Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Partidos

Desdibujados y superados

La llegada de la tercera jornada de Champions League traía consigo al Valencia el doble enfrentamiento ante el Lille, el, a priori, rival más asequible de un grupo donde los otros dos equipos restantes son Chelsea y Ajax. Los seis puntos en estos dos encuentros ante los franceses se consideraban esenciales para poder acercarse a la clasificación para octavos de final y el Valencia falló en el primer intento. En un partido donde lo único positivo que se puede sacar del conjunto che es el gol, el Lille arañó su primer punto en esta edición de la Liga de Campeones. Y gracias deben dar los de Albert Celades, que salieron con vida del feudo del norte de Francia. Los de Galtier dejaron a las claras desde el comienzo del encuentro que querían la victoria. No lo hizo así un desdibujado Valencia que se vio sorprendido por el ímpetu de los franceses y que no se recompuso en todo el encuentro. Celades no supo trasladar a los suyos un efectivo plan de ataque que pusiera en aprietos a un Lille que, a falta de sustos, fue lo más agresivo posible. Los jugadores tampoco tuvieron una noche muy inspirada desde el plano individual en el conjunto che. Solo Gabriel Paulista se salva en una noche negra donde la actuación del central brasileño evitó, en gran medida, la que hubiera sido la segunda derrota consecutiva en Champions League de este Valencia.

Celades optó por salir con el centro del campo de tres hombres que tan buen resultado le dio en Stanford Bridge. En esa especie de 1-4-3-3 con ausencia de profundidad en la banda derecha, Jaume Costa aún se mantuvo como titular, pese a que Gayá parece completamente recuperado de la lesión que le ha mantenido fuera de los terrenos de juego durante casi todo el mes. Gameiro y Maxi formaron dupla ofensiva arriba con Cheryshev en la izquierda. El Lille, por su parte, salió al campo con una formación de tres centrales que poblaba sobremanera el centro del campo. Eso, y una firme intención de salir a la presión hasta la misma área del Valencia, dificultaron mucho el juego del conjunto valencianista durante casi toda la primera mitad. El conjunto de Galtier tenía claro que debía presionar agresivamente cuando Kondogbia, Coquelin o Parejo recibieran el balón en la zona ancha. Ello les valió para acumular una gran cantidad de robos que posibilitaron un alto número de ataques sobre un Valencia posicionado de forma ofensiva y con espacios. El conjunto francés adoleció de criterio en ataque, además de falta de contundencia, ya que consiguió merodear mucho el área de Cillessen, pero sus ocasiones acababan, casi siempre, lejos de crear serio peligro sobre la portería del meta neerlandés.

Si el fútbol se rigiera por algún principio basado en la justicia, el tanto valencianista nunca habría subido al marcador.

El Valencia no conseguía gobernar un encuentro que, en la primera parte, no tuvo un dueño claro hasta el final de la misma. Las recurrentes pérdidas de balón forzaron una clara falta de continuidad ofensiva que mantenía al Lille muy cómodo en su faceta agresiva por la ausencia de sustos en su parcela defensiva. El conjunto che no obligó a los franceses a replantear su excesivo atrevimiento, por lo que crecieron en confianza. Una confianza que llegó con un destello de Yazici en forma de disparo desde media distancia que el larguero de Cillessen escupió ante el asombro de todo el feudo francés. El jugador turco estaba empeñado en asumir gran parte del peso ofensivo de su equipo con acciones individuales por la banda derecha. Su buena zurda le señalaba un camino diagonal hacia la portería contraria en la mayoría de las ocasiones. Sin embargo, Jaume Costa realizó un buen trabajo defensivo en esos primeros cuarenta y cinco minutos. Con esa ocasión tan clara, el Lille creció y el descanso vino mucho mejor a un desdibujado Valencia que al conjunto que, hasta ese momento, veía su casillero de puntos vacío en la presente edición de la Champions League.

