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El derbi de las cruces

El fútbol no engaña. Cambian jugadores, hay ilusiones renovadas, fintas de crear un estilo más ofensivo. Pero en el Día D, tanto Atlético como Real Madrid jugaron un partido que bien podría haberse disputado en 2014. Nos regalaron una vuelta al pasado -si regalar es el verbo indicado- lleno de choques, erratas y fallos casi nunca condicionados por el rival. A veces parecía ser la ida de unos cuartos de final, como si el martes se fuera a disputar la vuelta y no un duelo en liza por La Liga. Pero el fútbol no miente. Un punto para cada uno es lo justo y merecido.

El Atlético de Madrid tiene en Thomas Partey a un futbolista único. El ghanés rompe con los prejuicios de típico centrocampista africano; es muy, muy fino con balón, tiene el partido en su cabeza. A partir de sus pases, siempre con intención, el Atleti avanzaba, pero un tanto desconfiado, buscando guardar las ropas antes de que se viese ninguna nube. Eso sí, este curso el Cholo Simeone está tocando más cosas des las que había tocado en toda su etapa rojiblanca. Thomas de pivote, pero rompiendo el 1-4-4-2 y dando mucha libertad a Saúl y Koke, siempre por delante del balón. Con Vitolo jugando en banda, el carril derecho era para la amenaza de Trippier, que obligaba a esfuerzos muy largos del aún perdido Eden Hazard.

Trippier se ha erigido como uno de los principales recursos ofensivos del Atlético de Madrid 19/20.

Con todo, el Atlético le regaló la posesión a un Real Madrid que, sin James ni Modric en el XI, dependió de un Kroos que volvió a ser el más clarividente de todos. Sus cambios de orientación y su obsesión por juntar al equipo en pequeños triángulos chocaron frontalmente con la poca agresividad sin balón de los tres de arriba. Con Valverde y Casemiro, el Madrid echaba de menos referencias interiores que le diesen la vuelta a los de Simeone. La nula presión del Atlético permitió que el Madrid no se viese en aprietos y eso, con Case y Fede en el eje, es algo en lo que el Cholo debió incidir más. El partido, en gran medida, estaba ahí.

Entre trincheras, con barro en vez de césped, este partido no es recomendable como espectáculo a vender a los yankees. No soy un experto en márquetin, pero ahí lo dejo. Entre rencillas tácticas, los dos equipos palpaban un miedo atávico en sus huesos, y no se atrevieron a salir de su guarida, aun sabiendo que el premio, quizás, hubiese sido suculento. Hablando de espectáculo, Simeone debe romperse la cabeza con João Félix, porque su equipo no puede permitirse que ‘solo’ sea determinante dentro del área. Necesitan que intervenga y, siendo conscientes que replicar a Griezmann es imposible, darle una continuidad al juego que a día de hoy no es tal. Le costó mucho al portugués emerger de las arenas movedizas que era el partido.

A pesar de las variaciones nominales, el partido no cambió su guion en la segunda mitad.

Tras el descanso Simeone puso en liza a Correa en detrimento del perdido Vitolo. Pero el plan, como si ya estuviese preescrito, no cambió. El Madrid seguía ordenándose desde la horizontalidad, con alguna llegada peligrosa, pero Zidane esperaba, paciente, siendo cosnciente que en el banquillo tenía las cartas vencedoras (James, Vinícius, Jovic) y, por contra, el Cholo no. Tensó la cuerda el técnico francés hasta que su homólogo sentó a Félix a cambio del combativo Llorente. Una señal inequívoca de lo que perseguía Simeone. Modric, aún muy frío, entró para dotar de mayor calidad el centro del campo blanco y, pese a que James ya estaba en el verde, nada cambió. Daban igual nombres y esquemas, el guion estaba servido.

Fue un derbi extraño, propio del mes de septiembre. Pero el público, caprichoso, siempre quiere que sea mayo. La estampa de Oblak, bellísima, zanjando un cabezazo, uno más, de Karim Benzema fue la única imagen digna de exportación del partido de hoy, que se rigió por la ley del «ni a ti ni a mí», encorsetando al talento y buscando taparse antes que desvestirse. Oblak, que debe andar perdido con tanto paradón, sin saber qué es la mediocridad, dijo que la suya fue «una parada básica». Yo creo que hablaba del partido. Jamás lo sabremos.

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