Balón en Profundidad

Fútbol hasta la línea de gol

Partidos

Las llaves para ganar La Liga

El frío invernal de una noche lluviosa en Madrid necesitaba combatirse. Y no había mejor argumento para ello que acercarse al Metropolitano para disfrutar de un duelo de altura, uno entre dos de los equipos más fuertes de nuestra Liga. Atlético de Madrid y Barcelona se enfrentaban en la incertidumbre. Esa que acompaña a dos equipos aún con dudas que definir y roles que perfilar en su idea. Ni los de Simeone ni los de Valverde viven su mejor momento y eso no tardó en reflejarse sobre el terreno de juego.

Dos gigantes bajo mínimos. Una buena forma de definir el que fuera el gran duelo de la jornada. El Atlético de Madrid comenzó el choque como un huracán, ejecutando una presión alta que asfixiaba la salida y combinación de un Barcelona incapaz de atravesar la medular. Parecía que el 1-4-4-2 de Simeone con el rombo esta vez ausente estaba teniendo efecto, al menos a la hora de incomodar a su rival con balón. Y es que al Atlético le seguía costando un mundo trenzar jugadas con coherencia y continuidad. Por fuera, la falta de desborde y profundidad hacía tambalear cada intentona colchonera, que se resguardaban bajo sus recuperaciones cerca del área de Ter Stegen para tratar de inquietar.

El Atlético comenzó bien el choque, pero no fue capaz de sumar continuidad en su juego más allá de su presión alta.

No fue hasta la media hora de partido cuando, a partir de un cambio mínimo pero trascendente, el Barcelona entró en el partido. De Jong y Arthur intercambiaron sus perfiles, colocando al brasileño en el interior derecho, acercándolo así a Messi y configurando una certeza a la hora de tomar poso con balón. Y es que el ‘8’ culé es a día de hoy una de las pocas evidencias futbolísticas que tiene Ernesto Valverde en su plantilla. Desde un Barcelona más dominante, acercando el partido al ritmo que más le convenía y no al que venía planteando el Atlético la media hora anterior, el conjunto local poco a poco se fue difuminando. Sin embargo, la acuciante falta de profundidad y de argumentos más allá de Messi, llevaron el partido a un terreno pantanoso.

Ni Atlético ni Barcelona encontraban cómo despejar sus incógnitas. La fórmula para dañar al rival no existía, y ninguno daba la sensación de ser superior en sus principales virtudes. Las transiciones colchoneras morían antes de suponer un peligro y las posesiones culés carecían del colmillo necesario para inquietar a Oblak. Ambos mostraron por qué son de los equipos más poderosos de Europa, jugando a un ritmo en muchas fases del partido de auténtica élite, algo al alcance de muy pocos, pero a su vez se les intuyó tan vulnerables como a lo largo de toda la temporada. Ni el Atlético era tan cholista como pretendía el Cholo ni el Barcelona tan preciosista como desde hace tiempo se añora. Dos gigantes que se apagaban bajo los focos.

El Barcelona encontró de nuevo en Messi y Ter Stegen los argumentos para la victoria. Sus motivos de peso para ser vencedores en un torneo de regularidad como La Liga.

Pero al final todo terminó decidiéndose como siempre por los de siempre. Solo Messi es capaz de dibujar un gol en el imaginario de todo aficionado al fútbol cuatro toques antes de que se diera. En cuanto el argentino emprendió esa carrera en diagonal hacia el balcón del área, aprovechándose de la inteligente carrera de Sergi Roberto al espacio y la cobertura maravillosa de Suárez, todos sabíamos cómo iba a acabar todo. Un gol que hemos visto decenas de veces y que nos sabemos de memoria. Únicamente Messi nos acostumbra a lo extraordinario, y una vez más hizo acto de presencia dándole cotidianeidad a algo fuera de lo común.

El argentino, junto a Ter Stegen, dieron una victoria de oro al FC Barcelona. Tres puntos que les permiten seguir como líderes junto al Real Madrid en una lucha por La Liga en la que aún quedan muchas batallas, ya con el Clásico en el horizonte. El fútbol al final es un deporte que se decide en las áreas, y ahí el Barcelona tiene dos argumentos que a treinta y ocho jornadas le hace infalible. Ter Stegen y Messi son las llaves para ser inalcanzables en Liga. Y en el Metropolitano, en un escenario de máxima exigencia, volvieron a ser determinantes.

Dani Souto

David Ramos / Getty Images

¿Algo que añadir?