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El lateral izquierdo de Arrasate

Si el inicio del Granada ha sido histórico, el de Osasuna poco le tiene que envidiar. El conjunto de Jagoba Arrasate sabe a lo que juega y esto siempre es una ventaja, más aún en los comienzos verdes de temporada. La tendencia vertical, el mirar los espacios más que el balón, se combina con un protagonismo exterior en transición sobre todo en la base y en la medular. Esta importancia se manifiesta con el esférico pero también sin él, haciendo ancho el campo en la salida. La preponderancia por los costados hace más sensible la tarea de sus miembros, aunque la de los laterales, donde está destacando especialmente Pervis Estupiñán, no está teniendo el recorrido tan determinante que se le antoja.

Los costados tiene un papel importante en la transición, pero los volantes acometen más responsabilidades con balón.

El ecuatoriano es uno de esos jugadores definitorios de un sistema: en cierto grado, su incidencia es mayor por su transcendencia colectiva con y sin balón. El equipo navarro juega con hombres de banda que acostumbran a pisar zonas interiores y eso, en algunos casos, deja rienda suelta a los laterales del equipo. Pues el ataque del Osasuna, si empieza por abajo, lo hace por los costados, aunque acabe finalizando siempre por el centro o a través de envíos al espacio para saciar el instinto del Chimy Ávila. En esas, Estupiñán manda claramente, pues el 43’7% de los ataques pasan por su costado.

Su potencia y criterio en el centro, base del juego de Arrasate, su explosividad en la conducción y su predisposición ofensiva argumentan que haya disputado todos y cada uno de los minutos que van de La Liga. Esas, al mismo tiempo, esconden una falta de sensibilidad en el toque en espacios cortos por su hiperactividad (17,1 pérdidas por partido). Con espacios en campo rival, saca su instinto, sin ellos, peca de racionalismo. Estupiñán es más de autopistas y no solo de ida. Su estatus físico le permite ser un seguro en el repliegue por su velocidad e intensidad en el choque.

El carácter ofensivo de Estupiñán encaja de maravilla en el sistema de Arrasate, aunque no esté optimizado por el conservadurismo del planteamiento táctico.

Las defensas estrechas revelan su falta de aparición sin balón por el conservadurismo del sistema de Arrasate. Sube cuando la jugada lo indica y no él. No dicta la jugada, la acompaña. La tendencia ofensiva del equipo de acabar las jugadas con los protagonistas del carril central puntualiza su intervención en vez de darle mayor regularidad. Cuanto más balón tenga el equipo, mejor le van a ir las cosas al de Esmeraldas, pero el entrenador ya tiene asignados cuáles deben ser sus referencias principales en ataque y la forma en la que tienen que desenvolverse. Quién representa la columna vertebral y quién las costillas. Como recurso ofensivo, Estupiñán es oro para Arrasate, aunque el técnico prefiera un lateral más puntual y no le de el recorrido que el juego del ecuatoriano merece.

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