Albert Celades visionó tan bien como todos los problemas del Valencia a la hora de dar continuidad a una jugada y posicionarse en campo rival, por lo que, nada más comenzar el segundo tiempo, Kondogbia se quedó en el banquillo y en su lugar entró Carlos Soler. Celades deshizo el “trivote” en el centro del campo con la intención de aprovechar más la banda derecha para atacar con Soler. Pese a todo, el encuentro continuó por sus fueros. El Lille siguió generando peligro a partir de robos en la medular a un centro del campo valencianista que no estuvo nada afortunados en el pase. Sin poder instalarse en campo contrario y ser ellos los que presionaran, los jugadores del Valencia se encontraban totalmente fuera de sitio mientras un Lille desvergonzado iba descubriendo todas las debilidades de su oponente. Si en algo erró el cuadro francés fue en la eficacia de cara a portería. Disfrutaron de innumerables ocasiones que no consiguieron materializar y, sin perder la cara al encuentro, vieron cómo el Valencia asestaba un golpe al encuentro subiendo un gol al marcador de la nada. Maxi tuvo en sus botas el 0-1 previamente, pero solo fue un aviso. Los de Celades no volvieron a avisar y dieron un picotazo al encuentro con el gol de Cheryshev. El jugador ruso culminó un perfecto ataque vertical que solo fue posible gracias a un pase genial de Parejo encontrando a Maxi Gómez entre líneas y una brutal descarga a Gameiro por parte del charrúa. El francés envolvió con cinta roja el regalo que le puso a Denis Cheryshev, que solo tuvo que esquinar un poco un disparo a quemarropa sobre el guardameta francés.

Si el fútbol se rigiera por algún principio basado en la justicia, el tanto valencianista nunca habría subido al marcador. La eficacia de su rival derrumbaba un meritorio encuentro del Lille, por eso Galtier dio entrada a todo lo que tenía guardado en el banquillo en materia ofensiva. Salieron Bamba, Rémy e Ikoné. La suplencia de este último había sido una de las decisiones comentadas cuando se conoció el once inicial del conjunto del norte de Francia por todo lo que podía aportar al ataque de los suyos. Nada más salir, Ikoné dejó la certera sensación de que poseía una mayor capacidad para enchufar el balón entre los tres palos que cualquiera de sus acompañantes en la punta de lanza. El gol del Valencia no cambió ni lo más mínimo un guion de partido en el que el tanto che tan solo fue un espejismo de lo que fue el encuentro. El Lille se volcó sobre la portería de Cillessen. El portero neerlandés, pese a cometer algún error de bulto en algunos rechaces, veía cómo sus adversarios cada vez iban disfrutando de ocasiones más y más claras, pero ninguna, para su fortuna, acababa besando las redes. Entre los múltiples errores que los jugadores del Valencia tuvieron en el pase, uno de ellos le costó la expulsión a Diakhaby, al querer corregirlo. Ni siquiera el encomiable encuentro de Gabriel Paulista en defensa pudo evitar lo que ya se venía mascullando minutos antes. Con un hombre más, el Lille cargó el área valencianista de jugadores y surtió todo tipo de balones. Uno de ellos, tras un rechace, cayó a la altura del punto de penalti en los pies de Ikoné. Su agresividad y acierto dentro del área quedó patente cuando, entre una nube de piernas, supo perfilarse adecuadamente para sacar un latigazo fortísimo con su pierna derecha ante el que Cillessen no pudo expresar respuesta.

Solo Gabriel Paulista se salva en una noche negra donde la actuación del central brasileño evitó, en gran medida, la derrota.

El gol colocaba un empate que hacía justicia en un partido totalmente desigualado, casualmente, hacia el lado que menos calidad individual poseía desde un principio, pero que más cosas puso sobre la mesa para querer llevarse los tres puntos. Al igual que sucedió el año pasado, en un grupo con una composición similar, el Valencia no ha conseguido sacar tres puntos valiosísimos ante el rival más débil del grupo. De cara a conseguir la clasificación para octavos de final, estos dos puntos perdidos podrán presentarse en la memoria del equipo de no conseguirse finalmente una clasificación que pasaba por el Pierre-Mauroy de Lille.

Christian Sánchez de la Blanca (@delablanca10)

François Lo Presti / AFP

¿Algo que añadir?