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El indeterminado Atlético de Madrid

De nuevo, un invierno de dudas. Tras un verano más en el que los nombres estimulaban con ver una propuesta diferente, el Atlético de Madrid es incapaz de escapar de su guion preestablecido. Es evidente que Diego Pablo Simeone está intentando alternativas desde la pizarra, pero como cada arranque de las últimas temporadas con probaturas de distinta índole, el resultado está siendo igualmente decepcionante.

Se podría contextualizar todo al último partido de los colchoneros en la Champions League en su visita al Bay Arena de Leverkusen, pero esta solo supuso una muestra más de lo que viene siendo el Atlético de Madrid a lo largo de la presente temporada. Es cierto que, como cada partido, el escenario es diferente, pudiendo ver ciertos matices en los que los pupilos de Simeone no suelen errar, especialmente en la defensa del área y de las acciones a balón parado, unas cuestiones que sí pueden responder más al contexto, pero que por lo demás volvió a ser lo mismo de los últimos meses.

El rombo en la medular no termina de cuajar. El duelo de Champions ante el Bayer, solo un ejemplo más.

El Atlético es un equipo plano, carente de profundidad por lo desconectada que vive su doble punta del juego. Simeone ha decidido apostar por dar protagonismo al carril central para que sea por donde transcurra el grueso del caudal de su fútbol, algo coherente con la tipología de plantilla que tiene diseñada. El Atleti, que lleva años buscando la figura del extremo resolutivo, cuenta tan solo con dos jugadores de este perfil en sus filas. Ambos, Vitolo y Lemar, están actuando como revulsivos en una mediapunta en la que rinden con cierta irregularidad. Un puesto clave, esta punta del rombo central, que no termina de tener un poseedor claro, aunque por ahora su máximo exponente esté siendo Ángel Correa.

Seguramente esa mediapunta esté reservada y diseñada para su jugador con más talento, el más diferencial. Simeone sigue esperando a un João Félix que siempre se ha mostrado lejano a su mejor versión vestido como colchonero. Aportaba cosas de cara a la galería, porque su calidad es innata, pero no daba una continuidad al juego que el Atlético aún sigue demandando. Y es que el rombo no está sabiendo gestionar las posesiones del Atlético de Madrid. Saúl no es el gestor del primer pase que el Atleti demanda en una posición tan retrasada, y Thomas y Koke, aun repartiéndose alturas, no consiguen superar la presión rival asociándose con acierto y fluidez, especialmente cuando no pueden ver el fútbol de cara. Las combinaciones del Atlético de Madrid se ahogan en su propia medular.

Buscando solucionar sus problemas por dentro, Simeone pudo encontrar un parche por fuera, especialmente en la figura de Renan Lodi. El brasileño estaba siendo diferencial a tres alturas diferentes: en la salida de balón, en la zona de construcción y en la de finalización desde el centro al área. Mientras los laterales conseguían reducir las responsabilidades de sus centrocampistas con balón, el Atlético ganaba en argumentos para jugar fuera-dentro primero en campo propio y luego en el rival para no depender de la conexión al juego de sus dos puntas, que únicamente se encargarían de cargar el área y finalizar. Un plan que fue perdiendo peso progresivo al paso que los de Simeone se mostraban incapaces de ganar esa altura necesaria en el bloque para dotar de protagonismo a lo largo de todo el carril a sus laterales.

Porque en esa doble punta se están centrando muchas miradas. Morata, que vive actualmente un buen momento de efectividad de cara a gol, no es capaz de darle continuidad a las jugadas, aunque el drama se esté focalizando en Diego Costa. El hispanobrasileño vive prácticamente aislado del circuito de pases de sus compañeros. Si bien este no es nada fluido como estamos comentando, con serios problemas desde la base, las posibles recepciones del de Lagarto podrían suponer un balón de oxígeno que permitiese al Atlético de Madrid vivir permanentemente más arriba, subir su bloque y no sufrir tanto en la gestación de la jugada. Pero esto no se está dando, y Diego no está encontrando la forma de ser diferencial ni dentro ni fuera del área.

Un verano de ilusión que se torna en una renovación que poco a poco se hunde en otoño e invierno para retornar al punto de partida en primavera.

El partido de Leverkusen solo fue un ejemplo más. Simeone apostó por su plan de partida de esta temporada; un rombo que no termina de cuajar pero que trata de ser acorde a su renovada plantilla. Y prácticamente al descanso volvió a arrepentirse. Su discurso sobre el césped no deja de variar en una cantinela que ya hemos vivido las últimas temporadas y que termina con el argentino volviendo a su origen. Un eterno día de la marmota que diría Miguel Quintana que el aficionado colchonero vuelve a revivir y que pasa por su momento de mayor indeterminación de la temporada.

Dani Souto

Alex Grimm / Getty Images

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