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Fútbol hasta la línea de gol

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Mucho a cambio de poco

Caer de pie. Esa es la expresión que mejor define la irrupción del Chimy Ávila en Osasuna. Cuando se da un fichaje, más allá del nivel mostrado en otros escenarios, siempre nos tenemos que plantear su adecuación a una idea o sistema, su aclimatación a un contexto diferente. Es en esas dudas, en esas cuestiones, donde radica la imprevisibilidad del rendimiento de toda nueva incorporación. Sin embargo, en determinados casos no necesitamos verlo vestido de corto con su nueva indumentaria para saber que un jugador, por características futbolísticas y mentales, encaja a la perfección con el rol a desarrollar.

Así, la unión del Chimy, Arrasate y El Sadar no presentaba ninguna fisura. Y tras cuatro jornadas de competición no ha hecho más que confirmar los buenos presagios. Este Osasuna, ordenado bajo el 1-4-4-2 del técnico vizcaíno, se está mostrando como un equipo equilibrado, correoso en un repliegue medio-bajo pero muy intenso en la presión sobre la salida rival. Una defensa que empieza desde su ataque y que se personifica en un jugador como el Chimy Ávila, uno de esos que mientras ruede el balón no cesarán en su esfuerzo. Ahí empieza una relación muy fructífera en muchos más aspectos que el meramente defensivo. Una comunión grada-técnico-futbolista que resulta idílica.

El papel del Chimy Ávila en el modelo de Arrasate empieza con buen pie desde el plano defensivo. Pero en ofensiva, es capaz de producir todo el peligro rojillo sin exigir grandes alardes a sus compañeros.

En un equipo que pasa la mayor parte de sus encuentros defendiendo, siendo de los que menos posesión media aglutina de La Liga (45,5%), el papel de los puntas es mucho más intermitente. Se les exige un esfuerzo en situaciones defensivas que minimiza su participación directa en el juego del equipo, que pasa por las transiciones verticales y la ausencia de centrocampismo. Es este estilo el que está desarrollando Arrasate en su vuelta a Primera el que precisamente está potenciando las cualidades del Chimy Ávila. El argentino es uno de los jugadores que más balones aéreos gana en el campeonato doméstico, a pesar de su corta estatura, algo que hace gala precisamente de su combatividad. Es por ello que no solo cuando ataca al espacio, sino también como primer receptor del juego directo interior de su equipo es capaz de ser fundamental para asentarse en campo contrario.

El Chimy siempre está dispuesto para la guerra. Va en su ADN. Un futbolista que pelea cada balón, ya sea atacando o defendiendo, y que produce muchísimo con muy poco. No necesita estar en constante contacto con el balón para ser protagonista. Es un generador de contextos y de fútbol ofensivo totalmente autosuficiente. Recibiendo lejos del área, sus conducciones emanan peligro, siempre con el objetivo de la portería rival en su cabeza. No es raro verlo probar disparos desde largas distancias, sacando rédito a su gran golpeo, siendo buena muestra de sus intenciones cara a gol. Esa autosuficiencia es la que permite a Osasuna crear situaciones de peligro sin grandes alardes creativos por parte de sus compañeros. El cuadro rojillo no necesita generar ventajas para dárselas al Chimy, de elaborar demasiado la jugada para dejársela bien masticada a sus delanteros. Con el rosarino como receptor, los de Arrasate pueden permitirse saltarse pasos, llegar rápido y llegar bien. Porque el Chimy Ávila es de esos futbolistas que te dan mucho a cambio de muy poco. Un buen samaritano en la punta del ataque. Un perfil ideal para el juego de Osasuna.

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