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Jugando con las presiones

De los errores se aprende, y en Sevilla pareció que el Real Madrid regresó de París con la lección bien aprendida. Aunque es precisamente el conjunto blanco uno de los menos acostumbrados a darnos una sensación de continuidad. Los de Zinedine Zidane llegaban al Ramón Sánchez Pizjuán escaldados tras una noche aciaga en Champions League, de esas que no están acostumbrados a vivir en Chamartín, pero con la opción de luchar por dormir como líderes si vencían a uno de los mejores equipos de La Liga. Sin embargo, el planteamiento inicial no varió en demasía respecto a lo visto en el Parque de los Príncipes; aunque fue más divergente en el fondo que en la forma.

Del análisis derivado de los malos síntomas blancos mostrados en la capital francesa, donde los de Zidane estuvieron más desdibujados incluso de lo que venían siendo, la principal clave estuvo en la presión merengue. El conjunto madrileño no ejecutó con corrección el momento y el espacio de presionar la salida de los pupilos de Tuchel, que encontraron con facilidad vías y superioridades en la medular. Gueye creció exponencialmente con y sin balón mientras a Verratti y Di María, con el argentino en un escalón superior, se les dibujaba una sonrisa en la cara. Esos espacios interiores, con el equipo muy estirado y siendo incapaz de tapar sus grietas en las coberturas, fue el principal argumento a corregir por un Zinedine Zidane que apenas hacía un cambio en el once titular; la entrada de su capitán Sergio Ramos.

El Madrid entendió que debía hacer mucho más desde el plano colectivo para no sufrir en Sevilla los mismos males que adolecieron en París.

La intención, desde el primer instante de partido, pasó por presionar muy arriba la salida de balón hispalense. Con un James Rodríguez más adelantado, el colombiano propició alguna recuperación de peligro para los intereses blancos en campo contrario, pero el Real Madrid volvió a difuminarse en la medular en los primeros instantes del choque. Fernando actuando como ancla, daba la libertad necesaria a Banega y Joan Jordán en el escalón superior, dando salida al Sevilla por dentro en una reiterada superioridad 3vs2 en la zona ancha. Sin embargo, aunque el Madrid tenía esa fuga por dentro, a diferencia de París los de Zidane se mostraron más ordenados, compactos y solidarios en el esfuerzo, paliando en cierta manera esa inferioridad contextual.

Ese esfuerzo colectivo, personificado en el mapa de calor de un Eden Hazard que sirvió de acompañante defensivo con sus constantes ayudas a Ferland Mendy en el lado fuerte del Sevilla, puso la primera piedra de un Real Madrid más serio, más ordenado. Recordando quizá aquella imagen del debut blanco en La Liga en Balaídos que tanto nos sorprendió: sin excesivo brillo, pero con un equilibrio que desde su defensa ponía todo de cara para los de Zidane. El Sevilla supo explotar su superioridad y los automatismos que Julen Lopetegui ya va generando, pero se quedó a medio camino. Todo lo que conseguía generar de camino al área, especialmente desde la asociación Ocampos – Navas, se quedaba en agua de borrajas cuando llegaba a la misma. Las penúltimas decisiones, ese centro o último pase filtrado, no terminaban de ser todo lo precisos que necesitaba un De Jong afinado en su juego lejos del área pero que sigue sin ser determinante en ella.

El Madrid corrigió sus problemas estructurales desde el orden y el esfuerzo mientras el Sevilla siguió explotando su buen fútbol pero sin determinación en el último gesto.

El buen rendimiento individual de algunas piezas aún por desarrollar en su rol como Mendy, mucho más destacado en el plano defensivo que en el ofensivo una noche más, y de otras que sorprendieron elevando su nivel, Carvajal y Varane especialmente, fueron la nota positiva de un Real Madrid que jugó con la presión, no solo táctica sino también emocional, para marcar en verde en el calendario su victoria en el Sánchez Pizjuán. Una que difícilmente marcará el camino estructural a seguir del conjunto blanco, pues la continuidad del plan está muy sujeta al contexto especial de este partido, pero que puede suponer un plus, anímico e identitario, de cara a recuperar unas sensaciones que llevan más de un año lejos de ser positivas.

Dani Souto (@Daniisouto)

Aitor Alcalde / Getty Images

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