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Dados tirados

Los sevillistas y sobre todo Julen Lopetegui llevan bastantes días preguntándose qué habría sido del devenir del inicio competitivo en La Liga con un bagaje goleador óptimo. Una media de 1’3 goles por partido no te permite cumplir con unos objetivos tan ambiciosos por muy buenos números defensivos que tengas. La inefectividad de De Jong, la poca fiabilidad del ‘Chicharito’ y la incomparecencia de Dabbur han hecho del Sevilla un equipo que quiere pero no puede. Buenas intenciones en el plan que chocan con la falta de un rematador necesario. La dificultad por conseguir una estabilidad goleadora en Liga se opone a la facilidad para acertar en Europa League. La media de casi tres goles por encuentro nos habla del nivel de efectividad en ambas competiciones pero también de la tremenda dependencia del conjunto andaluz en su nueve. La clasificación cosechada en la jornada pasada y la actitud conformista del Qarabag en el Pizjuán hacía que los dados del partido estuviesen tirados antes que el balón empezara a rodar.

En La Liga, el Sevilla echa de menos un nueve goleador. En la Europa League, sin embargo, no ocurre lo mismo.

Con pocas piezas habituales sobre el terreno de juego, el objetivo de Lopetegui consistía en dar recorrido a su banquillo para lo que pretende ser otra larga temporada de tres competiciones. A diferencia del Sevilla de Machín, el del vasco está capacitado con herramientas y recursos para competir en todas ellas, pero el inicio de campaña ha revelado que algunos elementos no han dado el salto correspondiente. Ante el Qarabag, el apetito competitivo no se correspondió al de su entrenador. La presión del partido no fue la que el técnico sevillista imprimía, por lo que la titularidad puntual de los hombres de banquillo no tuvo la respuesta esperada. El contexto, también cabe decirlo, no fue el más adecuado.

El Qarabag se situó desde el primer instante del partido en un repliegue en un bloque muy bajo en 1-5-4-1 con el que taponar las influencias de los extremos estrechando las líneas y alineando dos carrileros. Lopetegui, que había previsto este escenario ultradefensivo rival, sustituyó su 1-4-3-3 estándar para asomar más piezas ofensivas al borde del área rival con un 1-4-2-3-1 –nueve jugadores pisaron de media más terreno visitante que local-. La lógica, aun así, no llegó a la práctica. El poco movimiento por delante del balón y el ritmo bajo de la circulación agigantaban el trabajo del Qarabag en la retaguardia. La defensa tan lejana a la portería de Bono casi imposibilitaba una cierta continuidad con balón, que era rápidamente cortada por la predisposición sevillista en la presión. En el campo del Qarabag solo el movimiento de Munir yendo por dentro y el lateral Pozo ganando metros por fuera eran capaces de agitar levemente al rival.

Ante esa falta de determinación, el técnico sevillista pasó del 1-4-2-3-1 al 1-4-4-2, enviando a Dabbur a la punta, Rony Lopes al costado derecho y Munir al izquierdo, a pie natural. De esa forma, el delantero israelí y el atacante portugués gozaban de más libertad, en detrimento de Munir, menos experimentado en el perfil de su pierna buena. El primero caía con más afluencia al costado o a zona de mediapunta mientras que el segundo podía tener más radio de acción con el esférico. El cambio no fructificó del todo y el Sevilla acabó con un único tiro entre los tres palos en los primeros cuarenta y cinco minutos.

Lopetegui modificó bastante al equipo pero no consiguió plantear una segunda unidad estimulante.

En el inicio del segundo tramo la tendencia narrativa no mejoró y Lopetegui introdujo a Bryan Gil por un gris Rony Lopes. Junto con la entrada del ‘Mudo’ Vázquez, los sevillistas ganaron en dinamismo y riesgo, acabando con cinco regates más que en la primera parte. Y entonces se toparon con la suerte. Un rebote en un remate de Gil acabó al fondo de la red y esto obligó al Qarabag, con la piernas cansadas, a estirarse un poco. El Sevilla acabó jugando con más comodidad y siendo menos previsibles, aglutinando el grueso de la posesión (74% en la segunda parte) y obteniendo una nueva victoria que les permite la opción de finalizar la fase de grupos de la Europa League con pleno de victorias.

Pau de Castro (@decastrojep)

Cristina Quicler / Getty Images

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