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Messi, sobre Babieca otra vez

A veces es muy difícil explicar cosas realmente simples. Nos perdemos en adjetivos que puedan reflejar lo que creemos que es lo que tenemos delante. Pero a menudo, por mucho interés que le pongamos a la explicación, es complejo explicar lo inefable. Hoy Lionel Messi añade un capítulo más en ese libreto interminable de situaciones inexplicables. Hoy, Messi volvió a demostrar ser capaz de cambiar destinos, incluso con su sola presencia en el terreno de juego.

Lo que consiguió Messi en 45 minutos en el Camp Nou se podría juzgar como un ejercicio de apabullamiento. El argentino estuvo el tiempo suficiente para recordar a sus rivales que él estaba allí, que la reacción del equipo era necesaria y que iba a tomar las riendas de una vez por todas. Y desde esa afirmación amenazante consiguió dar forma a una actuación inmensa, pero tremendamente corta, en la que el fantasma de las lesiones volvía a aparecer en su horizonte, limitando su influencia a una mera amenaza. Una asistencia y otra demostración de liderazgo con el equipo a la espalda, mostrando además su buen feeling con Monsieur Griezmann, fueron los regalos que tenía reservados el ’10’ de Rosario para la primera parte del Barcelona ante el equipo castellonense. Tras su salida del campo, el Villarreal no se fiaba, pero miraba y esperaba su turno, siendo muy conscientes del peligro de dejar espacios a Messi si es que podía volver a aparecer.

El argentino estuvo el tiempo suficiente para recordar a sus rivales que él estaba allí, que la reacción del equipo era necesaria y que iba a tomar las riendas de una vez por todas.

Con la baja confirmada y ya con Dembélé sobre el campo, los jugadores del Submarino Amarillo supieron encontrar las vías para intentar amordazar a un Barcelona que, sin el astro argentino, volvió a desdibujarse. Santi Cazorla fue quien prendió la mecha de la remontada en casa del rival y también quien más cerca estuvo del premio gordo, pero solo la fortuna quiso que la breve estancia de Messi, su influencia en el partido y el buen momento de Arthur fueran suficientes para sumar tres puntos y olvidarse de otro mal rato en la competición en la que defienden título. Y es que estamos ante un Barça que apenas logra encontrar en la electricidad y en el talento de Ansu Fati la esperanza de ver ese juego que emocione, sabiendo que las florituras y capacidades de este juvenil de dieciséis años aún no dan para paliar la sensación de debilidad mostrada en largos tramos de diferentes partidos durante este inicio de La Liga.

Hace unos años, en otro medio, en otro contexto y en otra competición, escribía sobre este mismo Lionel Messi y su capacidad para emular la leyenda de El Cid, logrando, con su figura y dorsal, lo que no podían garantizar sus piernas. Solo con su presencia, era capaz de ganar batallas. Hoy, de nuevo acosado por los males musculares de quien ha ido siempre con todo, le toca repetir actuación encima de Babieca, intentando mostrar normalidad en un estado de salud que recomienda, más que batalla, paz. Una paz que el FC Barcelona, por el momento, no se puede permitir.

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