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La comedia romántica de Rodrygo

Más proclive al género de terror o de intriga, el Real Madrid de Zidane realizó su última película siguiendo los cánones clásicos de la comedia romántica: fácil de producir y con un guion argumental poco cambiante. En el partido contra el Galatasaray, la parte sencilla correspondió al desarrollo del plan y el guion que, en el caso blanco, no varió mucho. Aunque el partido duró noventa minutos, a partir del duodécimo la intriga se convirtió en comedia y el partido madridista pasó a ser plácido por la ventaja en el marcador. Aunque esto apenas deformó las propuestas tácticas, sí que restó su expresividad competitiva, sobre todo la del cuadro turco. Un dato: el 80% de la posesión basculó entre el tercio del medio campo y el del conjunto visitante.

Este dominio se produjo a partir del once por defecto del técnico francés, tanto en la teoría como en la práctica. La estructura blanca volvió a obedecer dos patrones de conducta ofensiva opuestos en ambos lados. El costado izquierdo, más protagonista, vivía de la dirección imprescindible de Toni Kroos en la base, de la amplitud y profundidad de Marcelo y de la menos habitual presencia interior de Eden Hazard. El belga actuó con más regularidad por el pasillo central y estuvo más relacionado con el balón que sin él, aunque aún no fue lo suficientemente determinante para lo que se le espera.

La resolución inicial en el marcador desvirtuó el factor competitivo del encuentro pero no su narración táctica.

Por el costado derecho, más secundario, aunque no tanto como es común, el extremo, Rodrygo Goes, era el que representaba la amplitud y la profundidad. Mientras el interior, Fede Valverde, obedecía un perfil más móvil, acercándose al balón pero sobre todo alejándose de él, irrumpiendo en vertical al espacio y, de forma más regular, respetando su papeleta como mediocampista escalonado por la derecha por delante del esférico. Como una tiza resbalando por la pizarra. La actuación sobresaliente de Rodrygo fue la guinda del pastel del plan. La funcionalidad del costado derecho estuvo acentuada, esta vez, por su determinación en el resultado final a partir de la prodigiosa actuación individual de Rodrygo Goes.

El brasileño no solo estuvo efectivo de cara a puerta –siendo el jugador más joven en conseguir un hat-trick en Champions League- sino también en lo que se le pide como extremo del lado débil. Estar pegado a la cal como una chincheta para generar espacios interiores y recibir con mejores condiciones para el desborde, ser desequilibrante en el uno contra uno y atacar el área como un águila a su presa. A su más que correcta aplicación en las responsabilidades se le sumó su predisposición constante en la escena, siendo el jugador atacante que más se implicó con 76 intervenciones. Hasta le salió una jugada de baloncesto robando y asistiendo en apenas unos segundos. Rodrygo Goes aterrizó en el Bernabéu para noches como las de este miércoles y ha entrado en el once para quedarse por entender tan bien lo que tiene que hacer y llevarlo a la práctica de la misma forma.

Rodrygo Goes está demostrando por qué tiene mejor tesitura en el momento de entender lo que se le demanda al extremo derecho del Real Madrid.

Con la entrada de Isco, el paulista dejó de estar más relacionado con el balón y se le vio más por dentro, cerca del marco rival, donde es menos determinante. No podía acometer sus funciones de la misma forma y su socio más cercano, Valverde, ya no estaba en el interior para guiarle. El uruguayo retrasó su posición hasta la de mediocentro posicional con la entrada de Modric, y volvió a dar estabilidad con su capacidad para anticipar y saber estar. El otro cambio que volvió a estar notable, dentro de un guion poco exigido, fue Ferland Mendy, dando buena respuesta junto con el intermitente Hazard. Un guion sin apenas variaciones pero que esta vez sí permitió firmar una noche plácida de Champions League más digna de una comedia romántica que de un drama bélico.

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