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Un balón para Koke y Correa

El Atlético de Madrid, aunque encaramado en el vagón de los mejores equipos de La Liga, al menos por puntuación, continúa con problemas a nivel de juego. Ni siquiera parece que Diego Pablo Simeone tenga muy claro el estilo sobre el que desea desarrollarse esta temporada o, más certeramente, que sus jugadores lo estén entendiendo convenientemente. Y, desde luego, no lo están ejecutando, pues se sigue apreciando un inestable desempeño entre partidos y dentro de cada uno de ellos, hablando de calidad y continuidad del juego. El partido contra el Athletic de Bilbao de Gaizka Garitano fue una demostración más, en el que hasta la segunda mitad no consiguió imponerse en un escenario a priori favorable como el Wanda Metropolitano y ante un equipo que fuera de casa tampoco termina por desplegarse con comodidad.

Al Atlético le volvió a costar dominar el centro del campo dentro del 1-4-4-2 de Simeone.

Y no sería acertado asociar la falta de control con el dibujo. Concretamente en el partido contra los vascos podemos encontrar respuestas individuales a las dificultades que se encontraron los locales. Simeone optó por Saúl Ñíguez y Thomas Partey en el doble pivote, con Koke y Lemar como volantes. El reciente nivel de Thomas lo colocaba como uno de los mejores mediocentros de Europa. Estaba dominando el ritmo del partido desde su calma y técnica para el pase y desde su excelente control posicional, colmado por un recientemente adquirido profundo conocimiento táctico. Tanto, que se le aplicaba sin titubear la etiqueta de centrocampista titular (y esencial) dentro del esquema del Cholo. Sin embargo, contra el Athletic no estuvo bien. No pudo buscar su espacio para iniciar la jugada ni influir desde su físico ni condicionar a partir de la presión. Pero es que, además, tampoco recibió ayudas de Saúl, que volvió a mostrar cómo se siente atado e incómodo en esa posición tan rígida. De hecho, su mejor acción la pudimos disfrutar en el primer gol colchonero, en el que el ilicitano soltó su amarre del pivote y se desplegó hacia el área rival, recibiendo el pase de Ángel Correa y anticipándose a toda la defensa visitante.

De esta forma, el Atlético comenzó a simplificar sus ataques. Los envíos a un impreciso Álvaro Morata se sucedieron, sin encontrar en el madrileño una verdadera fuente de ventajas ni por alto ni al espacio. Su compañero en la punta, Correa, en cambio, sí que se fue imponiendo y, de menos a más, fue receptor de juego directo que el argentino invertía en posesiones en líneas avanzadas, permitiendo a su equipo colocarse en campo contrario. Por su parte, el Athletic repitió sus dificultades habituales lejos de San Mames y solo a partir de un Iker Muniain muy pendiente de la gestión de la jugada desde su posición en banda derecha consiguió tejer alguna jugada cuya profundidad venía dada por un incansable Ander Capa que nunca encontró rematador. Solo a balón parado creaba peligro en una portería salvaguardada una vez más por la auténtica estrella del equipo, Jan Oblak.

Diego Simeone: «Koke quiere hacer más de lo que tiene que hacer.»

La clave para la victoria final del Atlético fue la dupla que formaron, en la segunda mitad, Koke Resurrección y Ángel Correa. Ambos, ubicados en la parte derecha del campo, entendieron bien que tenían que hacer más cosas con el balón, más rápido y con mayor precisión, para desbordar realmente a la férrea defensa bilbaína. Cada uno a su altura, pero también, alternándose en la vertical, supieron atrapar el balón para no soltarlo y ya no solo para conservar la ventaja en el marcador, sino también para ampliarla. El capitán trabajó mucho durante los 90 minutos, corriendo para cerrar espacios al rival, cubriendo mucho campo, pero no fue verdaderamente decisivo hasta que se ocupó más de proponer que de impedir. Su compatibilidad con piezas con tanta calidad para la asociación como Ángel Correa (o João Félix) debería poder ser un mecanismo habitual en los automatismos del equipo para imponer su juego y facilitar a los delanteros más y mejores balones de gol. Tal y como dejó entrever el Cholo en sus declaraciones, quizás Koke tiene más que decir con balón que sin él. Y, sobre todo, su equipo lo necesita más como director que como perseguidor.

Andrés Sánchez (@sancleracot)

Denis Doyle / Getty Images.

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