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El despertar del Betis

Inspirar cuando aún no había aire. El Betis de Rubi cogió forma y expectativas a la par en su nacimiento veraniego. El primero venía de una etapa histórica con Setién al mando mientras que el técnico catalán acababa de conseguir un hito para el Real Club Deportivo Espanyol. La pareja vivió un verano de ilusión y futuro pero el otoñal setiembre lo cambió todo. La llegada de la formalidad, la rutina y la convivencia diaria les llevó nada más lejos que a la realidad. Entonces se dieron cuenta que todas aquellas sonrisas que habían compartido y generado en la multitud habían tenido parte de sentimiento pero que la idealización había abarcado más. Que el presente virgen había estado atacado por un pasado magnífico que había personalizado al futuro.     

El Betis de Rubi parece haber comenzado a tejer las venas sanguíneas de su juego, ese juego esperado por fondo y forma. La llegada del catalán al Benito Villamarín aseguraba una versión continuista de Setién pero con matices, y estos trazos tácticos han hecho complicada la tarea de equilibrar el engranaje. Ni solidez defensiva ni coherencia con balón. Los béticos tenían un problema de ocupación de espacios porque ni Rubi es Setién ni este Betis es su anterior Espanyol. La gestión posicional era uno de los principales retos de este período inicial por el cambio de dibujo y el cambio de perfil de algunas piezas que ya había en el esquema de tres centrales.

La defensa del Betis es vulnerable por un motivo funcional, a partir de la nueva propuesta de Rubi, y estructural, por la esencia ofensiva de sus jugadores.

Si en este Betis faltaban elementos que atacaran el espacio, la propuesta vertical de Rubi dejaba la defensa en una situación vulnerable viniendo donde venía. El cambio de tres a dos centrales ha perturbado la rigidez en el agujero entre ambos centrales y la capacidad defensiva dentro del área. La predisposición ofensiva de ambos laterales ha hecho que se asemejen más a los anteriores carrileros que a la propia esencia del lateral y que las bandas quedaran algo más sensibles. Con esto, ha quedado un equipo más estirado que deja algo más desprovisto al pivote defensivo. Una parcela que ha tenido un peso específico estos últimos años y que ahora cobra aún más importancia por estar menos cubierto. A esto, el Betis no cuenta con un representante marcado: el inestable Carvalho, la alternativa Bartra y el emergente Edgar. Esta propuesta de más longitud ha añadido que el repliegue sea menos satisfactorio y los matices defensivos en el dibujo resalten más desde una perspectiva negativa.

Todo esto en base a la actividad con balón que, a diferencia de sin él, ha sumado en línea ascendente. 10 puntos de 15 posibles en La Liga hablan bien de ello. El cambio ha partido de la mejoría en la disposición de las piezas, la coherencia de los movimientos y, por ende, el crecimiento en la asociación. El Betis de los últimos partidos ha sido lo que pretende ser. En una especie de 1-3-4-2-1 con balón, el ritmo de la posesión es más rápido y esto es vital para que el estilo de Rubi florezca. Generar a través del pase vertical, tanto hacia delante como hacia atrás, el movimiento sin balón y, en este Betis en particular, también a través de la conducción. Las zurdas de Canales y Fekir son el corazón de la actividad con balón bética y, por tanto, un punto de atracción en el que basarse, sobre todo a falta de la relación que ha faltado las últimas semanas. Pero que su determinación sirva al colectivo y no al revés es buen síntoma.

El Betis se posiciona mejor, se mueve mejor, se asocia mejor y llega con mejores opciones en el área.

La mejoría en la circulación se ha dado a raíz de la mejor disposición e intención sin balón y la clara búsqueda de una verticalidad. Pero en este estirar, Rubi tiene que buscar la manera de juntar más sus piezas. Mientras el equipo bético sabe cada vez más a lo que debe jugar, aún no sabe perder el balón. El contexto tan ofensivo le permite ser lo que es cuando ataca, pero no ocurre de la misma manera cuando es al revés. Los defensas no solo se sienten más vulnerables por su función en la propuesta de Rubi sino también por sus compañeros atacantes. La labor del técnico se debe centrar ahora en mejorar la convivencia entres estas dos líneas para saber jugar el balón y perderlo de manera cualitativa.

Pau de Castro (@decastrojep)

Cristina Quicler / Getty Images

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