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El Madrid ya tiene a Hazard

Eden Hazard ya ha llegado. Tras unos meses en los que hasta Jorge Valdano dijo que «se le ve compacto», en los que parecía otro, un impostor, el belga ha aterrizado de lleno en el tapete verde y está empezando a hacer de las suyas. Y precisamente esto es lo que el Real Madrid no tuvo el pasado curso y que tanto echó en falta. No es de extrañar que la solución que encontraron en Vinícius Jr esté perdiendo fuerza en este arranque. El belga es lo opuesto a Vini en forma y fondo. Un jugador que cose los partidos a través del balón. Agua bendita para el siempre desterrado Karim Benzema.

El Real Madrid no le ganó al PSG porque los de Tuchel son muy buenos y tienen a unos cuantos de los mejores en esto del balompié. Zidane, ya de inicio, enseñó por dónde quería que fuese el partido. Isco Alarcón, que no era titular desde principios de octubre, se ganaba un sitio en el XI, con Hazard y Benzema. Mientras, Fede Valverde, Kroos y Casemiro completaban el puzzle ofensivo. El uruguayo se ha convertido en lo que muchos proyectaban en la figura fogosa de Kovacic, hoy extraviado. El Madrid, pues, sumó un centrocampista más para robarle el cuero a los franceses y jugar como jugaban en 2017. Por momentos el Bernabéu pareció Cardiff y el Real Madrid olvidó todas sus heridas.

El Madrid, excepto unos minutos iniciales dubitativos, encontró siempre la forma de dañar a los franceses. Isco apareciendo por todos lados, juntándose en izquierda con Benzema, Marcelo y Hazard. Un toco y me voy que parecía una coreografía de aquellas imposibles de aprender. El Real parecía recuperarse de su amnesia futbolística en la que había olvidado todas las formas de juntarse con balón. Hazard, que inició la jugada el primer gol con un slalom precioso, estuvo en todas. Y es que el belga es un trilero, uno de esos jugadores que entienden el fútbol desde el amago, protegiendo la pelota con el cuerpo, con las piernas, entornando pequeños giros, pequeñas sacudidas, como bofetadas para el rival.

El PSG tenía la amenaza de Mbappé, que es un martillo pilón, un jugador que espanta a 70 metros de tu portería. Con el francés en el campo el fútbol es un poco menos justo. Pero el Madrid presionaba bien, y tocaba aún mejor. Nadie olía la pelota y ni Di María ni Kylian ayudaban a su par. Fede Valverde leyó como lo hace Modric o De Bruyne esa diagonal indefendible entre lateral y central, es como una cuchillada en las costillas. Su físico es exuberante, pero es que su lectura va a la par. A pesar del dominio, Tuchel ha armado un equipo súper competitivo. Juegan muy bien. Si se saltaba la presión el PSG tocaba siempre con criterio y verticalidad; ¿para qué dar cuatro pases si puedo dar dos? Esa era su máxima. Tocaban siempre hacia adelante y encontraban a los extremos por dentro con ganas de hacer daño.

La entrada de Neymar Jr en el descanso hizo cambiar el partido. Más por su mera presencia que por lo que hizo en el verde, pues estuvo impreciso. Pero Ney es de los que asustan aun sin jugar. Su presencia es como notar una mirada asesina en tu nuca. Entró por Gueye y el PSG fue aún más vertical. El peaje a pagar era alto, pero lo asumieron. Keylor Navas regresaba al Bernabéu. Y en aquellos tres palos que tanto ha amado y tanto ha odiado salvó a su equipo de una derrota meridiana, interviniendo como un felino, parando como un poseso, como si se tuviera que reivindicar consigo mismo.

Al final lo que ni Hazard ni nadie puede remediar son los errores individuales. El Madrid se volvió a hacer el harakiri y concedió dos goles en apenas 3 minutos. Se hundieron, regalaron metros y espacios a un equipo que los ansía. Y lo pagaron caro. El resultado terminó siendo más anecdótico gracias a lo visto a lo largo del partido. Un Madrid que, por fin, se reconoce en el espejo. Hazard, Benzema y Kroos, el ABC de este equipo que con Zidane ya se conoce el camino, y el desenlace.

Albert Blaya

David Ramos / Getty Images

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