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Levantar a Mestalla

Bufandas al viento y coreando, de nuevo, el himno de la Comunidad Valenciana. Esa imagen en la mente podría corresponder, sin problema alguno, a la heroica temporada 2018/2019 del Valencia de Marcelino. Sin embargo, el coro del feudo valencianista retronaba, por primera vez, en los oídos de Celades. El técnico del Valencia no se ha encontrado en una posición de ventaja, ni mucho menos, tras su llegada después de la destitución del asturiano. Ocupar el lugar del que tiñó de dorado un suceder de páginas en blanco del Valencia del siglo XXI conlleva asumir un puesto de enorme presión y responsabilidad. No se puede negar que el equipo ha perdido credibilidad en lo deportivo por cierta falta de rumbo dentro del campo: sin ser un equipo creado para ello, Celades insiste en ir a buscar al contrario arriba cuando las bases de esta generación de futbolistas es bien distinta. Las dudas en el juego no escapan de la lógica falta de credibilidad en la palabra proyecto, que se esfumó con el adiós del anterior entrenador. Sin embargo, el técnico catalán parece haber tomado ese punto de inflexión que tan comentado fue la temporada pasada cuando en peor lugar estaba Marcelino. Celades ha cosechado, por primera vez al frente del Valencia, dos victorias consecutivas que insuflan al equipo de moral y, con ella, de confianza, sobre todo por la forma de conseguir vencer al Lille en la cuarta jornada de la Champions League. Este Valencia necesitaba esta noche. Levantar a Mestalla. Llenarse de positivismo con el subidón de moral que supone una remontada y depender de sí mismo para superar una fase de grupos que supuso una decepción la temporada pasada.

Parejo ejecutó un penalti resuelto con maestría en un contexto muy susceptible de arrugar a cualquiera.

El once inicial del Valencia estuvo marcado por la salida de Kang In por la derecha en vez de un Ferran Torres que está acumulando minutos de calidad con Celades. La intención del entrenador catalán era conseguir poblar el centro del campo con la interiorización del coreano para dejar el carril libre a las incorporaciones de Wass como lateral. Esa idea no proliferó lo más mínimo. El surcoreano nunca se encontró jugando ese rol dentro de una zona del terreno de juego donde los contrarios apenas le dejaban recibir con tiempo para pensar. Ni la presencia de Parejo y Kondogbia en el doble pivote sirvió para asentar al equipo local en campo contrario. Ocurrió todo del revés, ya que el Lille amenazó varias veces la portería de Cillessen mientras que el Valencia trataba de reencontrarse en un primer tramo de encuentro dominado por el desconcierto en el juego y un hacer las cosas sin llegar a creer ciegamente cuál sería el camino más fácil para la victoria. En ese mar de indecisiones emergió Osimhen entre los dos centrales valencianistas. El ariete recibió el balón con una llamativa poca vigilancia de la pareja Garay-Gabriel y se plantó ante el meta neerlandés para salvar su salida y asestar un gancho directo al mentón de un conjunto che grogui. El delantero nigeriano no sabía que no volvería a superar a Gabriel Paulista en lo que quedaba de partido.

El gol sentó como un jarro de agua fría en Mestalla y eso impacientó a una grada que comenzaba a dar muestras de su inconformismo y sobre todo malestar con la forma en la que le habían arrebatado un proyecto que había despertado ilusión nuevamente. Todo resulta más fácil de criticar cuando se va por debajo en el marcador. La mala fortuna con la lesión de Cheryshev se convirtió en buena suerte con la salida de Ferran en su lugar. El canterano ocupó la banda derecha y desplazó a Kang In a la izquierda. El cambio evidenció la visión de juego que le había faltado a Celades a la hora de confeccionar un once inicial que comprometiera al rival y le metiera miedo. Ferran insufló al contrario de ese miedo a base de conducciones a la espalda del carrilero izquierdo y atacando los espacios entre este y uno de los tres centrales de Galtier. A partir de dos acciones suyas el Valencia se puso en pie y terminó la primera mitad atacando en la misma área rival. Las acciones de Rodrigo por dentro, tratando de encontrar a todo aquel que se le moviera por delante y las subidas de Gayá por banda lanzaban buenos presagios de cara a la segunda mitad del encuentro.

Pese a que al Valencia le costó encontrar el nivel ofensivo de los minutos finales del primer acto, un balón en profundidad de Ferran para Rodrigo desencadenó un penalti que fue el primer peldaño para una remontada que levantaría Mestalla. Guiados por una motivación similar al momento “oh, capitán, mi capitán” de El club de los poetas muertos, los diez compañeros del capitán Parejo sobre el campo asistieron a la ejecución, a lo Panenka, de un penalti resuelto con maestría en un contexto muy susceptible de arrugar a cualquiera. El capitán del Valencia volvió a viajar a la esquina durante un festejo, algo que levantó y envalentonó a todo el estadio con ansias de remontada. Lo que sucedió tras el empate a uno se explica mejor desde la épica y la motivación que desde el fútbol. Más desde lo emocional que desde lo meramente táctico y teórico. El contexto de partido dio un vuelco y activó a hombres importantes como Gayá, otro capitán de la nave valencianista. Su vuelta al equipo se tradujo con una acción ganando línea de fondo y colocando un centro que se envenenó tras golpear en un rival. Llorando, pero el balón entró en la portería previo beso con el palo.

Ferran insufló al contrario de ese miedo a base de conducciones a la espalda del carrilero izquierdo y atacando los espacios entre este y uno de los centrales.

El 2-1 se había consumado y la emoción inundó las gradas de un Mestalla que volvió a vibrar con los suyos como en uno de esos grandes y agónicos encuentros de la temporada pasada. Sin tiempo para digerir el 2-1 llegó Kondogbia y llevó el delirio a todo el feudo valencianista con un tremendo golpeo desde unos 35 metros que se coló en la portería del Lille sin que Maignan pudiera hacer algo para detener o vislumbrar un disparo tan potente. Mestalla se liberó y festejó a partes iguales. Se dio un festín de sensaciones viendo a un equipo que luchó y creyó hasta el final en una situación que era límite para conseguir el objetivo de luchar para acceder a la ronda de los octavos de final de la Champions League. Ferran culminó un partido necesario para Celades con un gol que él merecía. Pese  a que ninguno de los dos nueves mojara, su trabajo fue encomiable. El de Maxi conteniendo, abriendo espacios y pegándose en todo momento con los defensas franceses, pero sobre todo el de Rodrigo, actuando como mediapunta y aportando esa pizca de fluidez entre líneas que Kang In no pudo dar. Si el surcoreano fue una nota negativa en el partido, Manu Vallejo fue la positiva. Disfrutando de minutos a cuentagotas, el jugador del Valencia está demostrando, cada vez con más claridad, que combina muy bien con ese ataque che. Un ataque y equipo valencianista que deberá aprovechar la inercia de esa noche mágica para afrontar con mejores sensaciones la final que se disputará ante el Chelsea en Mestalla en la próxima jornada de Champions.

Christian Sánchez de la Blanca Portillo (@delablanca10)

Gonzalo Arroyo Moreno / Getty Images Sport

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