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El reinicio de Bordalás

La lógica dice que un proyecto de más de dos años debe tener más fundamentos y, por tanto, menos margen de reacción en el momento de enfrentar la adversidad. La teoría general es cierta, pero no en algunos casos concretos, en especial en los inicios de campeonato. El Barça de Valverde, el Atlético de Simeone, el Eibar de Mendilibar y el Getafe de Bordalás llevan más de dos años siendo reconocibles y sus comienzos han estado más relacionados con la irregularidad y las dudas que lo contrario. Los azulgranas viven períodos en que Messi destaca más y otros menos. Los colchoneros siguen dominando las áreas pero no se encuentran en una ruta táctica sólida. Los armeros siguen sin despertar de la falta de coherencia inicial. Y los azulones, ahora, parecen enderezar el rumbo. Después de siete partidos en los que acabó a la parte baja de la tabla, siendo la tercera peor defensa de La Liga –junto con Valencia y Villarreal-, en los siguientes seis se ha convertido en la segunda mejor –de brazo con el Atlético-, con solo cuatro goles recibidos. Asentado en la Europa League, los madrileños ya huelen de nuevo los puestos europeos.

Recorrido no es sinónimo de mayor solidez porque la esencia va a ser inquebrantable pero el cambio es continuo.

La cada vez mejor puesta en escena del Getafe está relacionada con sus raíces: atacar desde la defensa. Si no recibes puedes sumar pero nunca restar. La fiabilidad atrás ha sido y es el principal argumento futbolístico del Getafe, no porque su entrenador desbarate el ataque sino porque este reside en la esencia defensiva del conjunto. La solidez de David Soria, la impetuosidad de Djené, el saber estar de Leandro Cabrera y el posicionamiento de Mauro Arambarri forman una especie de rombo –Maksimovic suele ser el mediocampista menos anclado- que controla el devenir por dentro en campo propio. Junto con el saber correr hacia atrás de los laterales, el quinteto responsable de las tareas defensivas ha revalidado su condición de mejor defensa por dificultar la labor ofensiva rival cerca de su área. Este rectángulo, al menos, tiene color azulón.

Esta mejoría defensiva cerca de David Soria ha revalidado la tarea lejos de él. Dos líneas de cuatro y una de dos que miran al primer poseedor de la posesión rival y le intimidan después pero no le atacan en primera instancia. El bloque sin balón se concentra en el primer receptor más que en el primer emisor. Esto ayuda a compactar las líneas y al equipo, generando menos espacios entre ellas, sobre todo en ambos cuartetos. Pues los azulones responderán mejor sin balón en campo propio que en el rival.

El Getafe ha sumado determinación e inexpugnabilidad cerca de su guardameta.

La actividad sin esférico ha tenido una respuesta directa en la propuesta con él. El desplazamiento es un recurso puntual frente ataques posicionales, al sumar en el espacio que genera la basculación defensiva rival, pero el discurso se fundamenta en los mismos carriles exteriores. Por el costado izquierdo, como lado débil, no porque la posesión transite menos por ese carril sino porque la referencia ofensiva del equipo -Jorge Molina- no lo pise tanto, Cucurella en el lateral y Kenedy en la posición de volante han devenido en una pareja adecuada para las intenciones de Bordalás ante la ausencia de Antunes. El primero tiene criterio con balón, cumple en defensa y sabe atacar tanto por fuera como por dentro a partir de su capacidad en espacios reducidos. El segundo ha demostrado tener lectura y determinación ofensiva para comenzar la jugada y sumarle metros al equipo o atacar el área contraria.

El lado derecho, donde tiende más a caer Molina, es más expresivo por el hecho de tener más herramientas. El talento de Jason se junta con el del alicantino, compartiendo zonas y asociándose. Pero el protagonista es el veterano y espigado delantero. Recibe, aguanta, arrastra a los defensores y la suelta generando ventajas para sus compañeros y sumando altura al bloque. Es el principal activador de los ataques, necesitado de gente que se acerque a él, como Jason, y que se aleje de su posición, como su Maksimovic, con una llegada venenosa, y la colaboración de su homólogo, bien Ángel o bien Mata.   

Jorge Molina ordena para que sus compañeros desordenen.

El primero es impulsivo y móvil, proclive a atacar el espacio constantemente y con un conocimiento del remate y del área tremendo. Ángel se complementa muy bien con Jorge Molina porque ambos son completados por su compañero. Mata, sin ser mal delantero, choca un poco con este yin y yang que representan Molina y Ángel. El 7 azulón se ayuda del cuerpo para aguantar el balón, es ligero y decidido en el remate y experto en los movimientos pero no tiene la misma agudeza que Ángel en el momento de atacar la espalda del rival, aunque suponga una alternativa muy válida para lo que pretende el técnico del equipo madrileño.

Para los proyectos de largo recorrido, cada temporada comienza bajo la misma tutela táctica, pero supone un reinicio desde la misma base. Más si has añadido nuevos elementos a tu engranaje y una competición europea nada fácil. Aunque también vuelva aquello de Bordalás “estoy harto de que se etiquete al Getafe como el equipo de las patadas y las interrupciones”, siempre es de alabar el trabajo del técnico alicantino y su Getafe en Liga, especialmente ahora con su retorno a la estabilidad en la intención y la ejecución.

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