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La operación retorno en clave celeste que se dio durante el pasado mercado estival no está dando aún el rendimiento esperado en Vigo. El Celta de Fran Escribá tan solo cuenta con dos victorias en su haber en las diez primeras jornadas de La Liga. Unos resultados y una posición en la tabla (17°) que se corresponden fielmente con las sensaciones que transmiten sobre el terreno de juego.

Sin embargo, la radiografía del cuadro celeste es muy diferente a la que podíamos hacer la temporada pasada cuando vivía una situación similar. Con un Iago Aspas más líder que nunca, siendo uno de los máximos anotadores del campeonato, los problemas del Celta se acumulaban en área propia. Algo que con la llegada de Fran Escribá, tras una campaña muy inestable en el banquillo, se buscaba corregir por la propia filosofía del técnico valenciano, siempre destacado por buscar el equilibrio defensa-ataque en sus equipos.

Pasado el verano, con la oportunidad de reforzar la plantilla y con la experiencia de haber vivido una situación agónica en Balaídos, el Celta encaraba una temporada ilusionante por las expectativas que generaban las llegadas. En agosto, las miras estaban puestas sobre su defensa, punto crítico la campaña anterior y cuyos refuerzos no estimulaban tanto como en la parcela ofensiva. Tres meses después, la situación no es nada positiva, pero por motivos absolutamente contrarios a los esperados.

Siendo el aspecto defensivo el que más preocupaba en Vigo, está siendo la poca productividad ofensiva el gran talón de Aquiles del Celta en este inicio de Liga.

Un gol cada dos partidos de Liga. Este promedio teniendo a Iago Aspas cada semana en el once es un dato dramático. Que el de Moaña firme una proyección de hacer cuatro tantos en toda la temporada, habiendo alcanzando casi un tercio de competición, da escalofríos. Pero esta no es una cuestión de forma individual, sino de falta de argumentos colectivos. Fran Escribá está siendo atrevido en el sentido de colocar todas sus nuevas piezas, aquellas que atesoran una calidad técnica superior, siempre en el once titular. Dar cabida a Denis Suárez, Rafinha, Iago Aspas y Santi Mina limita mucho el margen de maniobra tácticamente, pero el valenciano no se está cortando a la hora de juntarlos sobre el césped. Ahora bien, el Celta se está ordenando bajo un 1-4-4-2 que si bien defensivamente se muestra equilibrado, está transmitiendo graves problemas en la construcción de juego.

Su medular es el epicentro por el que pasa la mala dinámica celeste. Lobotka está lejos de ser ese jugador polifuncional que alguna vez le pudimos intuir, capaz de dotar de equilibrio al sistema y a su vez favorecer el ritmo de juego. Y su acompañante, indeterminado entre Yokuslu, Beltrán y recientemente Pape Cheikh, no está sabiendo compensar las dificultades del eslovaco. Es ese cortocircuito en la medular el que está provocando la diversificación de roles de Iago Aspas, alejándolo del área contraria y teniendo que asumir un peso en la creación que está lastrando al equipo varios metros por delante. Que el Celta sea uno de los equipos que más regatea y menos disparos realiza de La Liga viene a evidenciar este hecho: al Celta no le queda más remedio que tratar de explotar sus virtudes desde un plano individual ante la ausencia de un plan colectivo funcional. Una genialidad que puede salir bien en ocasiones, pero cuyo índice de acierto es lógicamente mucho menor.

Siendo la medular el punto clave de todo su fútbol, la idea de cambiar de sistema puede tener tantos pros como contras.

¿Pasa la solución del Celta por el cambio de sistema? Está claro que el plan celeste pasa por la posesión de balón, demostrando ser un equipo que sufre sin el dominio del cuero. Ahora bien, una corriente de analistas apuesta por explotar todo su talento ofensivo desde un dibujo con un único pivote. Dar rienda suelta al fútbol de los Denis, Rafinha o Aspas. Sobre el papel suena muy estimulante, y alimenta la idea de que ofensivamente el cuadro vigués lo agradezca, pero la gran duda es si ese sistema haría más vulnerable al Celta precisamente en el único factor en el que ahora acumula certezas. Visto el nivel actual de Lobotka o el resto de perfiles para esa posición de pivote único -posiblemente el propio Cheikh sea el que mejor se pueda adaptar a ello-, quizás el remedio nos haga ver un Celta más atrevido, más relacionado con el gol, pero también haga volver esos fantasmas que asolaron Balaídos la temporada pasada. Escribá tiene una difícil papeleta que solventar, pero sin duda su mayor rompecabezas se ubica en la base de todo su fútbol; en la medular.

Dani Souto

Nathan Stirk / Getty Images

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