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Balones a Paulo Dybala

La Juventus de Turín continúa buscando esos detalles que le acerquen definitivamente a conquistar su ansiada tercera Liga de Campeones. Sus dos últimos intentos se quedaron a las puertas ante el FC Barcelona de la MSN en su máximo esplendor y de probablemente el mejor Real Madrid de la última década, aquel de los cuatro centrocampistas y un optimizado supergoleador, ahora en sus filas, Cristiano Ronaldo. Por el camino quedaron aquella Juventus del tridente Pirlo-Pogba-Vidal y la que disfrutó del último Daniel Alves en modo dominante. Maurizio Sarri ha llegado al club italiano con la intención de dar otra vuelta de tuerca para lograr el objetivo, y poco a poco intenta hacer entender sus métodos y estilo. El balón ha tomado más importancia, y pocos mejor que Paulo Dybala para gestionarlo en campo rival.

La carrera de Paulo Dybala pedía otra capacidad de interpretación en sus contactos con el balón.

El argentino conquistó el Calcio desde su llegada a Palermo y posteriormente a Turín por su extraordinaria capacidad para producir números cerca de la frontal del área rival. Desde ahí utilizaba su zurda para acelerar, asistir y marcar, acercándose más a un rol de delantero que de centrocampista. Bien por mal entendimiento o por un deseo irreal de completar su carta de presentación, en ocasiones se le exigió capacidad para dirigir el juego y el ataque, para ser más responsable en la gestión. Sin embargo, en ningún momento ha conseguido transmitir sensación de poder encargarse de ello. Mientras, el argentino se fue agotando dada la evolución del equipo en otra dirección y de la asunción de responsabilidades para con el juego de otras piezas como Miralem Pjanic. Sin embargo, el encuentro contra el Atlético de Madrid en el Juventus Stadium nos mostró unos matices en su juego que podrían hacerle entrar en otra dimensión. A él, y a su equipo.

Sarri quiso colmar el centro del campo de su equipo alineando a Pjanic, Bentancur, Matuidi y Ramsey en un esquema cercano al rombo y dejando libertad arriba para Dybala y Cristiano Ronaldo. Con el mediocentro bosnio gestionando la posesión en campo propio, con énfasis en la salida de balón, fue el argentino el que mejor interpretó el esférico en campo del Atleti. Cayó principalmente a banda derecha, donde siempre estuvo desmarcado y desde donde se ofrecía como punto de recepción y mantenimiento de la posesión y, a partir de ahí, inicio del ataque local. Fue indetectable para Thomas Partey y Héctor Herrera, y a su espalda hizo mucho daño también en la zona de Mario Hermoso. Consiguió ganar muchos metros para su equipo y ordenar a sus compañeros en torno a él y al balón para que los ataques tuvieran continuidad. Solo la franca incomodidad que mostró Ronaldo en punta o la escasa aportación de los laterales para dar opciones y amplitud limitaron su impacto, aunque tuvo tiempo para marcar el único gol del partido, y que le dio la victoria a los suyos.

El papel y la influencia de Paulo en la temporada de la Juventus es una incógnita de difícil intuición.

Parece sin embargo complicado confiar en la regularidad de un jugador como el argentino para llevar el peso de este gigante europeo. Sus últimos años no han conseguido confirmarlo como estrella sin tapujos, y su posición como futbolista a nivel internacional no queda del todo clara. Su futuro inmediato dependerá, claro, de las decisiones de su entrenador. El sistema que elija, que pueda ubicarlo o no cerca del carril central, las vías elegidas para llegar al área rival, la ocupación de las bandas con laterales o extremos o incluso, por qué no, la puntualidad frente al gol de Cristiano o Higuaín podrán marcar su papel para que de verdad nos pueda convencer de que es uno de los mejores jugadores del mundo.

Andrés Sánchez (@sancleracot)

Emilio Andreoli / Getty Images

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