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El Betis se ahoga en busca de ritmo

Es cierto que el Granada CF, actual líder de La Liga, transmite una confianza en su juego y en sus posibilidades bien acreditadas con cuatro victorias y una derrota en el Nuevo los Cármenes, contando tan solo un gol encajado que lo coloca como uno de los conjuntos más difíciles de superar jornada a jornada. Su seguridad defensiva, su gran gestión del ritmo desde el doble pivote y la movilidad de sus delanteros le están permitiendo ser dueños del contexto y dominar los partidos, sea quien sea el rival y aunque tenga más calidad neta que los nazaríes. Tal situación se planteó en el partido del domingo contra el Real Betis. El conjunto de Rubi continúa con muchos problemas estructurales a nivel de esquema y juego, que progresivamente han ido opacando el talento individual de sus piezas. No transmite buenas sensaciones ya no por el rendimiento actual sino por la sensación de que el equipo no evoluciona y de que su entrenador no encuentra soluciones desde el banquillo.

El partido contra el Granada volvió a mostrarnos a un Betis perdido.

Rubi planteó un 1-4-2-3-1 con Javi García y Andrés Guardado en el doble pivote. Y fue esta pareja el inicio de todos los problemas del conjunto andaluz. El español no está cómodo con el tipo de juego que desea (desearía) implementar el técnico catalán pues ni tiene contactos de balón de calidad, ni visión para el pase ni una cadera capaz de girar a la velocidad y agilidad necesarias. El mexicano, por su parte, sí está capacitado para realizarlo. Su evolución en los últimos años de su carrera -especialmente en la Eredivisie con la camiseta del PSV Eindhoven- le permitió conocer la posición de mediocentro e interior, donde demostró conocimiento táctico y nivel técnico suficiente como para poder ser el motor de su equipo. Con tal perfil llegó a Sevilla, de hecho. Sin embargo, ahora, en octubre del 2019, Andrés no llega. Físicamente no le da como para ocupar tanto campo y a nivel de ritmo no logra ser lo que su equipo necesita. Precisamente es a esta línea del campo a la que Rubi necesita darle una vuelta para que el sistema tenga un sentido, el balón un ritmo y para que sus jugadores más ofensivos puedan dedicarse a dominar el campo contrario.

Precisamente uno de esos jugadores puede ser clave en resolver este entuerto. La temporada pasada de Sergio Canales en La Liga lo colocó como uno de los mejores centrocampistas del torneo, aunando una exuberancia física fascinante a nivel de velocidad y de resistencia que le permitía estar en muchos sitios y su ya conocida calidad técnica para marcar la diferencia con el balón en su bota izquierda. En el partido contra el Granada de Diego Martínez, Sergio detectó los problemas en la base de la jugada y, desde su posición de volante en banda derecha, bajaba a ayudar a sacar el balón y gestionar los primeros pases. Este movimiento conlleva unos claros beneficios a nivel de juego pero, también, un peaje que necesitaría quedar bien cubierto. La pérdida de una pieza tan decisiva en campo contrario requiere de una compensación táctica que bien podría realizarla Nabil Fekir desde la posición de mediapunta, con una caída a la derecha que en teoría debería serle natural, o el lateral derecho proyectándose por fuera. De tal forma, y al menos para la primera fase de la jugada, el sistema adoptaría una forma de 1-4-3-3 con este Canales polifuncional. Probablemente esto suponga una exigencia excesiva para el cántabro, sobre todo a nivel físico, lo que podría hacer de esta situación insostenible. Y, además, algo que por el momento parece complicado que funcione con continuidad dada la irregularidad que está viviendo la estrella francesa en virtud a sus lesiones y a la baja aportación de los carrileros de la plantilla que está limitando también la capacidad del conjunto bético para pasar a campo rival, algo que ya vivimos también el año pasado.

La situación frente a portería también ha cambiado con respecto a la temporada pasada. Pero a mejor.

El proyecto de Quique Setién en el Real Betis era uno de los más estimulantes del panorama nacional. Su atractiva propuesta a nivel de juego y las características de su plantilla nos hicieron imaginar un equipo alegre y ofensivo, con recursos para superar cualquier defensa y divertirnos domingo a domingo. Sin embargo, sus problemas para acelerar en los últimos metros y la escasa productividad dentro del área limitó tal rendimiento. Este año el Betis está errando precisamente en el aspecto que mejor manejaba la temporada pasada: los primeros pases. Sin embargo, a nivel de determinación sí que se aprecian brotes verdes. Los siete goles en diez partidos de Loren Morón, máximo goleador de La Liga junto a Gerard Moreno, son muestra de ello. Pero también los fichajes de Fekir y Borja Iglesias deberían suponer un salto en este sentido casi de forma automática y esperable. Sin embargo, el sistema está lejos de darles la ventaja que necesitan para rematar y por ahora se están quedando más cortos de lo deseado. La parcela ofensiva verdiblanca sigue esperando a que el ritmo se incremente para que toda su pólvora no termine mojada en un cajón del Benito Villamarín.

Andrés Sánchez (@sancleracot)

Cristina Quicler / Getty Images.

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