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Fútbol en torno al balón

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La final de los complejos

Un derbi madrileño ha decidido la primera Supercopa de España con su nuevo formato de final a cuatro. Un encuentro tildado de una grandísima rivalidad que levanta distintas emociones en cada aficionado al fútbol y seguidor de cualquiera de los dos conjuntos. Cada uno con sus complejos y problemas cotidianos, como los dos equipos que comparecían en la final celebrada en Jeddah, encuadrada dentro de un campeonato lleno de una gran carga social. Y sí, los equipos también pueden tener complejos y los del Real Madrid y Atlético de Madrid confluyen, como casi todo en el fútbol, en lo mismo: el gol. Pero no el gol en contra o el gol en un tipo de jugada específica, sino el gol a su favor. La Supercopa se decidiría en un enfrentamiento entre los dos equipos menos goleados de toda la Primera División. Los dos conjuntos madrileños presentan una gran solidez defensiva que no es proporcional a una correcta efectividad en ataque. El Atlético de Madrid es el menos goleador que se recuerda con el Cholo Simeone a los mandos. Sus puntas no encuentran unos registros que acompañen a la categoría del equipo y el juego, en ocasiones, tampoco va al mismo compás. Algo parecido sucede en el lado merengue. Los blancos adolecen de goles, pero lo hacen porque también echan de menos mayor generación de peligro. Con estos precedentes, el guion del partido parecía bastante imaginable, con un encuentro largo. Y así fue, con un Real Madrid que se llevó el título desde los once metros donde, de nuevo, batió al Atlético de Madrid.

Real Madrid y Atlético de Madrid comenzaron la final de la Supercopa de España habiendo finalizado las semifinales sacudiéndose sus complejos de juego. El Real Madrid dominó, jugó y goleó al Valencia. El Atlético de Madrid consiguió remontar al FC Barcelona anotando tres goles. Después de aquel partido en Son Moix, donde el Real Madrid cayó derrotado ante el Mallorca, la mejoría de los de Zidane ha sido meteórica. Esa línea ascendente en cuanto a juego y confianza ha llegado a través del balón. El Real Madrid domina los partidos a través de la pelota. Mucha culpa de ello la tiene la ausencia de Hazard por lesión y la escasa comparecencia de Bale en los encuentros. Sin esos dos jugadores, el Real Madrid ya no se siente cómodo esperando atrás y siendo vertical al contragolpe. Ganando a zarpazos como en los últimos lustros ha desesperado a sus rivales. El balón es el eje vertebrador del juego madridista y, su mayor debe, la ausencia de desborde. Esa circunstancia ha provocado que el equipo capitaneado por Zidane solo despliegue su juego en contextos muy específicos de partido. Ante el Valencia en semifinales se dio ese contexto. Se anotó un gol “de la nada” y la acumulación de porcentaje de pelota tenía más sentido, así como la confianza y presión por ir arriba decreció. Así terminó goleando.

El balón es el eje vertebrador del juego madridista y, su mayor debe, la ausencia de desborde.

Ante el Atlético de Madrid, en la final, ese contexto no se dio en toda la primera mitad. El Atlético de Madrid, con sus complejos también, fue seguro atrás. Replegó bien y no sufrió en la transición defensiva ante un Madrid muy poco capacitado para atacar espacios verticalmente. Donde más brilló el club blanco fue en las bandas, donde Valverde, que sirve para un roto y un descosido, campó a sus anchas por momentos, sin llegar a tomar la decisión correcta en el momento ideal. También lo hizo Mendy, que ejerció de extremo izquierdo por ese costado con su equipo plenamente instalado en campo colchonero. Dos disparos desde media distancia fue lo más peligroso que pudo generar el Madrid, sin contar el balón parado donde sí que presenta un mayor poderío que su rival. Un primer tiempo de los de Zidane que se asemeja al de Mestalla de hace un mes o al del Camp Nou o al del Bernabéu ante el Athletic. La ausencia de desborde impide que ese gran juego posicional y de pases surta efecto de cara a gol a no ser que la fluidez en el juego sea extraordinaria y arriba se esté acertado. El Atlético de Madrid, por su parte, también se liberó, parcialmente, en las semifinales de sus complejos. Como el Real Madrid. El conjunto de Simeone sí que demostró cierta evolución positiva de un encuentro a otro.

Giménez fue el único cambio en la alineación con respecto a la semifinal, porque en planteamiento sí que hubo una variación importante. Los rojiblancos salieron a presionar cuando los de Zidane trataban de sacar el balón desde su zona defensiva. Una vez los blancos conseguían librarse de esa presión, sí que se iniciaba un repliegue intensivo en 1-4-4-2 propio del conjunto de Simeone. Fruto de ese posicionamiento agresivo y adelantado sin balón llegaron dos acercamientos que João Félix y Morata no consiguieron finalizar entre los tres palos. El juego ofensivo colchonero se limitó a esas ocasiones tras robo, por lo que el Cholo cambió de posición a Correa y a João Félix, pasando el astro luso a la banda derecha y el argentino acompañando a Morata arriba. Precisamente fue el autor del gol de la remontada ante el FC Barcelona el factor anárquico que segregaba algo de inestabilidad en la defensa blanca, sin llegar a mucho más. La primera parte murió con un guion de partido plano, con un Real Madrid presa de nuevo de sus complejos y un Atlético de Madrid igual de poco afortunado de cara a gol que en los últimos encuentros.

