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Sueños rotos

Lo último que quiere oír el Manchester United, como dice Tommy Shelby, es el silencio. Como en Small Heath, son tiempos grisáceos, llenos de oscuros, de muchos más negros que blancos, en Old Trafford. Donde se solía soñar, ahora solo quedan pedazos de ilusión puntual e ilusoriamente recuperables entre aires de nostalgia. Los Red Devils superaron en lo futbolístico a su mayor rival y reciente campeón de Europa, el Liverpool, pero ni tan solo la suerte quiso estar de su lado.

Ole Gunnar Solskjaer respetó la tradición e historia del Manchester United y salió valiente. Planteó una presión adelantada que se le atragantó al Liverpool y unas transiciones que bien pudieron acabar con los de Jürgen Klopp. Los diablos rojos se protegieron con tres centrales –Harry Maguire a la cabeza-, lanzaron a Aaron Wan-Bissaka y Ashley Young en las alas y apuntalaron con Daniel James y Andreas Pereira, escuderos de Marcus Rashford, uno de los nombres propios del encuentro. Por otro lado, el Liverpool, sin Mohammed Salah, no transmitió mensaje alguno hasta que el tiempo y el marcador se le echaron encima. Klopp, que convirtió al equipo en todoterreno, no consiguió dotar al equipo de matices diferenciales de cara a la generación de ocasiones. Wijnaldum apareció en todos lados, justo todo lo contrario que Roberto Firmino, al que el Liverpool fue incapaz de activar en situaciones ventajosas. Sadio Mané lo intentó, pero siempre en estático y pocas veces con espacios, donde el senegalés huele la sangre.

Rashford y Daniel James fueron los argumentos de Solskjaer en ataque.

El Manchester United se refleja en jóvenes idealistas que luchan por ser los escritores de nuevos capítulos. Cómodos y sin la necesidad de ser esclavos de la posesión para llegar a la portería de Alisson Becker, los de Solskjaer entregaron las armas a Daniel James y Rashford. El primero, incisivo e indetectable, no dudaba en cabalgar cada vez que su equipo robaba. El segundo, lo hacía de la misma forma, para dar la última estocada en el remate. El delantero inglés atacaba desde el lado débil para poder explotar la conducción en diagonal y jugar lo más alejado posible de Virgil Van Dijk. De su emparejamiento con Joel Matip, los mancunianos consiguieron su único gol.

Klopp, al descanso, sacudió al Liverpool de un letargo que, hasta entonces les había humanizado. Cambió el técnico alemán el esquema y pasó a formar con un 1-4-2-3-1 en el que Jordan Henderson quedó desplazado a la banda derecha. Los visitantes acrecentaron el peso de los ataques por el costado izquierdo con la entrada de Alex Oxlade-Chamberlain, las constantes apariciones de Robertson y las puntuales visitas de Mané y el inclasificable Firmino. En el sector diestro Klopp equilibró la estructura con Adam Lallana, que intervino con más naturalidad que Henderson.

Con el Liverpool tratando de penetrar tanto por fuera, con la ayuda de los laterales, como por dentro, el Manchester United se encontró con el contexto más favorable para sus piezas. Si Rashford, Daniel James y sus acompañantes pudiesen correr tanto y tan bien cada fin de semana, Old Trafford ganaría color y esperanza. Sin embargo, pocos equipos -solo algunos de los grandes- les van a conceder escenarios tan propicios.

El Liverpool mejoró con Keïta, cuando ya estaba contra las cuerdas.

Naby Keïta, eternamente esperado en Anfield, mientras voces de desconfianza ya susurran al oído de muchos seguidores Red, mejoró al Liverpool cuando entró en los últimos minutos. El centrocampista, al lado de Fabinho, se apoderó del balón y dirigió a los de Klopp hacia el gol. Tras un centro lateral de Robertson, que ya no es novedad, Lallana consiguió empatar. Motivo de ilusión de unos y de todo lo contrario para los otros, con Marcos Rojo como protagonista y antagonista. Los mancunianos llegaban al encuentro a solo un punto del descenso y con unas sensaciones aún peores de lo que demuestra la clasificación. Ya no sorprende que el Manchester United pueda perder en St Jame’s Park o el London Stadium, incluso Old Trafford ha perdido poder. El Liverpool era el rival perfecto para empezar a cambiar el relato, pero también el peor en caso de perder.

Los de Klopp nunca antes habían estado tan cerca perder -la última derrota fue en enero ante sus vecinos- y se dejan puntos por primera vez desde marzo, cuando empataron en Goodison Park. El Manchester United, como canta Carolina Durante, murió una noche más. Ya va siendo hora de honrar el escudo, de unir los pedazos de sueños rotos y erigirse de nuevo.

Jordi Cardero (@Jordicardero)

Catherine Ivill / Getty Images

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