de toda La Liga. Desde su firma, todo apunta a que su periodo de adaptación prácticamente no existe, y que podrá expresar todo su potencial con el importante añadido del compromiso e identificación con el proyecto, al igual que un Rafinha que ya demostró en Vigo el nivel y la determinación que podía alcanzar.

También vuelve Santi Mina, que vuelve más maduro y más formado tras su etapa en el siempre complicado Mestalla. A cambio, el conjunto che se llevó a Maxi Gómez, la pérdida más sensible del conjunto vigués para esta campaña, pues siempre rindió a un nivel por encima del medio del resto de la plantilla. Sin embargo, otro uruguayo ha llegado a Balaídos para ocupar su puesto en la punta del ataque, un ariete con características en parte similares pero que deberá demostrar mucho callo y puntería para dejar las grandes sensaciones que dejó Maxi en su estancia en Vigo. Como punto de mayor incertidumbre queda el eje de la zaga, donde sí se esperaba la llegada de un hombre con jerarquía y liderazgo que subiera un par de peldaños por sí mismo el nivel de esa línea para que pueda sostener los mecanismos con balón que viene trabajando Escribá.

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