En la segunda parte el guion cambió ligeramente. El Atlético de Madrid se asentó con mayor facilidad en campo rival gracias a un Álvaro Morata que ofreció sus continuas descargas de espaldas a portería, siendo el faro ofensivo del Atleti. Jovic, por su parte, tuvo una arrancada de protagonismo que se quedó en nada cuando fue sustituido por un Mariano que disfrutó algo más que el serbio, ya que jugó ubicado en su posición y en un contexto de encuentro que le aseguraba más espacios y a Rodrygo de acompañante. El delantero serbio, que si bien no está mostrando mucho para convencer a Zidane, tampoco tiene de cara el hecho de estar en el campo en los tramos que mejor le vienen con respecto a su forma de jugar. Por más que Zidane trató de darle mayor calidad a la salida de pelota blanca colocando a Modric como metrónomo y a Casemiro más arriba en fase ofensiva, el Real Madrid se empobreció técnicamente en la segunda mitad. Decreció su protagonismo con balón y sus jugadas en campo rival se desvanecían con centros normalmente mal elegidos y casi peor ejecutados que caían en los imanes que Oblak tiene por manos.

Las llegadas que el Real Madrid protagonizó en el segundo tramo del encuentro casi siempre respondían a una misma peculiaridad: la espalda de Trippier. Sin ser una eminencia táctica, el lateral inglés ha mejorado mucho su faceta defensiva con Simeone, pero en la final de la Supercopa estuvo llamativamente desdibujado en esa faceta. Sobre todo cuando, con la entrada de Rodrygo, aparecían las dudas de si salir a por el brasileño o a por Mendy en sus continuas incorporaciones por la banda. En contraposición, el que estuvo especialmente entonado fue Thomas. El ghanés, con cierta inclinación a faltas de concentración que le penalizan excesivamente, cuajó un partido formidable. El Real Madrid le motiva, ya que en el encuentro de Liga también fue el mejor jugador rojiblanco sobre el tapete verde. Decidió bien en los balones divididos, no cometió errores tácticos y fue el motor del juego de los suyos iniciando casi siempre con robos de balón. Infinidad de ellos. Ni siquiera se le atisbó un bajón físico, crucial de evitar para llegar a un tramo final del encuentro donde el peligro se olía más fácilmente. Con el partido agonizando, las piernas comienzan a pesar, y se hacían más pesadas con la duda de la prórroga sondeando. Nada ni nadie la pudo evitar.

El periodo añadido previo a los lanzamientos desde el punto de penalti comenzó con una gran ocasión de Morata de nuevo desestabilizada por Courtois. A pesar de que el delantero rojiblanco no consiguiera celebrar ningún gol, fue el jugador más destacado de los colchoneros junto a Thomas. En sus botas estuvo, a escasos segundos del final, el balón de la victoria. Cuando la prórroga daba su último aliento, a un Atlético de Madrid que parecía bastante tocado en lo físico –tuvo un día menos de descanso que el Real Madrid– aún le quedaban fuerzas. Y es que parece que esa camiseta siempre guarda una pequeña bombona de oxígeno para sus chicos en los momentos a los que siempre les precede la palabra épico. Los pupilos del Cholo bregaron por un despeje dudoso y consiguieron cazar un contragolpe que dejó solo a Morata ante Courtois. Valverde, su único perseguidor, tuvo que derribarlo con una patada por detrás que ya sabía que significaría su expulsión. Sin embargo, a pesar de lo que suele significar una tarjeta roja, esa cartulina hay que anotarla en la lista de (muchas) cosas positivas que nos dejó el charrúa en el encuentro. Una expulsión necesaria y bien meditada que permitió a los suyos no encajar lo que habría sido, casi seguro, un gol de oro en contra. Con diez sobre el campo, Courtois emergió. Lo hizo redimiéndose ante un error por arriba en una segunda jugada y salvando a su compañero Mendy de meter el balón en su propia portería cuando el francés ya trababa la saliva de la amargura.

Thomas decidió bien en los balones divididos, no cometió errores tácticos y fue el motor del juego de los suyos iniciando casi siempre con robos de balón.

La primera final del nuevo formato de la Supercopa de España se decidiría en los penaltis. El Real Madrid no falló ningún lanzamiento y el Atlético de Madrid erró el primero y el segundo fue detenido por Courtois, que cuajó un final de encuentro esplendoroso, siendo clave para entender la victoria madridista. El galardón al mejor jugador del encuentro cayó en Valverde. Si bien el partido no había dejado un jugador destacado como tal, en el deber de designar a uno, era Valverde o Courtois por su último tramo de partido. Merecimiento para el uruguayo, un jugador sin el cual este Real Madrid de Zidane no se entendería. Igual que no se entendería este equipo sin sus complejos, los cuales siguen siendo los mismos a pesar de haber levantado un trofeo al cielo de Arabia Saudí. Al igual que el Atleti. El gol sigue siendo un problema a resolver para dos equipos que basan sus éxitos actuales en el rigor defensivo y en sus porterías.

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