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Con Mou pero sin Kane

El ambicioso proyecto de Daniel Levy al frente del Tottenham Hotspur quedó dolorosamente cerca de coronarse en la final de la Champions League del Wanda Metropolitano. El impacto emocional fue tan grande, tanto por lo logrado como por lo perdido, que el equipo pedía algo especial, ajustes diferentes para refrescar cabezas y piernas y volver a encontrar un camino ilusionante a la vez de coherente. El verano fue productivo desde el punto de vista de los fichajes, pero no podía suponer más que un intento de continuidad, de potenciar una línea que muy probablemente no corresponda al conjunto londinense. Ante tal desconcierto, Mauricio Pochettino se cobró como víctima y el elegido José Mourinho consiguió, sí, un repunte en los resultados, pero ya encarando la segunda parte de la temporada no se vislumbra verdadera evolución de un grupo lleno de talento pero con marcados déficits difíciles de compensar.

En la plantilla Spur encontramos varios puntos negros de complicado ajuste.

Y tal falta de evolución se ha traducido en una reciente negativa racha de un empate y dos derrotas en los tres últimos encuentros de Premier League. Unos resultados que se pueden explicar no solo desde lo motivacional, sino también desde el césped. Contra el invencible Liverpool lo pudimos constatar. Mourinho planteó un partido claramente marcado por la baja de Harry Kane, al que no se le espera por los campos de entrenamiento hasta el mes de abril. Sin el capitán y referencia inglesa no hay sistema que promueva un funcionamiento coral y efectivo de sus hombres. Con un dibujo muy cercano al 1-5-3-2, el Tottenham trató de frenar a los insistentes laterales y punzantes delanteros reds. Un pensamiento racional, una parte del todo que parece imprescindible para doblegar al equipo de Klopp, pero a la que le faltó su contrabalanza para que el campo no estuviera tan inclinado hacia la portería de Paulo Gazzaniga.

Dos piezas eran fundamentales para esta misión, y de ninguna pudo disponer Mou. El primero, claro, es Kane. El equipo está confeccionado para que el 10 sea origen y final de todo. Constituye una referencia magistral en campo contrario para recibir envíos e iniciar el ataque, tanto en posicional como en transición. Construye esquema a su alrededor y es ese arma de tu lado con la que siempre puedes contar para estar cerca del gol. La ausencia de un remplazo, ya no de su nivel, sino al menos de sus características o su posición, colocó arriba a un Lucas Moura perdido y un Dele Alli sin socios con los que tratar de ser ese hombre. El otro sí jugó, aunque solo su cuerpo. El rendimiento reciente de Christian Eriksen está muy lejos del proyecto de jugador que supone, y su conexión con el Tottenham, la ciudad de Londres o la Premier League parece ya muy debilitada y las herramientas que tan bien sentaban a sus compañeros, tales como la aglutinación de pases y posesión, el control del tempo del partido o las acciones decisivas en campo rival, oxidadas.

El Tottenham acusa sobremanera su falta de creatividad por fuera.

Y si el juego interior se va empobreciendo progresivamente, la falta de creatividad en los costados condena definitivamente cada posesión Spur. Solo un combativo Heung-Min Son agita el árbol desde la izquierda mediante la conducción y el disparo, mientras que el sistema se vuelve cada vez más estrecho. En un fútbol cada día más influido por el recorrido y la determinación de los laterales, el Tottenham ha perdido modernidad y se halla lejos de alcanzar respuestas a través de sus carrileros. Ni Danny Rose ni Serge Aurier aportan matices a la jugada y no poseen el pie necesario o el timming esencial para marcar la diferencia en campo rival. Solo un empuje y potencia física que difícilmente condicionará para bien a su equipo en ataque cuando requieran una precisión top que desbloquee cada jugada que se genere, que, por otra parte, escasean también en cantidad.

Andrés Sánchez (@sancleracot)

Michael Steele / Getty Images

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