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Ødegaard en el centro de la Real Sociedad

La irrupción de Martin Ødegaard en La Liga está siendo fascinante a la vez de, también, sorprendente. A sus 20 años está demostrando ya no solo la calidad técnica que sabíamos que atesoraba desde que comenzamos a oír su nombre, sino unos conceptos tácticos y una madurez fuera de serie que le están haciendo ser protagonista fundamental de los primeros pasos de esta Real Sociedad de Imanol Alguacil. Se ha adueñado del balón y del ritmo, y muchos de los mecanismos que está ejecutando el conjunto txuriurdin ya llevan el sello del centrocampista noruego, que se ha hecho muy pronto con un sitio relevante tanto en la plantilla como en el corazón del aficionado del nuevo Anoeta.

Contra el Atlético de Madrid volvimos a ver a un Ødegaard mandón con balón y presente en cada fase del juego.

Y, además, sus actuaciones son cada vez más convincentes. El Atlético de Madrid lo sufrió en el partido del sábado, incapaz en todo momento de detectarle, descifrarle y pararle. Diego Simeone no varió su 1-4-4-2 a lo largo de los 90 minutos, y Martin dominó a sus dos mediocentros en cada momento. Recibía en campo rival y utilizaba su depurado giro para dejarles atrás, sobre todo a Saúl Ñíguez, y poder acelerar el ataque ya mirando de cara la portería de Jan Oblak. Pero no solo acababa ahí su campo de acción, sino que se movía por todo el carril central solucionando papeletas a cada uno de sus compañeros para que en fase ofensiva su equipo siempre tuviera ventajas sobre las que ir creciendo. Ayudaba en la salida de balón, tejía paredes entre líneas y filtraba pases verticales, tensos y precisos para batir las del Atlético, que siempre se encontró en las manos del todavía jugador propiedad del Real Madrid. En definitiva, completó una actuación brillante desde la posición de mediapunta con personalidad, liderazgo y la pelota pegada el pie como principales argumentos.

Pero es que, además, su entrenador le ayudó a estar así de cómodo. Construyó un sistema que le permitiera tener siempre, 360º, un compañero con el que combinar, a través de un dibujo con líneas bien estructuradas y, lo que es más importante, escalones bien definidos sobre los que ir acercando el balón al tercio final del campo. Diego Llorente e Igor Zubeldia daban el primer pase, con Mikel Merino unos metros por delante. Después, en campo contrario, era Ødegaard el que facilitaba la transición, con Mikel Oyarzabal cerca para generar superioridad al ensanchar Nacho Monreal por la banda del canterano de la Real. De esta manera, el Atlético siempre se encontró en inferioridad en la medular y, con el paso de los minutos, esto se volvió incontrolable para el que era líder de La Liga, y que no encontró respuestas ni desde lo individual ni desde las modificaciones que trató de instaurar su técnico. Para darle aún más sentido a todo, Alguacil añadió un tono más agresivo y vertical a su once con la entrada de Portu e Isak, que aportan de manera directa más profundidad al espacio que Januzaj y Willian Jose, lo que dio más versatilidad al esquema de la Real y más opciones y espacio a un Martin Ødegaard que lo veía absolutamente todo.

Si Ødegaard suma números a su extraordinaria capacidad para dirigir un ataque, puede entrar en otra dimensión.

El joven noruego, por tanto, se ha convertido en uno de los fichajes más interesantes para este campeonato, y que mayor incidencia directa está teniendo en el proyecto al que arriba. En solo cuatro partidos, ya genera ganas de ver al conjunto txuriurdin, y difícilmente nos podemos imaginar un partido en el nuevo Anoeta sin Martin. Su techo todavía está por descubrir, aunque apunta a desarrollarse como uno de los mejores directores de un ataque (e incluso del juego) de La Liga. Pero es que su consideración podría llegar a cotas más altas incluso si mantiene y confirma su sensibilidad con el gol. Con dos tantos en cuatro jornadas ya está dando también puntos de forma individual a su equipo, algo que le coloca en otra dimensión. Sin embargo, habría que colocar un asterisco en este aspecto, pues Ødegaard nunca ha destacado por un olfato especial de cara a portería, estando siempre más cerca de la asistencia que del gol. Un punto a mejorar en un club que le está dando todas las posibilidades que necesitaba para crecer y empezar a marcar la diferencia en la élite del fútbol europeo.

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