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Otro año a la deriva

El Celta de Vigo pudo encontrarse en Butarque ante uno de los escenarios más complicados a nivel de ejecución de una estrategia para superar a su rival. Sumido en una crisis ya no de juego sino de identidad, el conjunto celeste se enfrentó a un CD Leganés que, aunque lejos de estar disfrutando de este campeonato 2019/2020, al menos sí tuvo las ideas más claras en lo que a su actuación sobre el césped se refiere. Si el dibujo y los planteamientos tuvieron bastante continuidad con Mauricio Pellegrino, el mexicano Javier Aguirre no ha hecho sino fortalecer aquellos que cree fundamentales para la consecución de los objetivos. Y prácticamente con eso, desactivó cada intento de un Celta lleno de dudas que nunca tuvo a su merced al conjunto pepinero.

El Celta de Vigo repitió errores y la falta de seguridad en sus movimientos de la que viene adoleciendo en los últimos meses.

Los de Balaídos volvieron a dejar una sensación de inseguridad y vacío mental muy preocupante. Más si cabe recordando lo que sufrió la temporada pasada para salvar la categoría. Aun con una plantilla con un nivel teórico superior al rendimiento que ofreció, hasta muy al final del campeonato y gracias al empujón que su capitán, Iago Aspas Juncal, dio a cada uno de sus compañeros, no consiguió certificar la permanencia. Al inicio de esta temporada se podían intuir algunos brotes verdes. Un interesante mercado de verano en el que se sumaron piezas de gran calidad como Denis Suárez, Rafinha Alcántara o Santi Mina, que además aportaban esa identidad celtiña, ese feeling con club y afición que suele dar un plus, junto con la ilusión de hacer un gran año, daban pie al optimismo. Además, los primeros minutos del equipo, de la mano de Fran Escribá, nos mostraron un equipo con gusto por el balón, que quería crecer a partir de él, y que además contaba con una línea defensiva un par de puntos más fiable, una que pudiera darles vuelo para el desborde en campo contrario.

Sin embargo, de todas esas agradables noticias ya apenas queda nada. El sistema fue perdiendo fuelle y a nivel individual tampoco ha habido respuestas. Ni siquiera Aspas, con su esfuerzo y su intención por la ubicuidad, está pudiendo arreglar cada descosido. La involución en el juego está clara y la llegada de Óscar García al banquillo no está mostrando, al menos en este momento, una puerta a la reconstrucción. De esta manera, el equipo camina en la 18ª posición en La Liga, ya en zona de descenso, con 13 puntos en 16 partidos. El año pasado, con las mismas jornadas, había obtenido 21 puntos y se encontraba en una más cómoda 9ª plaza. El reto parece más difícil todavía.

El Leganés, por su parte, no anda precisamente mejor a nivel de puntuación, pero sí demostró en esta jornada saber cómo explotar al máximo sus recursos para arañar cada punto que sus rivales no puedan retener. Aguirre no dudó y planteó en fase defensiva un bloque bajo dibujando un 1-5-4-1 en el que Martin Braithwaite y Óscar Rodríguez cerraban la banda izquierda y derecha, respectivamente, quedando como punta el marroquí Youssef En-Nesyri. El Celta varió sus sistema según fueron cayendo los goles del conjunto local, iniciando con un 1-4-3-3 que viró posteriormente a un 1-3-4-3 con Gabriel Fernández acompañando a Mina y Aspas arriba, en un intento ineficaz de buscar mordiente ofensiva. Pues, en el centro del campo nunca encontró el ritmo de circulación de pelota necesario que le permitiera a sus delanteros recibir en ventaja, y tampoco logró desborde exterior ni desde sus laterales ni desde un Pione Sisto que podría constituir una pieza capital en el equipo pero que continúa impreciso y sin filo.

Esta temporada Aspas necesitará más ayuda para sacar adelante este proyecto en La Liga.

El Celta se encuentra por tanto, otra vez, al borde del precipicio. La campaña pasada ya sintió el pánico a un posible descenso y, aunque logró superarlo, eso no le garantiza en absoluto poder hacerlo de nuevo. Primero, porque el desgaste emocional seguro fue considerable. Y segundo, porque su héroe probablemente ya no pueda volver a encargarse de absolutamente todo. Óscar García tiene trabajo por delante para dar un sentido a su plantilla, y hay dos puntos en los que de entrada tendrá que hacer hincapié. La búsqueda de verticalidad es el concepto común de ambos, que deberán estar enfocados en buscar referencias que puedan ocupar con eficacia los carriles laterales y en encontrar la mejor forma de gestionar los primeros pases en la zona de mediocentro donde ni Lobotka ni Beltrán ni Yokuslu (el turco podría ser un nombre importante) han demostrado hasta ahora jerarquía o ascendencia para poder encomendarles la labor.

Andrés Sánchez (@sancleracot)

Octavio Passos / Getty Images

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