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Siempre quedará Messi

Decía Gay Talese que “al trabajador de un puente se le puede caer de todo menos el dinero”. Durante el boom americano y la conversión de las ciudades, que crecían hacia arriba, centenares de nómadas recorrían el país construyendo puentes. Trabajaban de día y vivían de noche. Al Barça le puede faltar cualquier cosa menos Leo Messi. Se justificaba Ernesto Valverde en rueda de prensa explicando que se les exige “dar una lección de fútbol en cada partido”. Y fue en el día en el que el argentino cumplía 700 encuentros como blaugrana cuando Messi volvió a construir un nuevo puente. Otro más. Entre el pasado y el presente, entre las expectativas y la realidad, entre la angustia y la ilusión. Para recordarnos que las mejores noches son las europeas y que el cuerpo le pide otra Champions League.

La hiperactividad de Messi contagió a su entorno.

El Barça ha vivido en un limbo que ha desvirtuado la realidad. Ha escondido un problema estructural en forma de Roma y Liverpool, de escenario puntual e inconexo, negando que estos tambien pueden tener forma de Butarque o Ciutat de València. La final ante el Borussia Dortmund se presentó como una oportunidad para olvidar el orgullo y regresar a la humildad. Y con un Messi hiperactivo, todo su entorno se contagió. Desde el Lenglet director de la salida de balón al Luis Suárez matador, pasando por un Umtiti y Busquets que corrieron hacia delante, un Rakitic que partió desde cero, reivindicativo e impaciente, y un De Jong deslumbrante en lo físico y exuberante en lo técnico. 

Valverde acudió a Rakitic en una de las citas más importantes de lo que va de temporada. Descartando repetir el ataque con cuatro delanteros, así como de la figura de Arthur, regresó el Barça de la forma más común pero el del fondo más esencial. Ousmane Dembélé, a cotas altísimas desde sus primeros contactos con el balón, rehusó a la batalla. Lanzó sus botas contra el césped, aquellas que tanto le dieron y ahora le quitan, asumiendo un tropiezo más. 

La mejor versión blaugrana emerge cuando está acertado y vivo en la presión. Aunque tampoco fue la mejor cara del Borussia Dortmund. Reforzando las bandas con juegos de parejas, Nico Schulz y Raphael Guerreiro y Lukasz Piszczek y Achraf, al que le han crecido las alas. Marco Reus aparecía desde un escalón superior acompañado de Brandt, pero los de Favre fueron demasiado respetuosos. Tan solo una tímida transición en la primera mitad y el descaro de Jadon Sancho en la segunda llamaron la atención de Ter Stegen. Al inglés le bastaron algunos minutos para demostrar que tiene condiciones para dejar rastro en Europa y hacerlo allá donde él quiera. Favre modificó el dibujo y apostó por los tres centrales tras el tercer gol del Barcelona. Con los de Valverde replegados, los alemanes tuvieron sus mejores minutos. 

Donde no llega el fútbol, llega Messi.

El Barça encontró a Messi donde ambos se necesitan y se quieren: cerca del área. Y donde más lo agradece Suárez. El uruguayo fue tan irregular jugando de espaldas como preciso en las zonas de castigo. En su constante lucha contra el paso del tiempo, Luis resumió su peligro en el desmarque corto que de memoria conoce su socio. El último toque no se pierde. Ante la renuncia de Dembélé, Griezmann consiguió lo que necesitaba: un gol para vencer al recuerdo y volver a dibujar el camino

En cada sprint de Messi, con decenas de metros por delante, no había desesperación sino ilusión. A cada toque con el exterior de su pie izquierdo y la finta con el cuerpo -que le han acompañado durante siete centenares de partidos- el derrumbe de Hummels y Akanji. La eterna diagonal interior, una falta más, una concesión a Griezmann. 

Como los escritores y los trabajadores del puente acuden al alcohol cuando están faltos de argumentos, el Barça lo hace a Messi. Un Barça que, como canta Fito, quiere bailar pero está sordo de un pie. Pero para eso está Leo, cosiendo cicatrices que duelen cada vez que se reaviva el recuerdo y reconduciendo hasta su propio delirio, que es el de todos. Que no falte. Siempre quedará Messi.

1 COMENTARIO

  1. Me parece muy bueno. Messi es incomparable, es unico, el mejor del mundo y de la historia del fúbol. Jamás podremos ver otro MESSI, ni clonandolo. Cuando Messi se retire, el fútbol perderá muchísimo, no digamos el Barca. El fútbol no será igual jamás (y no es hipótesis). No hay ninguno ni habrá, que lo pueda superar. Sino me creen, a las pruebas me remetire y se comprobará. Gracias.

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