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Un derbi tomado por Ocampos

El partido más bonito de La Liga estuvo marcado por el momento opuesto que atraviesan ambos equipos. Ninguno de ellos pudo disimular por dónde está pasando en un encuentro que se jugó a dos ritmos distintos. El Sevilla de Lopetegui, a pesar de entrenador nuevo y muchos jugadores recién llegados, es ya un conjunto reconocible, con poso y con una estructura. El Betis de Rubi, por contra, no logra reconocerse en el espejo y compitió solo a base de talento y chispazos puntuales, algo demasiado etéreo como para sacar un buen resultado. Al final, el Sevilla encontró en Lucas Ocampos el jugador más determinante del partido. Incluso hubo tiempo para que Luuk De Jong sonriera.

El primer tiempo corrió a cargo del Sevilla. Con un De Jong entonadísimo en las recepciones y sus constantes movimientos lejos del área, los visitantes lograron conectar siempre con su delantera, aprovechando además que el Betis no tiene mediocentro, y esto tiene doble factura. Ahí, el neerlandés fue una vía de escape muy cotizada para que luego se activase un Lucas Ocampos que fue, sin duda, el mejor jugador del primer tiempo. Su agresividad con y sin pelota fueron petróleo y condicionaron tremendamente a Álex Moreno (el mejor jugador del Betis ayer) en sus subidas. Ocampos está en estado de gracia, y con sus goles sube otro peldaño. Lopetegui, que para activar su plan necesita desborde, ha encontrado en el argentino a una joya.

Jesús Navas volvió a cuajar un partido impresionante, demostrando que su motor no tiene freno.

Rubi, ante la falta de un pivote, optó por proteger a Bartra con tres centrales por detrás suyo y dos interiores haciendo de escudo. Juntó mucho jugador por dentro y regaló las bandas a Emerson y Moreno. Fekir y Loren, dos islotes. El plan del Betis quedó en nada porque jugó a trompicones, incapaz de hilar tres pases seguidos. Desorientado ante la manca de una referencia en el primer pase (brutal la caída de Mandi en ese espacto), los interiores se hartaron de correr y Fekir apenas tuvo dos momentos para lucir. Sin embargo, el partido le exigía que apareciese en cada ocasión, como si de un elegido se tratase.

El Betis, en el segundo acto, puso toda la carne en el asador cuando los visitantes se pusieron de nuevo por delante. Pasó a defensa de 4 y dio entrada a Joaquín y a Tello para tener desborde y cierto punch en campo contrario. A pesar de los cambios, el Betis jugó como desconectado, sin coordinación entre sus jugadores. La calidad, obviamente, seguía ahí. Había logrado empatar y tuvo ocasiones para algo más, pero la sensación es que el Sevilla ha encontrado una hoja de ruta coherente con los jugadores que tiene mientras el Betis vive perdido entre dos aguas. No hay estructura para que sus mejores jugadores encuentren espacio y herramientas para generar. El bajón de Canales, habiendo sido una de las grandes noticias de La Liga las dos últimas temporadas, es muy evidente, y tiene relación directa con lo comentado. Fekir apenas encuentra un contexto propio y Loren, con la flechita para arriba, tiene muy poco alimento ofensivo. El tiempo avanza y el fútbol no perdona. El Gran Derbi deja aún más separados los estados de ánimo de ambos conjuntos.

Albert Blaya (@Blayasensat)

Cristina Quicler / AFP

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